La primera señal de civilización
es un fémur roto y curado.
Margaret Mead
Dos gatos conversan en la
madrugada del cuatro de mayo en el jardín.
- - Mila estaba habituada al frío, a la calle. No la
veíamos mucho, salvo cuando se escapaba ¿te acuerdas?
- - No se alejaba mucho, supongo que necesitaría dar
una vuelta, airearse, recordar otros tiempos, sus otras vidas entre los cubos
de la basura.
- - Sí sus vidas fueron intensas. Una noche me contó
como extrañaba el olor del pescado aún vivo dando sus últimos coletazos al lado
del río, cuando le arrebataba a algún pescador el pez. Extrañaba las gotas de
rocío en sus bigotes despertándola al amanecer, entonces de estiraba en la rama
de los árboles sin hojas aún y se quedaba adormilada mientras la niebla se
disipaba. Enroscaba la cola en la rama y dormitaba esperando al sol. Últimamente
le dolía la cola.
- - Pero si ya no la tenía, se la amputaron al poco
de llegar. No creía que fuese a sobrevivir más de unos días, pero los cuidados
del hijo la hicieron recuperarse, la ternura con que la trataba… Renunció a su habitación
para que ella estuviese aislada en un espacio propio.
- - Eso fue cuando él se vino a dormir al salón y estuvo
aquí durmiendo casi tres años. Eso no lo haría cualquier humano por nosotros.
- - No, desde luego que aquí en España no. Su última vida fue
mejor de que como la soñaba en sus otras vidas, cuando tenía que cazar para comer.
Tenía mucha calle. Nosotros sabemos atrapar a algún topo en el jardín pero ya
no sé si podríamos enfrentarnos a perros callejeros.
- - Era muy clara de pelo, y tenía los ojos claros, no
entiendo como no logró un hogar antes.
- - Vivir con humanos no es para fácil. No, esto no
es Japón. Aquí se ponen muy pesados. Están todo el día agarrándote, sacándote fotos,
no te dejan dormir, pretenden que juegues esas cosas que te dan como si fuesen
atractivos para nosotros. Pocos nos entienden. Ella era rebelde, independiente.
Se enfrentó a dos perros callejeros que pretendían arrebatarle la comida. Se
hizo daño en una pata en sus caídas. Esos saltos que nosotras no nos habríamos
ni atrevido a intentar.
- - Ya, saltar desde un puente al techo de un tren para
llegar no se sabe dónde, yo no lo hubiese hecho.
- - El hambre te hace moverte. Allí no había nada
que comer, así que moverse o morir.
- - Ella encontró en este chico a alguien que supo
darle su espacio. No la agobiaba para nada. Sus cuidados siempre fueron desde
el respeto, tratando de que encontrase el espacio limpio y dejando que ella se
apropiase de su territorio.
- - Sí hizo de su espacio intimo un hogar para los
dos.
- - Sabía escuchar y ver cuándo quería mimos y
caricias. Sin él hubiese muerto sola, detrás de los cubos o muerta aplastada
por un camión sobre el asfalto.
- - Supo ver sus necesidades, la llevó al
veterinario, le dio sus medicinas, se quedó con ella días y noches dándole la
medicación, la comida cuando ya no podía casi ni abrir la boca. La acompañó
hasta su último suspiro.
- - No te olvides de un platillo con su comida
favorita. Encenderían un incienso y los escucharíamos decir Mila Sei Nyo, aquí tienes
tu ofrenda.
- - Harían un gesto de gratitud juntando las manos
delante del pecho y le darían las gracias por traer paz a la casa.
- - Trajo mucha serenidad a ese chico. Llegaba con
sus preocupaciones, pensativo y verla lo transformaba, se sentía en paz con
ella, contento, sereno.
- - Era hermoso ver cómo se desplegaba su capacidad
de amar con tanta naturalidad.
- - Ahora se le ve tan triste.
- - No podía ser de otra manera. La campanilla con su sonido vibrante y
limpio limpiaría la energía de la tristeza que deja la pérdida para que el espíritu
de Mila pueda descansar tranquila también. La vela se consumiría un rato más, y
se cerraría el ritual apagándola al compás de mata ne, Mila. ( hasta luego
Mila).
- - Ya, ya , pero no estamos en Japón y no tendrán
altar con la urna de sus cenizas, flores, comida, ni incienso durante 49 días.
- - Ya, ya, esta gata trajo Iyashi.
- - Sin duda trajo esa sanación que trae consigo la
calma, el vivir el amor desde el respeto, la escucha atenta y el tierno cuidado.
- - Harán su ritual de despedida según su cultura y sus costumbres. Aquí no hay
Obon pero despiden a sus seres queridos. ¿Acaso lo dudas?
- - No, no lo dudo. Desde luego en todas partes del
mundo los rituales de despedida comparten la gratitud por lo recibido.
- - Agradecer y recordar para lograr recomponerse.
La echaremos de menos a nuestra manera.
- - Sí claro, pero de lo que no tengo dudas es de
que su espíritu aventurero, curioso y libre volverá en encarnar como humano.
- - Es probable y se encontrará con este chico de
corazón generoso, noble, limpio, gestos
cálidos, tiernos y amorosos.


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