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domingo, 22 de marzo de 2026

La ciudad roja


Marraquech es la capital del sur, la ciudad Roja, desde la que el Atlas es horizonte, cordillera que se eleva con su nieve resplandeciente en sus cumbres, su silueta parece respirar sosegada, acunando el sueño del gigante… El cielo azul, brillante, nítido te cobija en esta hermosa ciudad que ha cambiado tanto en los últimos años. Vuelvo a lo largo de mi vida a este enclave  y es como  mirarme al espejo y redescubrir la fuerza del relato oral.  La Plaza Jemaa al Fna  se ha transformado a lo largo de mis visitas, Patrimonio de la Humanidad gracias a la propuesta de Goytisolo por lo que ocurre en ella al caer la noche, cuando los faroles iluminaban círculos de ojos vivaces que siguen los movimientos de los cuentacuentos, de los narradores que comenzaban a contar esas historias que dan origen a nuestra identidad cultural. Cuentos al caer la tarde, en ese momento en que la noche aún no se extiende del todo, entre las oraciones de  Magreb e Isha, mucho antes de que los carbones ardan y los hierros de pongan candentes para asar los pinchitos morunos, para cocer los caracoles y calentar la harira de los puestos que son parada obligada para reponer fuerzas antes de seguir en el otro lateral de la plaza, disfrutando de esas obras de teatro en que disfrazados de mujeres los hombres interpretaban breves escenas, los pescadores de botellas y los malabaristas, equilibristas al compás de la música gnuwua te evocaban un sur más allá del sur, del desierto, la próxima parada en el imaginario era la de las caravanas: Tombuctú.   Las palabras mágicas con que se inician los cuentos, “kaña macan caña ofi, te despertaban el deseo de conocer más sobre Aicha Khandiskha,  descubrir lo que oculta la sombra de los dromedarios que en el jardín de la Ménara  aguardan a los turistas, a la sombra de las palmeras frondosas.  La Plaza vibraba y cuando necesitabas un receso te tomabas un té en una de las terrazas que la rodeaban, subías hasta la azotea, tomabas distancia y contemplabas los círculos de luz, con sus espectadores alrededor, sus risas, su asombro te envolvía, mientras se apagaban los reclamos del dinero por escuchar  y elevabas la vista siguiendo el faro de Marraquech, la Koutuvia. La medina se iluminaba hasta altas horas de la madrugada y los puestos con cerámicas, telas, hierbas medicinales,  joyas, antigüedades, van cerrándose. Ahora parece que han cedido un espacio para ese mercadillo barato, made in china, en el que todo se entremezcla pero más arriba mantiene su estructura de oficios y zocos donde los gremios de artesanos muestran sus destrezas artísticas  y  hacen del comercio un arte, en el que más allá de las ganancias la venta es un intercambio social  e intercultural. 

En este nuevo milenio ya parece que no hay tiempo para compartir un lugar sin tiempo, sin prisas,  parece que ya no hay espacio para los cuentos. No encuentro a los narradores, ¿se habrán ido con Goytisolo? Los carros de naranjas con sus zumos por 25 pesetas, han sido sustituidos por multifrutas capaces de saciar la sed de los asiáticos que, pueden encontrar hasta la fruta del dragón aquí, los puestos de comidas  proliferan, en detrimento de los tarros con dientes que han sido arrancados por tenazas, o de serpientes que bailan al compás de los flautas, y los monos atados con sus collares a una escalera,  al menos ya no hay círculos de niños boxeando ni apuestas. Hay menos aguadores ofreciendo vasos de agua a cambio de unas instantáneas y unas monedas. Son otros los tiempos pero me entristece ver cómo la pobreza sigue rasgando la noche y los subharianos que en mi norte tiraban de la cuerda para recoger la manta sobre la que vendían sus mercancías ante la presencia de la policía siguen existiendo. Y no son ni uno, ni dos, sino bandadas de almas huyendo de la pobreza, soñando con un norte que se cuela a través de las parabólicas, creando falsos paraísos…

Las teleboutiques han desaparecido a penas encuentras un anuncio de su antigua presencia pintado en una de sus fachadas rojas. Aquellas cabinas telefónicas donde las voces de entremezclaban y se conectaban los puntos cardinales una vez a la semana, o tal vez al mes, si la llamada era interoceánica. La comunicación era escasa y tan cara que era un acontecimiento poder escuchar la voz e imaginar todo el pequeño jardín que transmitía, con sus pausas, sus tonos, los silencios ayudaban a reconstruir el olor de aquella persona que desde la distancia hablaba unos minutos y se tejían redes que te sostenían hasta la siguiente llegada de noticias, tal vez en un sobre de color sepia, con matasellos de europa.

La medina arrebatada a sus propietarios para construir hoteles, rastros de las fauces del terremoto se ven aún,  y ya no se escucha ni ese grito: - Bala, bala.- Ante el que te apartabas porque anunciaba la llegada de un burro con su carga, bombonas de gas, una cama de madera tallada,… Las motos eléctricas no se escuchan en el recodo de la medina, en el callejón de las siete puertas. No es posible mantener ese equilibrio entre barrios, y mantener la esencia de la medina, con la ville nouvelle,  y sus hoteles, los jardines Marjorell, conectados por vías amplia, donde convivían familias sobre do ruedas, autobuses, taxis grandes y pequeños, calesas, camionetas, bicicletas, asnos, carros con higos chumbos, peatones con sus cestos de mimbre,  que te sacaban hacia el aeropuerto por los jardines  de la Ménara,… Ahora es posible encontrar el horno del barrio en medio de una tienda de telas, cuando las fuentes, el hamman, los zocos, las mezquitas ordenaban el territorio y las azoteas eran el espacio de las cigüeñas, el espacio femenino a través del cual una mujer podía atravesar la ciudad sin ser vista.  Ahora hay pastelerías en las que solo hay mujeres, y siguen existiendo esos cafés como el Café la France,  en los que los hombres charlan entre ellos. La modernidad sigue sin integrar esos mundos paralelos que la medina materializa y hace visibles. Ciudades donde las mujeres van conquistando espacios, pero desde sus propios referentes. He visto la vuelta a la chilaba como una búsqueda de la comodidad, como una búsqueda de la libertad de movimientos ya que nos invisibiliza y muchas veces esa necesidad de mostrarse no es más que  otra forma de violencia, donde se nos convierte en mercancía para el goce del poder.  Recuerdo a tatuadoras de henna  detrás de las carros de naranjas envueltas en sus niqab para que su marido no las reconozca y poder conseguir algo de dinero mientras el policía de secreta trata de conseguir su mordida y muestra a mi amiga europea su pistola, ostentando su poder diciendo que si él lo desea dispara y sus vidas están en sus manos. La mirada es suficiente para entender y le pregunto dónde quiere que le meta el dinero y cuando para que él se lleve lo menos posible. Me indica el momento, entre las fotos de los diseños de la henna meto los billetes doblados y en otro momento ella los guarda entre sus pechos. Me llevo  a  mi amiga que indignada por ese abuso de poder policial teme que les haga algo y le recuerdo que somos turistas. No dejamos de ser una billetera con piernas, a nosotras no nos va a tocar, pero es más prudente no hacer que se enfurezca y sean ellas las que paguen el precio.  Somos extranjeras y son otros los ojos con que se nos mira. Son otros los códigos que se nos aplican. Extranjeras que en sus miradas, el respeto como personas se esfuma cuando son tomados por ellas como mercancías, para sus noches de placeres sexuales a un módico precio. Extranjeras que invaden espacios masculinos, extranjeras que atraídas por el humo del kif kif buscan olvidar el paso del tiempo y sentirse hermosas, ser las odaliscas de los lienzos de Ingres.  Los estereotipos se entremezclan y en las farmacias venden los remedios naturales para solventar cualquier dificultad tanto masculina como femenina.  Hemos pasado de ser una curiosidad, unas chicas jóvenes que pueden ofrecer una carta de invitación a la soñada Europa dentro de unas semanas, a un fenómeno inaudito como mujeres ya maduras sin llegar a la treintena,  mujeres solas, solteras, sin hijos, viajando con una amiga, sin un hombre  a ser una europea de mediana edad que busca compañía o una empresaria que ha iniciado un negocio aquí, porque le gusta este país donde el caos brinda la oportunidad de crear nuevos negocios, pero al amparo de una figura masculina que solventa y lidia con esa dicotomía de sexos entre los que los géneros se abren paso entre los claroscuros.  

Miro los rostros de las más ancianas, las que se niegan a que las fotografíes y cocinan en la calle, venden ramitos de hierbabuena,  y veo sus tatuajes en la barbilla, en la frente,  en las mejillas,  son mujeres amazigh, mujeres respetadas por sus nietos que han trabajado toda su vida en el campo. Saben de la dureza del trabajo femenino, de los ciclos de la naturaleza, su maternidad les ha otorgado cierto poder y sabiduría. Contemplo sus rostros y su mirada limpia, directa en las pinturas de Hafida Zizi en su exposición en Marraquech.  Orgullo femenino en el rostro de sus heroínas que muestra tejiendo alfombras, enseñando sus  tatuajes en los que se narran los hitos de sus vidas, sus vivencias, sus linajes, su necesidad de protección contra los yins, preparando el cus cus, celebrando bodas, dialogado entre generaciones y sé que la libertad es un derecho y una responsabilidad por la que todas tenemos que luchar por ser mujeres, no importa de donde vengamos, donde vivamos, ser mujer es luchar por la dignidad de la vida.

Me detengo en el umbral del Riad y veo a la gata callejera tumbada dejando que sus crías mamen mientras con los ojos cerrados sueña tal vez con unas sobras suculentas. Las gatas y las cigüeñas siguen siendo los seres más libres en la medina.  Esas cigüeñas que siguen en sus nidos en los tejados de Badia, y han perdido su brújula, ya no migran. ¿Cómo están aquí en julio en vez de estar en los campanarios de la península ibérica.  Quizás han decidido quedarse en su hogar.


jueves, 5 de marzo de 2026

cartas 2

 Oviedo a 12 de febrero de 2026

Mi querida Lamis:

Gracias por tus palabras, por tu carta. Me ha provocado una alegría muy  luminosa, porque saber que lo que siembro en mi trabajo enciende en vosotras lo mejor que lleváis dentro es la mejorar recompensa y es el mejor regalo. Saber que el tiempo compartido aprendiendo mi lengua materna y mi acompañamiento  te ha servido para tener confianza en ti misma es un regalo muy valioso.

La vida lejos de las personas que emigran no es fácil y además de aprender una lengua nueva es importante sentirse a gusto, bien recibido, sentir que puedes expresar con otros lenguajes que son universales como los gestos, las miradas lo que se siente. Tú eres una persona muy sensible, cariñosa, expresiva, muy hospitalaria, curiosa, con ganas de aprender cosas nuevas y mostrar toda la riqueza que traes contigo en esa maleta que, traéis cada una de vosotras. Traéis una maleta que no puede ser registrada por nadie, salvo que vosotras permitáis que se abra y mostrar todo lo que os ha formado como personas. Tú traes la libertad en la mirada de tu pueblo, un pueblo nómada, un pueblo al que se nombra como hijos de las nubes.  Sabéis de rutas antiguas en las que las estrellas guiaban a las caravanas desde unas costas a otras muy lejanas, de este a oeste, siguiendo a los astros, a las estrellas, a la luna, a lomos de los camellos enfrentándose a los demonios de Leyoud, … Las joyas que lucen las mujeres hablan de esos mapas de estrellas. Tu sonrisa es una estrella que guía a muchas personas. Mantienes la alegría y la inocencia de la infancia, una infancia que dejarás pronto atrás, ya tu cuerpo la está dejando atrás, ya te estás convirtiendo en mujer. Pero mantendrás esa luz, porque está en tu corazón.

Tú tienes esa hospitalidad que define a tu pueblo. Ese amor que hace que el viajero sea bienvenido y se le sirva un té sobre la alfombra, en la jaima y descanso. Los relatos comienzan en ese lugar y tú contarás muchas historias que hablarán de tu pueblo, de como el Sáhara vive en sus hijos e hijas. Tu forma de estar, tu postura hace que seáis faros de dignidad y de respeto. A veces desde el silencio, con la presencia que tenéis, otras cuando cantáis, cuando bailáis, cuando esperáis en una fila con paciencia, anclados en este momento, en este instante que es eterno y efímero se os reconoce como saharauis. Ojalá llegue el día en que podáis volver a la tierra en que vivieron vuestros ancestros y ancestras, la tierra robada y saqueada, con ayuda de la palabra y no de las armas. Tu voz contribuirá a ello como lo hizo la voz de Mariem Hassan. La voz de una persona puede ser la voz de un pueblo.

Estas creciendo y aprendiendo tantas cosas nuevas, estar lejos del resto de tu familia en estas tierra en la que hace frío, es difícil, es duro. Se echan de menos muchas cosas, la luz, el calor, la familia, ahora que llega el ramadán: a la familia y  a los amigos, los paisajes abiertos, las dunas, la comida, los camellos, la hassanía, salir y escuchar la voz en que te reconoces y no esos sonidos indescifrables que ahora ya empiezas a comprender,  los olores, los paisajes, sentirse a salvo es tan importante…. Son muchas las cosas que se extrañan, pero viajar aporta conocer otras cosas, otros mundos. No es que sean mejores, o peores, son diferentes. La mente se abre y comprendes que el mundo es tan amplio y las miradas sobre lo que hay son tan variadas como las personas que miran. Cada una aporta un matiz diferente y en esa variedad vamos aprendiendo a construir una forma de sentir y estar tan amplia y tan abierta como el mismo Sáhara. Y a lo largo de la vida van cambiando esos mapas que vamos construyendo. No dejamos de aprender nunca. El desierto que tú conoces fue el fondo de un océano hace miles de años,  y después fue una gran sabana en la que corrían las jirafas y había palmeras, era muy verde, había muchos animales. Se pueden ver los dibujos de los hombres y mujeres que lo vieron con sus propios ojos en las pinturas de Tassili. La arqueología estudia estos restos que se han conservado por las condiciones de temperatura y humedad. Después de secó aquella vegetación, los animales migraron, y los hombres y mujeres de desplazaron al norte. El desierto se expande, la arena va devorando la tierra. Pero en condiciones terribles habéis sobrevivido, y seguís en pie, luchando por vivir sin perder la dignidad.

Habrá días en que te sientas menos alegre, en que la nostalgia te invada pero se irá como la niebla, al escuchar la música del tebal, de las guitarras eléctricas, el batir de las palmas y el grito que nace de tu corazón, antes de empezar a bailar. Lanzar esos sonidos como bienvenida y gratitud por un nuevo día en el que poder construir futuro, sembrar sonrisas, saciar curiosidades, hacer nuevas preguntas, encontrar respuestas… Muchos días voy en mi coche escuchando a Mariem Hassan y lanzo yo también alguno de esos gritos, que tú comprendes y entiendes como el desborde de la alegría inmensa, de la dicha más radiante, mientras otros no entienden, pero otras se suman y se forma un coro de zaghareet donde todas las mujeres somos una celebrando la vida. Tus palabras las recibo con un zaghareet que resuena desde mi corazón al tuyo.

 

A mí me habéis permitido ver parte de esa maleta que traéis, y os doy las gracias por ello. Hemos abierto parte de ella, al recordar lo que dejáis atrás, y enfrentáis las dificultades cada día. Es difícil pero hay que seguir leyendo en otra lengua, aprendiendo muchas cosas nuevas que os darán la oportunidad de vivir en unas condiciones materiales mejores. El corazón y las emociones se van tejiendo y van creando una jaima en la que tú decides quienes van a estar conviviendo en ella. Hay lazos entre personas que son invisibles, que están ahí y sostienen a las personas. Vuestras madres, abuelas, han sido expertas en tejer estos lazos. Los niños y niñas que se fueron en aquellos barcos  a Cuba y no volvieron a ver a sus familias durante muchos años, se fueron y regresaron siendo ya hombres y mujeres para redescubrir su cultura saharaiui, como el poeta Liman Boisha. La pertenencia al pueblo saharaui la han trazado las mujeres en sus hijos e hijas,  bajo la salvaguarda de la lucha de muchos hombres y sigue viva  hilando entre Europa y África, tejiendo alfombras de esperanza en la libertad….

Venís y enseñáis el compromiso con una labor que no se puede eludir, desde la presencia, desde esa mirada a los ojos, profundos sin prisas, con todo el tiempo del mundo recordáis al mundo que el Sáhara aun está por descolonizar y que se debe respetar el derecho a la vida. Hay que aprender historia, hay que aprender tantas palabras en otras lenguas para poder defenderse de los ataques, para iluminar la ignorancia con que muchas veces os miran para desvelar las mentiras que cuentan la historia desde otros intereses que no respetan los Derechos Humanos. Es importante aprender y practicar el español, el inglés. Sigue trabajando y esforzándote.

¿Qué es lo más difícil para ti? ¿Qué es lo más positivo para ti de estar aquí?  Ya me dirás qué te parece todo esto que te cuento.

¡¡¡Te deseo un feliz ramadán con tu familia. Ramadan Mubarak Lamis!!!

 

Un abrazo  y muchos besos de tu profe

 

Oviedo a 13 de febrero de  2026

Mi querida Salka:

¿Cómo estás? Me alegra mucho recibir tu carta, y tener noticias tuyas.

Veo que estás un poco triste por no poder ir a la boda de tu prima. La verdad es que sé muy poco de las bodas saharauis así que te pido que me cuentes como son las bodas en el Sáhara.

Hace muchos años vi cantar a Mariam Hassan en Gijón en un evento que se hace cada año en julio, la Semana Negra, cantaba cerca del Estadio de fútbol, cuando el aparcamiento se llenaba con puestos de comida, de libros, colocaban hasta una gran noria y siempre colocaban una jaima para mostrar la cultura saharaui, una jaima donde se servía un té. Tras escuchar a Mariem Hassan cantar fui a que me firmase uno de sus discos que compré aquel día y le pregunté por qué llevaba aquella melfa negra en la parte de arriba y blanca abajo. Con lo coloridas que son las melfas, me llamó la atención aquel contraste de blanco y negro. Ella me explicó que era el traje de la novia.  Colgaban de su cintura unas moneditas en un cinturón con hilos tejidos. Tengo curiosidad por saber más de las bodas. Así que puedes contarme más cosas, ¿cuántos días se celebra? ¿ se pintan con henna las manos y los pies con tatuajes especiales? ¿Qué se hace cada día de la celebración si son más de uno el novio y la  novia?  ¿qué suelen regalar a los novios?  ¿Y los vestidos cómo son?

Lo que más me gusta del Sáhara es la forma de vivir el tiempo con serenidad, con calma, esos tiempos en que sin tiempo lejos de la prisa, de las agujas del reloj te sientas a contemplar el sol esconderse, a escuchar los cuentos con historias en que los yins salen y se enfrenta alguien a ellos, las risas que despierta Chertad, el silencio que se rompe con el té sacando mucho  espuma en los vasos para no beber la arena que está suspendida en el aire, la hospitalidad con que se acoge a las personas, y los lazos que se crean de corazón a corazón, la honestidad, el respeto  y la sinceridad con que se tejen los vínculos entre las personas. 

Aquí  ¿no haces amigas?  Tienes que intentar hablar con otras chicas para así ir mejorando el español. Hay que romper la frontera del silencio, ya sabes muchas palabras y tienes mucho que decir. Creo que te has cubierto ya el pelo, ¿cómo te sientes con el hiyab?  Ahora empieza el ramadán, me imagino que vas a hacer ya el ayuno casi todo el mes  ¿no?  Espero que te ayude a conectar con toda la fuerza que tienes en tu corazón para seguir luchando por un futuro mejor. Piensa que el camino aunque sea largo lo más duro ya pasó. Añorar lo que conoces, a tu familia es normal, pero tienes que transformar esa melancolía en  un ladrillo , en un hilo para construir tu jaima, tu alfombra, tu casa. La casa el hogar es donde estamos a gusto, basta una alfombra de oración para hacer el salat, bastan unas palabras, unos gestos para iniciar una conversación que te puede llevar a conocer otras formas de vivir, de sentir,  de conocer personas, de aprender cosas nuevas. No dejes que los miedos te atrapen, eres una chica muy observadora, captas rápido muchas cosas de tu alrededor, no dejas que te vean lo que tu corazón canta, pero sabe hermosas canciones y melodías que tienen que ir saliendo  en canciones, en poemas, en dibujos, en tatuajes de henna, en palabras, para crecer con salud, con fuerza.

Cada vez hay más personas saharauis aquí,  sois … somos y me incluyo porque yo también me siento nómada. Viajar abre la mente, el corazón, hay que ir guardando las cosas buenas que nos van ocurriendo, lo nuevo que vamos aprendiendo, siempre aparecen cosas nuevas si tienes curiosidad, si sigues haciendo preguntas y buscando respuestas.  Te animo a que sigas preguntando cosas.

Me imagino que ya harás el ramadán completo y recuperarás los días que necesites más allá.  ¡Ramadan Mubarak  mi querida Selka!

Ya me contarás cómo llevas el ramadán, qué es lo más difícil y las diferencias entre el ramadán aquí y en el Sáhara.

Cuídate mucho y espero vuestras cartas. Me encanta ver vuestros progresos en español. Hay que seguir leyendo en voz alta para ir mejorando y ser tan rápidas leyendo como lo sois corriendo. Ver una palabra y leerla rápido, entenderla, reconocerla, apropiártela.

Este poema quiero grabarlo este año con alumnos y alumnas que tengo este año. Os lo comparto es de una saharaui. Espero que os guste

Un abrazo y muchos besos

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

cartas 1

 

Oviedo a 22 de enero de 2026

Queridas Lamis y Selka:

Espero que os encontréis bien. Soy Encarna vuestra profe de español del año pasado. Quiero felicitaros el año nuevo 2026 y desearos que este año  os vaya bien en el colegio y  que vuestra familia tenga buena salud. 

 ¿Qué tal estáis? Espero que sigáis aprendiendo y leyendo cada día para aprender nuevos conocimientos y poner palabras en español  a emociones y recuerdos que resuenan en hassanía.  Vuestros sueños espero que ya empecéis a crearlos en español aunque los recuerdos sigan narrándose en hassanía y se entrelacen las palabras de ambas lenguas cuando estáis dormidas, espero. ¿En qué lengua soñáis ahora?

Me han dicho que habéis corrido en el cros como gacelas, raudas y veloces y llegasteis de las primeras a la meta. Felicidades. Me siento muy orgullosa de vosotras y os imagino corriendo con la melena negra al viento corriendo dando pasos largos como los camellos y recorrer esas largas distancias muy rápido.  Vuestra sonrisa y vuestro saber estar respetuoso, sereno, tranquilo os ayuda a encontrar espacio y tiempo para establecer diálogos y construir puentes entre vuestra mirada y la de otras personas. La riqueza del mundo se construye en ese diálogo entre personas que tienen vivencias diferentes.

Estos días me acordé de vosotras cuando el viento se despertó muy impetuoso. El viento para mí es rugido que me recuerda esa historia que me contasteis metidas en la jaima, esperando a que se fuera el viento que no cesaba, sentadas sobre la alfombra, tomando té, leyendo, esperando con tranquilidad a que dejase de rugir y mover las dunas, llenando el aire de arena, cegando la vista…. En el blog podéis ver nuestro trabajo, ahí se queda https://quedaarteconamal.blogspot.com/2025/06/sahara-de-lamis-y-selka.html

Os traje un poquito de la arena del Sáhara y os la envío en estas botellitas.  Esa arena suave, ligera, que puede ser tan cálida en verano y tan fría en invierno.  La arena no sabe de fronteras, ni de límites. Las dos habéis sido las alumnas saharauis que más han trabajado y de las que me siento muy orgullosa. Cualquier día nos vemos por Sama, inchalá. Estoy trabajando en el instituto así que nos cruzaremos un día de estos.

Seguid estudiando y no perdáis la oportunidad de seguir aprendiendo. Os animo a escribirme alguna carta y enviármela a través de Javier, yo prometo contestar.

Un abrazo y muchos besos

 

Reencuentros

 

Nos hemos vuelto a encontrar y no te reconocía, sin el pelo como cambia la cara de alguien y con la distancia porque tu sonrisa sigue igual de resplandeciente y al verte sonreír te reconocí de inmediato,¡ Chej cuánto tiempo! Vuelves a tu instituto en el que nos conocimos cuando llegaste a España en el 2013. Ahora eres ya todo un hombre,  con tu trabajo, tu esposa, tu hijo.

Te invitan a participar en un acto el día de las lenguas maternas y te ofrezco mi ayuda como siempre. Ese día no creo que puedo estar ahí contigo. Sigo con mi alumnado por varios institutos y ese día no coincide con el día que estoy aquí. Conoces a mi alumnado aquí y les aconsejas que aprovechen el tiempo conmigo porque yo no estoy siempre.

Me pides que te ayude a recordar lo que hemos vivido en ese primer año en que

llegaste a España desde Senegal desde cerca de Dakar. Llegaste en el 2013…

Recuerdo aquel muchacho de 15 años asustado, serio al que no le gustaba que le hiciesen fotos. Tu lengua materna, la lengua con que tu madre te acunó alejando los primeros miedos, la lengua con que nombraste a tu padre, el wolof. Luego aprendiste el bámbara al escuchar a las personas de tu entorno, las que te fueron educando, porque en África hace falta un pueblo para educar a una criatura. Fuiste escuchando el árabe en las oraciones que escuchabas y poco a poco te fueron enseñando a realizar las abluciones, para prepararte para el salat, y luego a recitar las oraciones que seguían al sol, desde su salida a su ocaso. En la escuela profundizaste en el árabe, en el wolof y empezaste a dominar el francés. En España comenzaste con tu quinta lengua el español. 

Llegaste y eras la única persona de color, me preguntabas ¿por qué no dices negro, soy negro?  Te fui explicando que esa forma de referirse a una persona como negra era una forma racista,  e inapropiada, igual que lo es llamar moros a los marroquíes. Las palabras van cargándose de tantos significados,… en función de tantos contextos.

Poco a poco fuiste preguntando, mirándome a la cara, porque no mirar a los ojos era tu manera de mostrar respeto y eso aquí se podía interpretar como falta de interés o de desafiar al otro, de ignorarlo. Aprendías rápido, eras todo ojos, observador, y objeto de miradas, todas se volvían hacia ti.  Tenías un sueño, jugar al fútbol en un equipo importante como el Barsa. Querías jugar tu padre parecía que no sabía de tus dotes como deportista. Llevaba muchos años aquí y tú no lo veías hacía mucho tiempo, su presencia era una voz que llevaba a través del teléfono de cuando en cuando. Pero te llamaron para irte a jugar con el equipo de tu país, de Senegal. Eso suponía volver a Dakar y abandonar España, dejar ese camino iniciado, duro en el que te esforzabas mucho. Me preguntaste mi opinión en este cruce de caminos y decidiste seguir aquí, pero tu padre te llevó a jugar en un equipo. Te otearon de otros equipos españoles, pero tu sueño se truncó, no fue posible ir a los entrenamientos a Gijón y tu sueño se quedó en una actividad que te gusta y te ayuda a encontrar cierto equilibrio en tu vida. Ahora entrenas con niños pequeños y sigues jugando algún partido, socializando con otras personas de aquí.

Tu esfuerzo fue inmenso, aprovechabas las clases, me preguntabas sobre todo aquello que te despertaba dudas, que no entendías. Te asombraba la forma de dirigirse de tus compañeros y compañeras al profesorado, a las personas mayores. No entendías esas formas que para ti eran inadecuadas, irrespetuosas y en tu país serían castigadas con dureza.  El contraste era muy fuerte, la añoranza también, el frío era constante,  la falta del sol ensombrecía tu sonrisa que fue aflorando. Esa sonrisa y tu amabilidad fueron tejiendo puentes con otras personas tubas, como tú nombrabas a los blancos.

Recuerdo el miedo que te daban las agujas cuando te llevamos al Centro Salud, al venir con un dedo vendado. Te habías hecho daño y aquella herida era profunda así que te acompañamos al médico tu profe de francés y yo. Allí mirabas de reojo las cámaras de seguridad, al vigilante,  querías irte. Cuando pasamos a la consulta te daba miedo aquella aguja de la antitetánica, te decía mira para mí, no mires. Te pinchó y te curó aquella herida que ya no podía coserse. Había que volver al cabo de unos días, quería ver la evolución. Ante las dificultades al pedir la consulta no querías volver, pero te volvimos a acompañar para que te curasen. Trabajabas en casa,  estabais arreglándola y ayudabas, recogías a las gallinas, las alimentabas,… aprendiste a valerte por ti mismo. Siempre con un respeto hacia la figuras que considerabas de autoridad, tus padres, tu profesorado… Estabas construyendo tu lugar en esta sociedad, estudiando tras rezar tu primera oración, a veces incluso antes. Y acabaste renunciando a estudiar mecánica para estudiar ayuda a domicilio donde tu padre sabía que encontrarías trabajo muy rápido. Tú que detestabas ver la sangre y las heridas, ahora ayudas a curar muchas heridas.

Tenias y mantienes esa sensibilidad hacia lo que ocurre en el mundo y a tu alrededor. Recuerdo tu desconcierto y tu rechazo hacia lo que estaba ocurriendo en el monte Gurugú cuando llegaste, las condiciones en que llegaban las pateras y los kayucos que ya empezaban a llegar a Canarias. Esas rutas migratorias te provocaban mucho desconcierto e indignación. No tenías ni idea de lo que ocurría a muchos que se iban de tu país como Mamadou Dia y narraba en aquel libro 3052.

Te has forjado como hombre renunciando a tantos deseos y sueños con una fuerza de voluntad inmensa que te otorga tu fe en Allah, tu confianza en que será lo que tiene que ser y tu esfuerzo desmedido, tu entrega y trabajo duro.

Me siento muy orgullosa de ti. Te deseo toda la suerte y la baraka. Serás un padre que eduque a sus hijos e hijas en libertad, en el respeto que se otorga a las personas  honestas,  solidarias y con valores éticos, sociales.