Esmeralda Vizcaíno
sábado, 18 de abril de 2026
domingo, 22 de marzo de 2026
La ciudad roja
Las teleboutiques han
desaparecido a penas encuentras un anuncio de su antigua presencia pintado en
una de sus fachadas rojas. Aquellas cabinas telefónicas donde las voces de
entremezclaban y se conectaban los puntos cardinales una vez a la semana, o tal
vez al mes, si la llamada era interoceánica. La comunicación era escasa y tan
cara que era un acontecimiento poder escuchar la voz e imaginar todo el pequeño
jardín que transmitía, con sus pausas, sus tonos, los silencios ayudaban a
reconstruir el olor de aquella persona que desde la distancia hablaba unos
minutos y se tejían redes que te sostenían hasta la siguiente llegada de
noticias, tal vez en un sobre de color sepia, con matasellos de europa.
Miro los rostros de las más
ancianas, las que se niegan a que las fotografíes y cocinan en la calle, venden
ramitos de hierbabuena, y veo sus
tatuajes en la barbilla, en la frente,
en las mejillas, son mujeres
amazigh, mujeres respetadas por sus nietos que han trabajado toda su vida en el
campo. Saben de la dureza del trabajo femenino, de los ciclos de la naturaleza,
su maternidad les ha otorgado cierto poder y sabiduría. Contemplo sus rostros y
su mirada limpia, directa en las pinturas de Hafida Zizi en su exposición en
Marraquech. Orgullo femenino en el
rostro de sus heroínas que muestra tejiendo alfombras, enseñando sus tatuajes en los que se narran los hitos de
sus vidas, sus vivencias, sus linajes, su necesidad de protección contra los
yins, preparando el cus cus, celebrando bodas, dialogado entre generaciones y
sé que la libertad es un derecho y una responsabilidad por la que todas tenemos
que luchar por ser mujeres, no importa de donde vengamos, donde vivamos, ser
mujer es luchar por la dignidad de la vida.
Me detengo en el umbral del Riad
y veo a la gata callejera tumbada dejando que sus crías mamen mientras con los
ojos cerrados sueña tal vez con unas sobras suculentas. Las gatas y las
cigüeñas siguen siendo los seres más libres en la medina. Esas cigüeñas que siguen en sus nidos en los
tejados de Badia, y han perdido su brújula, ya no migran. ¿Cómo están aquí en
julio en vez de estar en los campanarios de la península ibérica. Quizás han decidido quedarse en su hogar.
jueves, 5 de marzo de 2026
cartas 2
Oviedo a 12 de febrero de 2026
Mi querida Lamis:
Gracias por tus palabras, por tu
carta. Me ha provocado una alegría muy
luminosa, porque saber que lo que siembro en mi trabajo enciende en
vosotras lo mejor que lleváis dentro es la mejorar recompensa y es el mejor
regalo. Saber que el tiempo compartido aprendiendo mi lengua materna y mi
acompañamiento te ha servido para tener
confianza en ti misma es un regalo muy valioso.
La vida lejos de las personas que
emigran no es fácil y además de aprender una lengua nueva es importante
sentirse a gusto, bien recibido, sentir que puedes expresar con otros lenguajes
que son universales como los gestos, las miradas lo que se siente. Tú eres una
persona muy sensible, cariñosa, expresiva, muy hospitalaria, curiosa, con ganas
de aprender cosas nuevas y mostrar toda la riqueza que traes contigo en esa
maleta que, traéis cada una de vosotras. Traéis una maleta que no puede ser
registrada por nadie, salvo que vosotras permitáis que se abra y mostrar todo
lo que os ha formado como personas. Tú traes la libertad en la mirada de tu
pueblo, un pueblo nómada, un pueblo al que se nombra como hijos de las
nubes. Sabéis de rutas antiguas en las
que las estrellas guiaban a las caravanas desde unas costas a otras muy
lejanas, de este a oeste, siguiendo a los astros, a las estrellas, a la luna, a
lomos de los camellos enfrentándose a los demonios de Leyoud, … Las joyas que
lucen las mujeres hablan de esos mapas de estrellas. Tu sonrisa es una estrella
que guía a muchas personas. Mantienes la alegría y la inocencia de la infancia,
una infancia que dejarás pronto atrás, ya tu cuerpo la está dejando atrás, ya
te estás convirtiendo en mujer. Pero mantendrás esa luz, porque está en tu
corazón.
Tú tienes esa hospitalidad que
define a tu pueblo. Ese amor que hace que el viajero sea bienvenido y se le
sirva un té sobre la alfombra, en la jaima y descanso. Los relatos comienzan en
ese lugar y tú contarás muchas historias que hablarán de tu pueblo, de como el
Sáhara vive en sus hijos e hijas. Tu forma de estar, tu postura hace que seáis
faros de dignidad y de respeto. A veces desde el silencio, con la presencia que
tenéis, otras cuando cantáis, cuando bailáis, cuando esperáis en una fila con
paciencia, anclados en este momento, en este instante que es eterno y efímero
se os reconoce como saharauis. Ojalá llegue el día en que podáis volver a la
tierra en que vivieron vuestros ancestros y ancestras, la tierra robada y
saqueada, con ayuda de la palabra y no de las armas. Tu voz contribuirá a ello
como lo hizo la voz de Mariem Hassan. La voz de una persona puede ser la voz de
un pueblo.
Estas creciendo y aprendiendo
tantas cosas nuevas, estar lejos del resto de tu familia en estas tierra en la
que hace frío, es difícil, es duro. Se echan de menos muchas cosas, la luz, el
calor, la familia, ahora que llega el ramadán: a la familia y a los amigos, los paisajes abiertos, las
dunas, la comida, los camellos, la hassanía, salir y escuchar la voz en que te
reconoces y no esos sonidos indescifrables que ahora ya empiezas a comprender, los olores, los paisajes, sentirse a salvo es
tan importante…. Son muchas las cosas que se extrañan, pero viajar aporta
conocer otras cosas, otros mundos. No es que sean mejores, o peores, son
diferentes. La mente se abre y comprendes que el mundo es tan amplio y las
miradas sobre lo que hay son tan variadas como las personas que miran. Cada una
aporta un matiz diferente y en esa variedad vamos aprendiendo a construir una
forma de sentir y estar tan amplia y tan abierta como el mismo Sáhara. Y a lo
largo de la vida van cambiando esos mapas que vamos construyendo. No dejamos de
aprender nunca. El desierto que tú conoces fue el fondo de un océano hace miles
de años, y después fue una gran sabana
en la que corrían las jirafas y había palmeras, era muy verde, había muchos
animales. Se pueden ver los dibujos de los hombres y mujeres que lo vieron con
sus propios ojos en las pinturas de Tassili. La arqueología estudia estos
restos que se han conservado por las condiciones de temperatura y humedad. Después
de secó aquella vegetación, los animales migraron, y los hombres y mujeres de
desplazaron al norte. El desierto se expande, la arena va devorando la tierra.
Pero en condiciones terribles habéis sobrevivido, y seguís en pie, luchando por
vivir sin perder la dignidad.
Habrá días en que te sientas
menos alegre, en que la nostalgia te invada pero se irá como la niebla, al
escuchar la música del tebal, de las guitarras eléctricas, el batir de las
palmas y el grito que nace de tu corazón, antes de empezar a bailar. Lanzar
esos sonidos como bienvenida y gratitud por un nuevo día en el que poder
construir futuro, sembrar sonrisas, saciar curiosidades, hacer nuevas
preguntas, encontrar respuestas… Muchos días voy en mi coche escuchando a Mariem
Hassan y lanzo yo también alguno de esos gritos, que tú comprendes y entiendes
como el desborde de la alegría inmensa, de la dicha más radiante, mientras
otros no entienden, pero otras se suman y se forma un coro de zaghareet donde
todas las mujeres somos una celebrando la vida. Tus palabras las recibo con un
zaghareet que resuena desde mi corazón al tuyo.
A mí me habéis permitido ver
parte de esa maleta que traéis, y os doy las gracias por ello. Hemos abierto
parte de ella, al recordar lo que dejáis atrás, y enfrentáis las dificultades
cada día. Es difícil pero hay que seguir leyendo en otra lengua, aprendiendo
muchas cosas nuevas que os darán la oportunidad de vivir en unas condiciones
materiales mejores. El corazón y las emociones se van tejiendo y van creando
una jaima en la que tú decides quienes van a estar conviviendo en ella. Hay
lazos entre personas que son invisibles, que están ahí y sostienen a las
personas. Vuestras madres, abuelas, han sido expertas en tejer estos lazos. Los
niños y niñas que se fueron en aquellos barcos
a Cuba y no volvieron a ver a sus familias durante muchos años, se
fueron y regresaron siendo ya hombres y mujeres para redescubrir su cultura
saharaiui, como el poeta Liman Boisha. La pertenencia al pueblo saharaui la han
trazado las mujeres en sus hijos e hijas,
bajo la salvaguarda de la lucha de muchos hombres y sigue viva hilando entre Europa y África, tejiendo
alfombras de esperanza en la libertad….
Venís y enseñáis el compromiso
con una labor que no se puede eludir, desde la presencia, desde esa mirada a
los ojos, profundos sin prisas, con todo el tiempo del mundo recordáis al mundo
que el Sáhara aun está por descolonizar y que se debe respetar el derecho a la
vida. Hay que aprender historia, hay que aprender tantas palabras en otras
lenguas para poder defenderse de los ataques, para iluminar la ignorancia con
que muchas veces os miran para desvelar las mentiras que cuentan la historia
desde otros intereses que no respetan los Derechos Humanos. Es importante
aprender y practicar el español, el inglés. Sigue trabajando y esforzándote.
¿Qué es lo más difícil para ti?
¿Qué es lo más positivo para ti de estar aquí? Ya me dirás qué te parece todo esto que te
cuento.
¡¡¡Te deseo un feliz ramadán con
tu familia. Ramadan Mubarak Lamis!!!
Un abrazo y muchos
besos de tu profe
Oviedo a 13 de febrero
de 2026
Mi querida Salka:
¿Cómo estás? Me alegra mucho recibir tu carta, y tener
noticias tuyas.
Veo que estás un poco triste por
no poder ir a la boda de tu prima. La verdad es que sé muy poco de las bodas
saharauis así que te pido que me cuentes como son las bodas en el Sáhara.
Hace muchos años vi cantar a
Mariam Hassan en Gijón en un evento que se hace cada año en julio, la Semana
Negra, cantaba cerca del Estadio de fútbol, cuando el aparcamiento se llenaba
con puestos de comida, de libros, colocaban hasta una gran noria y siempre
colocaban una jaima para mostrar la cultura saharaui, una jaima donde se servía
un té. Tras escuchar a Mariem Hassan cantar fui a que me firmase uno de sus
discos que compré aquel día y le pregunté por qué llevaba aquella melfa negra
en la parte de arriba y blanca abajo. Con lo coloridas que son las melfas, me
llamó la atención aquel contraste de blanco y negro. Ella me explicó que era el
traje de la novia. Colgaban de su
cintura unas moneditas en un cinturón con hilos tejidos. Tengo curiosidad por
saber más de las bodas. Así que puedes contarme más cosas, ¿cuántos días se
celebra? ¿ se pintan con henna las manos y los pies con tatuajes especiales?
¿Qué se hace cada día de la celebración si son más de uno el novio y la novia?
¿qué suelen regalar a los novios?
¿Y los vestidos cómo son?
Lo que más me gusta del Sáhara es
la forma de vivir el tiempo con serenidad, con calma, esos tiempos en que sin
tiempo lejos de la prisa, de las agujas del reloj te sientas a contemplar el
sol esconderse, a escuchar los cuentos con historias en que los yins
salen y se enfrenta alguien a ellos, las risas que despierta Chertad, el
silencio que se rompe con el té sacando mucho
espuma en los vasos para no beber la arena que está suspendida en el
aire, la hospitalidad con que se acoge a las personas, y los lazos que se crean
de corazón a corazón, la honestidad, el respeto
y la sinceridad con que se tejen los vínculos entre las personas.
Aquí ¿no haces amigas? Tienes que intentar hablar con otras chicas
para así ir mejorando el español. Hay que romper la frontera del silencio, ya
sabes muchas palabras y tienes mucho que decir. Creo que te has cubierto ya el
pelo, ¿cómo te sientes con el hiyab?
Ahora empieza el ramadán, me imagino que vas a hacer ya el ayuno casi
todo el mes ¿no? Espero que te ayude a conectar con toda la
fuerza que tienes en tu corazón para seguir luchando por un futuro mejor.
Piensa que el camino aunque sea largo lo más duro ya pasó. Añorar lo que
conoces, a tu familia es normal, pero tienes que transformar esa melancolía
en un ladrillo , en un hilo para
construir tu jaima, tu alfombra, tu casa. La casa el hogar es donde estamos a
gusto, basta una alfombra de oración para hacer el salat, bastan unas
palabras, unos gestos para iniciar una conversación que te puede llevar a
conocer otras formas de vivir, de sentir,
de conocer personas, de aprender cosas nuevas. No dejes que los miedos
te atrapen, eres una chica muy observadora, captas rápido muchas cosas de tu
alrededor, no dejas que te vean lo que tu corazón canta, pero sabe hermosas
canciones y melodías que tienen que ir saliendo
en canciones, en poemas, en dibujos, en tatuajes de henna, en palabras,
para crecer con salud, con fuerza.
Cada vez hay más personas
saharauis aquí, sois … somos y me
incluyo porque yo también me siento nómada. Viajar abre la mente, el corazón,
hay que ir guardando las cosas buenas que nos van ocurriendo, lo nuevo que
vamos aprendiendo, siempre aparecen cosas nuevas si tienes curiosidad, si
sigues haciendo preguntas y buscando respuestas. Te animo a que sigas preguntando cosas.
Me imagino que ya harás el
ramadán completo y recuperarás los días que necesites más allá. ¡Ramadan Mubarak mi querida Selka!
Ya me contarás cómo llevas el
ramadán, qué es lo más difícil y las diferencias entre el ramadán aquí y en el
Sáhara.
Cuídate mucho y espero vuestras
cartas. Me encanta ver vuestros progresos en español. Hay que seguir leyendo en
voz alta para ir mejorando y ser tan rápidas leyendo como lo sois corriendo.
Ver una palabra y leerla rápido, entenderla, reconocerla, apropiártela.
Este poema quiero grabarlo este
año con alumnos y alumnas que tengo este año. Os lo comparto es de una
saharaui. Espero que os guste
Un abrazo y muchos
besos
miércoles, 4 de marzo de 2026
cartas 1
Oviedo a 22 de enero de
2026
Queridas Lamis y Selka:
Espero que os encontréis bien.
Soy Encarna vuestra profe de español del año pasado. Quiero felicitaros el año
nuevo 2026 y desearos que este año os
vaya bien en el colegio y que vuestra
familia tenga buena salud.
¿Qué tal estáis? Espero que sigáis aprendiendo
y leyendo cada día para aprender nuevos conocimientos y poner palabras en
español a emociones y recuerdos que
resuenan en hassanía. Vuestros sueños
espero que ya empecéis a crearlos en español aunque los recuerdos sigan
narrándose en hassanía y se entrelacen las palabras de ambas lenguas cuando
estáis dormidas, espero. ¿En qué lengua soñáis ahora?
Me han dicho que habéis corrido
en el cros como gacelas, raudas y veloces y llegasteis de las primeras a la
meta. Felicidades. Me siento muy orgullosa de vosotras y os imagino corriendo
con la melena negra al viento corriendo dando pasos largos como los camellos y
recorrer esas largas distancias muy rápido. Vuestra sonrisa y vuestro saber estar
respetuoso, sereno, tranquilo os ayuda a encontrar espacio y tiempo para
establecer diálogos y construir puentes entre vuestra mirada y la de otras
personas. La riqueza del mundo se construye en ese diálogo entre personas que
tienen vivencias diferentes.
Estos días me acordé de vosotras
cuando el viento se despertó muy impetuoso. El viento para mí es rugido que me
recuerda esa historia que me contasteis metidas en la jaima, esperando a que se
fuera el viento que no cesaba, sentadas sobre la alfombra, tomando té, leyendo,
esperando con tranquilidad a que dejase de rugir y mover las dunas, llenando el
aire de arena, cegando la vista…. En el blog podéis ver nuestro trabajo, ahí se
queda https://quedaarteconamal.blogspot.com/2025/06/sahara-de-lamis-y-selka.html
Os traje un poquito de la arena
del Sáhara y os la envío en estas botellitas.
Esa arena suave, ligera, que puede ser tan cálida en verano y tan fría
en invierno. La arena no sabe de
fronteras, ni de límites. Las dos habéis sido las alumnas saharauis que más han
trabajado y de las que me siento muy orgullosa. Cualquier día nos vemos por
Sama, inchalá. Estoy trabajando en el instituto así que nos cruzaremos un día
de estos.
Seguid estudiando y no perdáis la
oportunidad de seguir aprendiendo. Os animo a escribirme alguna carta y
enviármela a través de Javier, yo prometo contestar.
Un abrazo y muchos
besos
Reencuentros
Nos hemos vuelto a encontrar y no
te reconocía, sin el pelo como cambia la cara de alguien y con la distancia
porque tu sonrisa sigue igual de resplandeciente y al verte sonreír te reconocí
de inmediato,¡ Chej cuánto tiempo! Vuelves a tu instituto en el que nos
conocimos cuando llegaste a España en el 2013. Ahora eres ya todo un
hombre, con tu trabajo, tu esposa, tu
hijo.
Te invitan a participar en un
acto el día de las lenguas maternas y te ofrezco mi ayuda como siempre. Ese día
no creo que puedo estar ahí contigo. Sigo con mi alumnado por varios institutos
y ese día no coincide con el día que estoy aquí. Conoces a mi alumnado aquí y
les aconsejas que aprovechen el tiempo conmigo porque yo no estoy siempre.
Me pides que te ayude a recordar
lo que hemos vivido en ese primer año en que
llegaste a España desde Senegal
desde cerca de Dakar. Llegaste en el 2013…
Recuerdo aquel muchacho de 15
años asustado, serio al que no le gustaba que le hiciesen fotos. Tu lengua
materna, la lengua con que tu madre te acunó alejando los primeros miedos, la
lengua con que nombraste a tu padre, el wolof. Luego aprendiste el bámbara al
escuchar a las personas de tu entorno, las que te fueron educando, porque en
África hace falta un pueblo para educar a una criatura. Fuiste escuchando el
árabe en las oraciones que escuchabas y poco a poco te fueron enseñando a
realizar las abluciones, para prepararte para el salat, y luego a recitar las
oraciones que seguían al sol, desde su salida a su ocaso. En la escuela
profundizaste en el árabe, en el wolof y empezaste a dominar el francés. En
España comenzaste con tu quinta lengua el español.
Llegaste y eras la única persona
de color, me preguntabas ¿por qué no dices negro, soy negro? Te fui explicando que esa forma de referirse
a una persona como negra era una forma racista,
e inapropiada, igual que lo es llamar moros a los marroquíes. Las
palabras van cargándose de tantos significados,… en función de tantos
contextos.
Poco a poco fuiste preguntando,
mirándome a la cara, porque no mirar a los ojos era tu manera de mostrar
respeto y eso aquí se podía interpretar como falta de interés o de desafiar al
otro, de ignorarlo. Aprendías rápido, eras todo ojos, observador, y objeto de
miradas, todas se volvían hacia ti.
Tenías un sueño, jugar al fútbol en un equipo importante como el Barsa.
Querías jugar tu padre parecía que no sabía de tus dotes como deportista.
Llevaba muchos años aquí y tú no lo veías hacía mucho tiempo, su presencia era
una voz que llevaba a través del teléfono de cuando en cuando. Pero te llamaron
para irte a jugar con el equipo de tu país, de Senegal. Eso suponía volver a
Dakar y abandonar España, dejar ese camino iniciado, duro en el que te
esforzabas mucho. Me preguntaste mi opinión en este cruce de caminos y
decidiste seguir aquí, pero tu padre te llevó a jugar en un equipo. Te otearon
de otros equipos españoles, pero tu sueño se truncó, no fue posible ir a los
entrenamientos a Gijón y tu sueño se quedó en una actividad que te gusta y te
ayuda a encontrar cierto equilibrio en tu vida. Ahora entrenas con niños
pequeños y sigues jugando algún partido, socializando con otras personas de
aquí.
Tu esfuerzo fue inmenso,
aprovechabas las clases, me preguntabas sobre todo aquello que te despertaba
dudas, que no entendías. Te asombraba la forma de dirigirse de tus compañeros y
compañeras al profesorado, a las personas mayores. No entendías esas formas que
para ti eran inadecuadas, irrespetuosas y en tu país serían castigadas con
dureza. El contraste era muy fuerte, la
añoranza también, el frío era constante,
la falta del sol ensombrecía tu sonrisa que fue aflorando. Esa sonrisa y
tu amabilidad fueron tejiendo puentes con otras personas tubas, como tú
nombrabas a los blancos.
Recuerdo el miedo que te daban
las agujas cuando te llevamos al Centro Salud, al venir con un dedo vendado. Te
habías hecho daño y aquella herida era profunda así que te acompañamos al
médico tu profe de francés y yo. Allí mirabas de reojo las cámaras de
seguridad, al vigilante, querías irte.
Cuando pasamos a la consulta te daba miedo aquella aguja de la antitetánica, te
decía mira para mí, no mires. Te pinchó y te curó aquella herida que ya no
podía coserse. Había que volver al cabo de unos días, quería ver la evolución.
Ante las dificultades al pedir la consulta no querías volver, pero te volvimos
a acompañar para que te curasen. Trabajabas en casa, estabais arreglándola y ayudabas, recogías a
las gallinas, las alimentabas,… aprendiste a valerte por ti mismo. Siempre con
un respeto hacia la figuras que considerabas de autoridad, tus padres, tu
profesorado… Estabas construyendo tu lugar en esta sociedad, estudiando tras
rezar tu primera oración, a veces incluso antes. Y acabaste renunciando a
estudiar mecánica para estudiar ayuda a domicilio donde tu padre sabía que
encontrarías trabajo muy rápido. Tú que detestabas ver la sangre y las heridas,
ahora ayudas a curar muchas heridas.
Tenias y mantienes esa
sensibilidad hacia lo que ocurre en el mundo y a tu alrededor. Recuerdo tu
desconcierto y tu rechazo hacia lo que estaba ocurriendo en el monte Gurugú
cuando llegaste, las condiciones en que llegaban las pateras y los kayucos que
ya empezaban a llegar a Canarias. Esas rutas migratorias te provocaban mucho
desconcierto e indignación. No tenías ni idea de lo que ocurría a muchos que se
iban de tu país como Mamadou Dia y narraba en aquel libro 3052.
Te has forjado como hombre
renunciando a tantos deseos y sueños con una fuerza de voluntad inmensa que te
otorga tu fe en Allah, tu confianza en que será lo que tiene que ser y tu
esfuerzo desmedido, tu entrega y trabajo duro.
Me siento muy orgullosa de ti. Te
deseo toda la suerte y la baraka. Serás un padre que eduque a sus hijos e hijas
en libertad, en el respeto que se otorga a las personas honestas,
solidarias y con valores éticos, sociales.
miércoles, 7 de enero de 2026
Haman verusus Spa
HAMMAN VERSUS SPA.
Tu relato me ha llevado a ese día, el último de nuestro viaje a Marraquech. Recuerdo la luz del zoco, una luz tan intensa, firme que era capaz de desintegrar los vértices más afilados y lograr que se fuesen derritiendo entre el sudor que íbamos emanando en cada pliegue de nuestra piel. Un sol que, encauzaba mi mirada hacia puntos de fuga, hacia las fronteras de los claroscuros de la medina, hacía desaparecer las referencias y el laberinto nos atrapaba. Nos perdimos entre los múltiples productos que expuestos aguardaban las monedas sueltas en los bolsillos. Seguir o dar la vuelta, ¿dónde acaba la calle? ¿Dónde empieza? Tres hamanes públicos llevamos ya, estamos camino del ryad y ya he comido dos empanadillas con carne picada, mi comida de hoy. Llamadas de teléfono y marcha atrás, a desandar lo andado, hemos bajado demasiado. Al mirar hacia arriba veo que se bifurca el laberinto, pero seguimos las telas, los pendientes, las cerámicas, los colores de las especias,…
De repente cruzamos el umbral y la oscuridad saturada de prisas y horarios nos da la bienvenida. Al rato estábamos casi desnudas en una sala muy oscura, metiendo la ropa en unas taquillas, con el albornoz y las bragas puestas. La muda se quedaba en el bolso y nos llevaron unas mujeres jóvenes, vestidas con sus uniformes negros en los que se enmarcaba su juventud a tomar un té rápido, rápido y conducirnos hacia la planta más baja del hamman. Allí, en bragas ya nos aguardaban dos mujeres ya maduras, con sus pantalones cortos y sus camisetas mojadas remangadas. Nos iban conduciendo hacia las camillas de mármol que a ambos lados de la sala eran la antesala para introducirnos en otro espacio, en el que habían instalado la sauna. Me subí a la camilla y observé como en la otra os fueron subiendo y restregando con el agua, el jabón negro y el guante de quissa. La piel muerta de enroscaba en unos rollitos que mostraban como muestra de su gran trabajo frotando y refregando nuestras pieles. Alguna trataba de hacerle entender que aquello no era roña, mientras trataban de hacerla entender que no se frotase los ojos. Todo iba demasiado rápido y empecé a cantar. Al escuchar mis cantos: habibi, habibiii, … ellas tomaron los cubos y los transformaron en darbuka. El ritmo de relajó un poco pero tenían prisa por meternos a todas en la sauna.
Entre el vapor vislumbré a una mujer rendida, replegada sobre sí misma, era todo huesos, parecía un espíritu en pleno calvario, una aparición fantasmagórica en la que parecía tomar forma los pesares de tantos cuerpos femeninos,… Era como si sus leves gestos hablasen de las frustraciones, de las renuncias, del dolor que enraíza en el alma desgarrándola por tantas violencias, más allá de las físicas están las que todas hemos padecido en mayor o menor medida: la falta de respeto, la negación, el silencio, la invisibilidad, la falta de reconocimiento, las renuncias, las imposiciones,… Su cuerpo era un amasijo de huesos retorcidos, recubiertos por una piel blanca, arrugada, muy fina y la mirada oscura, fría reclamaba apagar nuestras risas. Se estiró y se apoyó en la pared. Se recogió el pelo sobre uno de sus hombros y haciendo un esfuerzo se izó, miro los vientres y los pechos de su alrededor, no se detuvo en ninguno, ni en los más flácidos, ni en los que estaban atravesados por una gran cicatriz y aún no tenían el pezón reconstruido. Ni las tatuajes reclamaron su atención. Nos miró sin vernos, buscando la puerta de salida. No sabía si era un yins que habitaba aquel hamman del que apenas quedaba una cúpula, o si era un alma en pena que quedó atrapada en aquellas paredes tras acompañar a alguna extranjera. Sus ojos me inquietaron, un eco a tantas preguntas sin respuesta traía consigo, un espectro en el que se encarnaban nuestros miedos, nuestros bloqueos tal vez. Me estremecí ante las dudas que me despertaba aquella aparición. ¿Sería real o fruto de imaginación?
Tras su desaparición pude escuchar a una de vosotras decir: - Es como una superviviente del holocausto. -
Cuerpos, cuerpos en cuyas pieles están marcadas las huellas del paso del tiempo, cuerpos con tatuajes, cicatrices, inflamaciones, músculos, pieles celulíticas, estrías, cuerpos hidratados, pieles suaves, ásperas, secas, tersas,… Cuerpos tan diferentes, variados, morenos y blancos. Todos los límites del cuerpo se diluyen en el vapor, en el interior de la sauna se difumina el límite y dejan tras de si rastros de cabellos depilados, cabellos que seguirán el rastro de las aguas baldeadas con firmeza, antes de cerrar el espacio para que sea poblado por los hombres.
Las mujeres tienen su horario y los hombres el suyo. Este no creo que sea esa la norma. Este es lo que queda de un antiguo hamman, del que han rescatado una sala y el resto ha sido transformado en tiendas. En esta sala han tratado de acoplar a las miradas estereotipadas de occidente el sueño de un hamman. Una de sus cúpulas la han transformado en techo decorado para servir el té y dibujarte la henna en la mano. No hay ya masaje sobre el tapiz, en el suelo con el aceite de argán, o de almendras para estirar y aprovechar el peso de la masajista para distender y estirar tu espalda en un balanceo. No hay luz, en aquellas camillas a oscuras palpan y grito ante la presión en mis pies. No ve la inflamación en aquella oscuridad densa en el que el tic tac marca el inicio de una fase y el comienzo de otra.
Esto nada tiene que ver con el hamman de Bab Doukhala, de Fez, el de Meknes, o el de Essauira. Mi hamman es tiempo sin tiempo, es un espacio para convivir con las personas de tu mismo sexo, y en sus diferentes edades, en un espacio en el que la desnudez nos aproxima y nos enseña que somos agua. El agua de la que mana la vida. He conocido de la mano de narradores como Thar Ben Jelloun o Fatima Mernissi, Mohamed Sibari como el ritmo de los hombres es más ágil y no dedican tanto tiempo en el lavado, ni hay té, ni frutas. He visitado el hamman de las mujeres en las que he visto como las niñas lavan a sus muñecas con la misma eficacia y meticulosidad con que su madre la baña a ella. Madres, hijas, abuelas, nietas aprenden a verse y su evolución con naturalidad. El cuerpo es acogido, se siente reconfortado, se ablanda, se relaja y se abre. El vapor expande sus poros, el jabón negro extrae la suciedad, y la fricción de la quisa arrastra las pieles muertas que, son baldeadas junto con el agua de los cubos que echan sobre tu cuerpo, arrastra las pieles muertas y el vello hacia el sumidero. Los dolores se calman, se atenúan en el masaje con aceite de argán o de almendras, o tras la envoltura con el gassoul. Es como si el cuerpo hiciese memoria y recordase ritmos antiguos, plegarias y ritos de iniciación y de sanación. El cuerpo se unge para ser purificado antes de la oración, para calmar sus desgarros, sus alborotos y reencontrar el hilo de la propia voz. Un ritmo de aguas frías y calientes que se suceden junto con las estancias que van desde la sala más interna y cálida a la templada, donde el relax da paso a la precisión con que se sostiene la cuchilla que depila axilas, las piernas… El olor de la henna se entremezcla con los del gassoul y el jabón negro, los aromas te abrazan. Y el té pone el punto final antes de volver al ritmo de tus días en el exterior, ya vestida. La luz tenue de las cúpulas se filtra entre el vapor y las diferentes salas se inundan de una luz que va acariciando las diferentes paredes a medida que discurre el día. La vista se acomoda y disfrutas de la contemplación de los cuerpos que dialogan: los jóvenes que con sus pechos exultantes atraen las miradas de posibles suegras que buscan una esposa para su primogénito. Los susurros entre risas de las recién casadas que comparten con sus amigas secretos y confidencias de sus nuevas familias, suspiros, secretos, miedos, canciones para desatar risas cómplices.
El hamman implica dedicación, devoción, recogerse para mimar y cuidar, para acoger y renacer. Ritos de purificación, horas para dedicarse a una misma.
lunes, 5 de enero de 2026
Pinceladas
PINCELADAS
Observo los retratos de Hafida Zizi y sus colores transcienden el lienzo, me envuelven en un abrazo fraternal. Sus pinturas traen los ecos de otras artistas como Baya y Chaibia Talal. Desde la sencillez de esas obras naif que me recuerdan la sencillez de la infancia y su autenticidad firme, sincera. Hafida muestra el diálogo entre las mujeres veladas y las de rostro descubierto, con sus trenzas al viento, todas juntas, mujeres amazigh que pueblan sus recuerdos de infancia y juventud. Mujeres que cantan mientras amasan el pan, preparan el cuscús, tejen las alfombras, van a la fuente con sus tinajas con el agua para la casa, mujeres orgullosas de su linaje que muestran en sus tatuajes. Mujeres amamantando a sus hijos, mujeres ilusionadas el día de su boda, mujeres en blanco y negro, siluetas de colores vibrantes que se rodean del yaz del símbolo amazigh que hermana a tantas mujeres, de una ladera a otra del Atlas.
Las mujeres cantan y lanzan sus gritos que parecen transformarse en hilos que desde las alfombras llegan a enhebrarse bajo la piel, en los collares de ámbar, en las tallas de las coronas que lucen en las fiestas de la cosecha, en el año nuevo, en las bodas… Monedas antiguas y colores intensos en sus ropas, sus miradas alumbran la esperanza.
Contemplo sus obras desde las figuritas de barro con sus cántaros de agua sobre la cabeza que están en la memoria de tantas culturas, el contorno de la mano en el que están, más allá de las líneas de la vida, los tatuajes como señales que enfocarán tus pasos. Sus retratos son tan vibrantes, tan intensos. Sus colores, se asemejan a los espejos en los que mirarse fuera del espacio y del tiempo. Arte expansivo que profundiza en la mirada de estas mujeres en las que te adivinas. La paleta de colores que emplea es la esencia de esta cultura que abarca todo el norte de África. Me veo en esas miradas y me reconozco en ellas. El arte liberador de memorias, liberador de destinos en los que no hay posibilidad de salir del laberinto y decidir ponerse en marcha.
Sentada contemplando sus retratos, rodeada por ellos me llegan los susurros de cientos de mujeres que han hecho de sus pieles lienzos para narrar sus historias de vida, los sucesos relevantes de sus ciclos vitales, los linajes a los que pertenecen- Esa historia silenciada se abre paso una vez más gracias al arte de esta artista Zizi que con sus pies anclados en las tierras del Atlas desde la fuerza del barro crea y expande este saber ancestral con orgullo, para que las nuevas generaciones no olvide la historia de sus abuelas, de las que enfrentaron las prohibiciones y siguieron tatuándose en el pecho, en la espalda, en el vientre para buscar la protección contra el mal de ojo. Cierro los ojos y me parece oler el carbón, la alheña, los tintes de plantas recogidas en la primavera, en el otoño… Tantas preguntas se desperezan y necesita saber más. Hadifa Zizi susurra: confía y continua el viaje.




