jueves, 7 de mayo de 2026

Mila, arigatou

 

La primera señal de civilización es un fémur roto y curado.

Margaret Mead

Dos gatos conversan en la madrugada del cuatro de mayo en el jardín.

-        -   La llamaban Mila porque llegó aquí media muerta ya, y fue un milagro que sobreviviese. El padre no quería que pasasen sus bigotes del garaje pero, el hijo y la madre tenían claro que su estado era crítico y requería cuidados, y calor humano.

-      -      Mila estaba habituada al frío, a la calle. No la veíamos mucho, salvo cuando se escapaba ¿te acuerdas?

-      -      No se alejaba mucho, supongo que necesitaría dar una vuelta, airearse, recordar otros tiempos, sus otras vidas entre los cubos de la basura.

-        -    Sí sus vidas fueron intensas. Una noche me contó como extrañaba el olor del pescado aún vivo dando sus últimos coletazos al lado del río, cuando le arrebataba a algún pescador el pez. Extrañaba las gotas de rocío en sus bigotes despertándola al amanecer, entonces de estiraba en la rama de los árboles sin hojas aún y se quedaba adormilada mientras la niebla se disipaba. Enroscaba la cola en la rama y dormitaba esperando al sol. Últimamente le dolía la cola.

-        -    Pero si ya no la tenía, se la amputaron al poco de llegar. No creía que fuese a sobrevivir más de unos días, pero los cuidados del hijo la hicieron recuperarse, la ternura con que la trataba… Renunció a su habitación para que ella estuviese aislada en un espacio propio.

-      -      Eso fue cuando él se vino a dormir al salón y estuvo aquí durmiendo casi tres años. Eso no lo haría cualquier humano por nosotros.

-         -   No, desde luego  que aquí en España no. Su última vida fue mejor de que como la soñaba en sus otras vidas, cuando tenía que cazar para comer. Tenía mucha calle. Nosotros sabemos atrapar a algún topo en el jardín pero ya no sé si podríamos enfrentarnos a perros callejeros.

-         -   Era muy clara de pelo, y tenía los ojos claros, no entiendo como no logró un hogar antes.

-         -   Vivir con humanos no es para fácil. No, esto no es Japón. Aquí se ponen muy pesados. Están todo el día agarrándote, sacándote fotos, no te dejan dormir, pretenden que juegues esas cosas que te dan como si fuesen atractivos para nosotros. Pocos nos entienden. Ella era rebelde, independiente. Se enfrentó a dos perros callejeros que pretendían arrebatarle la comida. Se hizo daño en una pata en sus caídas. Esos saltos que nosotras no nos habríamos ni atrevido a intentar.

-           - Ya, saltar desde un puente al techo de un tren para llegar no se sabe dónde, yo no lo hubiese hecho.

-           - El hambre te hace moverte. Allí no había nada que comer, así que moverse o morir.

-       -     Ella encontró en este chico a alguien que supo darle su espacio. No la agobiaba para nada. Sus cuidados siempre fueron desde el respeto, tratando de que encontrase el espacio limpio y dejando que ella se apropiase de su territorio.

-         -   Sí hizo de su espacio intimo un hogar para los dos.

-         -   Sabía escuchar y ver cuándo quería mimos y caricias. Sin él hubiese muerto sola, detrás de los cubos o muerta aplastada por un camión sobre el asfalto.

-       -     Supo ver sus necesidades, la llevó al veterinario, le dio sus medicinas, se quedó con ella días y noches dándole la medicación, la comida cuando ya no podía casi ni abrir la boca. La acompañó hasta su último suspiro.

-      -      Si estuviésemos en Japón pondrían ahora un altar con sus cenizas, podrían una tablilla en la que se leyese Mila Sey Nyo ( Mila espíritu de tranquilidad ). Encenderían una vela, pondrían agua y dirían:  Mila, arigatau (Mila, gracias).

-        -    No te olvides de un platillo con su comida favorita. Encenderían un incienso y los escucharíamos decir Mila Sei Nyo, aquí tienes tu ofrenda.

-        -    Harían un gesto de gratitud juntando las manos delante del pecho y le darían las gracias por traer paz a la casa.

-        -    Trajo mucha serenidad a ese chico. Llegaba con sus preocupaciones, pensativo y verla lo transformaba, se sentía en paz con ella, contento, sereno.

-         -   Era hermoso ver cómo se desplegaba su capacidad de amar con tanta naturalidad.

-        -    Ahora se le ve tan triste.

-       -     No podía ser de otra manera.  La campanilla con su sonido vibrante y limpio limpiaría la energía de la tristeza que deja la pérdida para que el espíritu de Mila pueda descansar tranquila también. La vela se consumiría un rato más, y se cerraría el ritual apagándola al compás de mata ne, Mila. ( hasta luego Mila).

-       -     Ya, ya , pero no estamos en Japón y no tendrán altar con la urna de sus cenizas, flores, comida, ni incienso durante 49 días.

-        -    Ya, ya, esta gata trajo Iyashi.

-       -     Sin duda trajo esa sanación que trae consigo la calma, el vivir el amor desde el respeto, la escucha atenta y  el tierno cuidado.

-        -    Harán su ritual de despedida  según su cultura y sus costumbres. Aquí no hay Obon pero despiden a sus seres queridos. ¿Acaso lo dudas?

-          -  No, no lo dudo. Desde luego en todas partes del mundo los rituales de despedida comparten la gratitud por lo recibido.

-          -  Agradecer y recordar para lograr recomponerse. La echaremos de menos  a nuestra manera.

-     -       Sí claro, pero de lo que no tengo dudas es de que su espíritu aventurero, curioso y libre volverá en encarnar como humano.

-     -       Es probable y se encontrará con este chico de corazón generoso, noble, limpio,  gestos cálidos, tiernos y amorosos.

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