AMIGA, LA MAGIA MARROQUÍ.
Los aromas surgen en el proceso de destilación de las flores, en especial de las rosas en primavera. El valle de las rosas se impregna de este olor dulce, intenso y te hace volar. Conectas con tu esencia femenina, te envuelve desatando tu sensualidad. La feminidad que palpita en el alma humana y se expande en el cuerpo de las mujeres y de los hombres. Sus brillos se perciben en las miradas, en los movimientos de sus caderas. Rosas que desbordan los cestos, los sacos en Kelaat M¨Gouna, cerca del Valle de Imilchil. Este valle donde están los dos lagos que llevan el nombre de la novia y el novio, Tislit e Isli. Dice la leyenda que Isli y Tislit eran un hombre y una mujer que se enamoraron y sus familias no les dejaron vivir su amor. Los encerraron separándoles, no permitiendo que se viesen y ambos comenzaron a llorar y llorar hasta que murieron. Sus lágrimas descendieron por las laderas del Atlas hasta formar estos dos lagos, lagos salados como las lágrimas. No se debe perturbar la paz del lugar. No se puede pescar en estos enclaves, solo contemplar y dejar que la serenidad del corazón te hable y te guie. El amor como camino hacia la convivencia y desaparición de rencillas era el deseo de esta pareja. El respeto al amor hace que se celebre en el año nuevo el festival de Imilchil, donde se celebran bodas por amor que desafían esas tradiciones que ven las bodas como una ceremonia en la que se ratifica un contrato entre dos familias.
La bandera amazgih hondea de ladera a ladera, sus tres bandas horizontales: la amarilla por la arena del desierto, la verde que representa la tierra y la esperanza, el azul símbolo del mar y el cielo, con la letra roja en el centro, el Yaz como símbolo de la identidad y espíritu de libertad de este pueblo.
Ciclos lunares
Ciclos vegetales
La danza continúa con el frenético oscilar de los hombros y caderas
Las sonrisas se cosechan mezcladas con el olor de la menta fresca, los aceites más preciados de argán…
La alquimia se va expandiendo al compás de las llamadas a la oración, junto con los ritmos de las darbukas, la vibración de las cuerdas del gambri, y los zaghareet que brotan de la garganta de las mujeres que transforman las lágrimas Isli y Tislit en alegría, el gozo del encuentro entorno al año nuevo, rodeando la magia de una nueva etapa en la vida que despierta ilusiones y esperanzas.
ANZAR
La carretera iba alejándonos de las dunas y los dromedarios ya sólo aparecían dibujados en el interior de un triángulo rojo. Los tonos anaranjados iban volviéndose amarillentos y las acacias eran cada vez más abundantes. Hassan paró el coche y nos bajamos, levantó la chapa que cubría el pozo y lanzó a su interior un cubo echo con las yantas de neumáticos. La cuerda parecía descender al centro de la tierra. Tiró de la cuerda y tras un rato sacó el cubo lleno de agua. Sació su sed de dromedario y con lo que sobró nos regó. La danza comenzó de forma automática y lo animábamos a sacar más, más agua. Anzar, Anzar… agua, vida. Agua, más agua… Y en un círculo, con el viento a favor nos colocamos para recibir con gratitud el agua que nos devolvía el júbilo, las ganas de cantar, y agradecer a Anzar y Tafsut por la llegada de la lluvia.
Seguimos viaje ante las aristas pardas y terrosas. El blanco de las nubes era un castigo, un abandono. El eco de la fiesta del cordero estaba cada vez más lejano. El viento comenzó a cambiar de dirección y llegaron por fin las ansiadas nubes con sus panzas de burro y descargaron en un exabrupto inesperado. Las gotas repiqueteaban en los charcos y Hassan danzó a su compás. Bailó por la lluvia que rellenaría el pozo en que su rebaño de dromedarios podría beber. El agua, la vida, las bendiciones, la baraca, la vida que se renueva y nos reconstruye por fin está aquí. Vamos a agradecer, a danzar, reír y cantar para que Anzar y Tafsut encuentren serenidad para compartir sus dones con equilibrio, dejando que los ciclos se sucedan trayendo el hilo de la vida para poder seguir gestando las alfombras que guardan memoria de los que somos. La tierra, las piedras guardan la memoria que los dioses y diosas han olvidado en el cielo y aquí abajo se escriben las historias del cosmos en las rocas, en las cadenas montañosas, en los pueblos frente al fuego, en los tapices, en la piel de las mujeres con sus tatuajes, en las canciones, en la poesía…
sábado, 3 de enero de 2026
Anzar
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