Los vínculos tóxicos que nos amarran, nos limitan el movimiento instaurando miedos en nuestro corazón. en el pecho se inserta el altavoz de las normas sociales, de los que están a fuera... eres la hija, la madre, la nieta, la abuela, la tía, el clan familiar grita y silencia tu voz. Las alas no nacen, solo puedes mover lo que da de sí la cuerda, la cadena. Y tiras, como la jefa, la profesional, te rasgas la piel, te rompes los huesos, tratas de liberarte de esa cuerda, del dolor que te traviese y silencias con analgésicos, los nudos se hacen más complejos de deshacer, es inútil. Pasan generaciones. Las mareas entierran con su batir indómito los nudos y atada a la roca no puedes ni moverte, te falta el aire, te asfixias. En primavera vuelves a ver el sol, tiras con esa rebeldía que te mantiene viva una vez más que el mar ha retirado la arena. La lluvia, el viento te susurran en las noche estrelladas que eres de otra naturaleza y debes liberarte. Tú voz es un susurro negado, pero se mantiene esperando el eco como el sonido del mar sobrevive, constante en el interior de la caracola. Aguardarás a que las condiciones mejoren para salir, para ser escuchada.
¿Cuánto tiempo ha pasado? El tiempo, una cadena más. Tiempo de cosecha.... ¿recuerdas? Llega la oportunidad y surgen otras posibilidades de crear otros vínculos.
Vínculos amorosos, vínculos que se sustentan en una conexión de aguas que se reconocen, se abrazan y se sostienen de forma recíproca. El amor que nos hace crecer y ser valientes, respetuosas, empáticas, libres. El amor que escucha y alienta, acoge, recoge los pedazos para recomponer y transformar siguiendo la técnica del Kintsugi. Y así hacer de la rotura de la pieza un nuevo objeto mas valioso recubriendo con oro las fracturas. Los vínculos amorosos te hacen te hacen vibrar más alto y desde su fuerza transforman el entorno, modelan las rocas, crean nuevos lechos de arena viajera, pulen piedras, generan, crean, alimentan y llega el momento de florecer dando lo mejor de ti, sacando la alegría, la complicidad, la honestidad. Los miedos se secan al sol de la caricia de una sonrisa, de un gesto cariñoso, de una mirada compartida. El respeto, la libertad, la sinceridad son el aire que hace extender las alas y surge la espuma de la justicia, el incondicional amor que nos alienta a ser.


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