martes, 20 de septiembre de 2022
sábado, 23 de julio de 2022
Oviedo 2022
Comenzaron mis vacaciones y estuve paseando por mi ciudad sacando fotos durante varios días mientras charlaba con amigas y recordaba otra visión que hice de mi ciudad hace años, recordando cómo veía mi calle cuando era pequeña.
Ahora vuelvo a escribir sobre mi ciudad, recordando momentos de adolescencia, de juventud y observando desde el presente estos cambios que experimenta. Voy a compartirlos y espero que pronto pueda mostrar ese Oviedo del confinamiento también.
Espero que os guste y os agradezco de antemano los comentarios que queráis dejar, Gracias
viernes, 22 de julio de 2022
miércoles, 6 de julio de 2022
Madrasa Ben Youseff Marraquech
MADRASA
Los zellij verdes, negros, amarillos se reflejaban en el agua de
la fuente del patio interior. La belleza del estuco ascendía por las cuatro
paredes y el cielo se enmarcaba más azul desde allí.
Recorrimos las habitaciones de la planta baja, y entre claroscuros, una presencia nos invitaba a seguir adentrándonos en los reducidos cuartos, sin dejar ni uno por visitar, de los ciento treinta y dos. Era como si los estudiantes nos esperasen, alumnos jóvenes que aprendían los versos sagrados y las leyes coránicas recitando una y otra vez, al compás de un balanceo constante. En aquellas celdas con escasa iluminación nos parecía verlos sentados, en el escalón de la puerta, con los pies descalzos sobre el zellij,
buscando la redondez en aquellos cuadrados de colores verdes, negros, blancos y amarillos, compartiendo las confidencias alumbradas por las claraboyas. Mientras, en el piso superior los mayores recorrían los pasillos, encontrándose en las habitaciones centrales con el maestro, que les mostraría a los más despiertos, algún texto prohibido que hablase de las sultanas olvidadas, de Sitta al Horna, de Malika Qurtyba conocida como Sunh, sultana de Córdoba.
Horas de estudio y oración, plegarias hacia Alá, envueltos por su
nombre por los cuatro costados, giraban
en noches de luna llena, sobre el mármol tibio de aquel patio y se sentían más
cerca de la plenitud por unos instantes, hasta que perdían el equilibrio y las
manos firmes de otro estudiante los sostenía entre risas y caricias.
En el corazón de aquellos pasillos la música brotó, barrió los
rincones elevándose aquella Nana que vino del agua y volvía al agua
purificadora, a mecer los sueños de aquellas almas estudiosas, que vivieron
años de sacrificio en nombre de Alá. ¡Allahuakbar,
Dios es grande! La voz profunda de Cova
se elevaba, envolviendo, acogiendo colmaba la estancia, cada oquedad del
estuco, cada beta de cedro tallado, amansando, desterrando el desasosiego,
liberando el deseo de ser hombre y mujer, compañeros en la vida, en su
recreación.
La puerta se cerró y de nuevo estábamos en casa, éramos las dueñas
de
La llave se gira y abren la puerta exterior. Disculpas, abrazos,
risas, los nervios afloran, y tranquilizamos al guarda. Tres mujeres encerradas
en la Madrasa, suceso insólito para algunos. Para nosotras fue acudir a la
llamada de esas generaciones de hombres jóvenes que lucharon contra sí mismos
para seguir estudiando y necesitaban encontrar el sentido a su sacrificio.
lunes, 27 de junio de 2022
El Beso
Carmín para iniciar el día, entre prisas y fotocopias unos segundos para devolver un guiño de complicidad - ...entre ese montón de cosas no me enteré de que: El lugar más bonito del mundo, era para mí.- - Ya lo sé-. Después, un abrazo y un beso tierno, tan cálido, tan lindo que no pude borrar las huellas de ese rojo pasión de mi mejilla, sentí que no debía de hacerlo..
¡Cuántas preguntas me abordaron en ese día!. ¿Qué tienes ahí?, ¿quién te ha mordido?, ¿quién te pintó?, ¿quieres un clinex?, ¿te dio un beso una niña en el ensayo de la función?, ¿te han besado?.
Y ¡cuántas fueron las miradas a hurtadillas, los ojos que evitaron el reencuentro con las huellas de un beso?. Fueron muchas más los ojos que los interrogantes. Y sólo un príncipe de cuatro años me dijo: - Fue Consuelo quien te beso ¿verdad?.- Afirmé con la cabeza y recordé la mirada de Cuen al regalarme el único beso de aquel año.
¿Por qué es tan inquietante un beso?. ¿Cuál es el poder del beso?. Este ha sido el beso más inquietante, provocativo y tierno que me recibido y conservo en mi álbum de lenguajes auténticos.
jueves, 6 de enero de 2022
La voz de la medusa
Los ojos tardaron unos segundos
en adaptarse a los claros oscuros. En unos minutos el frescor apacible, ansiado
me rodeó todo el cuerpo y me sentí como la flor recibiendo el rocío del
amanecer. La relajación me embargó y entrecerré los ojos. El calor sofocante se
disipó y el aire húmedo del subterráneo restauró el ritmo suave de mi
respiración. El olor a humedad se fue abriendo paso mientras los claroscuros
iban danzando ante mi mirada maravillada que perdía la noción de lo que está arriba
y abajo en los espejos de agua en los que se reflejaban las bóvedas de crucería
del techo. El eco de las aguas discurriendo por cañones me traía el crepitar de
los carbones y sobre ellos la tetera salvaguarda la simiente de mil historias
con las que se aligerarán las noches de luna, los atardeceres, los amaneceres silenciosos
en los que las mujeres salen a recoger la leña con la que la avivar ese fuego con
el que preparar el té para iniciar el día antes de que el silencio se rompa con
la llamada a la oración.
Estaba en medio de ese ensimismamiento en el que los sentidos despertaban memorias antiguas, cuando mi mirada vislumbró la mirada de la medusa, boca abajo envuelta en el verdor de aquella humedad que velaba el rostro de la gran medusa, capaz de petrificar con su mirada a quienes se cruzasen en la trayectoria de su mirada. Boca abajo su poder se eclipsaba pero me susurró en una lengua desconocida para mí en aquel momento un mensaje, un anuncio. Entre el tintineo de las gotas que se caían de la superficie donde la vida bullía en las salas de los hamanes, en los zocos de las especies, en las aguas de las abluciones que se extendían por sus siete colinas. Entre gota y gota mi memoria guardó ese susurro y se quedó guardado en lo más profundo, durante años.
Años después fue al ver un vídeo de la cisterna de Mazagan volví a sentir aquellas sensaciones que tuve en la Cisterna de Estambul, y contemplar los haces de luz entrado caer sobre el agua y el círculo de piedra en el centro de las columnas que sostienen las bóvedas de crucería me vi a mi misma jugando con el agua en aquel lugar, danzando entre las gotas de agua que de se expandían desde la oscuridad a los haces de luz generando un clima lúdico, de risas, juegos, de reencuentros. Las luces indirectas de aquellos haces de luz generaban un laberinto de escondites, de rincones en los que explorar la humedad de las bocas que se reencuentran tras tantos años de búsquedas inciertas, y los ecos de las aguas se mezclan con las lágrimas y los restos de pólvora para salvaguardar ese instante en que te dejas atrapar y fluyes en la mirada del amado siendo la gota que inicia un nuevo río, un nuevo cañón en este oasis de rocas luminosas, cubiertas de yodo y sal marina. Entrecierro los ojos y escucho a la Medusa susurrar:- Irás a El Jadida, eso es nasib, destino.
martes, 28 de diciembre de 2021
Reencuentros
En aquel mes de marzo el tiempo se detuvo en aquella cocina, el calendario ya no dejó caer más hojas desde aquel fatídico mes de marzo de 20200. Los relojes siguen con su tic tac pero allí se detuvo todo. Las cuentas del rosario siguen moviéndose ágiles entre los dedos de la abuela que las desliza entre susurros, nombrando sin voz quizás los noventa y nueve nombres de Allah, o las suras que ruegan por su nieta, por Hanzada. La luz que su presencia irradiaba ya solo alimenta los sueños de sus hermanos a los que les dice que no lloren por ella, que está bien y se alegra de haber conocido a todas las personas que conoció en la Tierra.
La oquedad es tan grande, tan abisal… los ecos de su presencia nos rodean y nos coloca alrededor de una mesa pero el vacío te araña el alma y no aciertas a comprender, a asumir ese vacío, te dejas llevar por una rutina, por un discurrir en el que solo encuentras oquedades, ecos, vacíos y aguardas a que la rosa vuelva a florecer, vuelva a tomar fuerza y renazca quizás la próxima primavera. Mientras el retrato de mi niña sentada sobre una pila de libros posa abriendo uno entre sus manos, leyendo, aprendiendo que era a lo que se aferraba en los momentos más duros, cuando intuía que algo no estaba bien y su salud iba quebrándose cada día un poco más. La parra que cuidan en el patio lleva su nombre, quebradiza rodea la ventana aguardando la salida del sol. El invierno está aquí, sigue dentro de nosotras y aunque llegan nuevos rostros, nuevas vidas el dolor sigue ahí.
La vida no empieza ni acaba en unas notas de instituto, ni de clase. La vida no puede condensarse en un número. Un número de seguidores, de medias,… Me llegan invitaciones a canales de video en que mujeres extranjeras desde sus casas en otro país comienzan a contar cómo cocinan los platos de los países de origen de sus maridos, de sus países, comienzan a hablar de esos puentes olfativos, sabrosos que nos hacen viajar con un aroma que te lleva a la calle de infancia, al día de una boda, a la fiesta de compromiso de una prima donde conocieron al que hoy es su marido, a la alegría de volver a un lugar en el que sientes que tienes tu lugar. Luego pasan a hablar de esos puentes amorosos, de esos vínculos que se establecen en esos encuentros interculturales en los que tratan de crear con sus maridos e hijos e hijas. Encontrar un lugar donde poder ser, donde poder crear desde el amor, la confianza y el respeto un mundo nuevo, donde las agresiones externas son reconocidas y tratan de encontrar una vía para ser compensadas, para superarlas. Se enfrentan al silencio cómplice de la violencia que ejercen leyes, sociedades hipócritas, creando un canal en una plataforma digital donde queda constancia de su historia, de su vida, de sus miedos, de sus angustias, de sus sueños.
Hay silencios infranqueables, difíciles de explicar. Veo a estas mujeres en múltiples canales, mostrando sus cocinas, sus rostros maquillados para el evento en una red de miradas ajenas donde muestran parte de una vida que está más cercana a la anhelada que a la real, muestran una parte de esa cotidianidad que es el espejo de miles de mujeres, buscan ese click para seguir nutriéndose de seguidoras y tratar de sacar alguna rentabilidad en ese diálogo sordo y mudo, aséptico. Sin olor, sin sabor comparten un té en el que hablan buscando mostrar una versión de sí mismas en la que adoptan una máscara alegre, jovial, o revindicativa pero capaz de sortear las censuras. Las verdades no están de moda, las soledades tratan de paliarse con el sostén de una red de desconocidas que se conectan y oprimen la mano levantada, pero no hay diálogo desde el interior, desde la profundidad. Para profundizar es necesaria la intimidad de la mirada a los ojos, del olor a las especies con las que cocina cada una, el calor de los abrazos de los cuerpos, lejos de la cámara, de los efectos de las luces de neón.
En el encuentro con otras mujeres alrededor de los pastelitos y del té caliente humeante surgen las confidencias, las miedos, los rubores de los más jóvenes que anhelan saber a qué saben los besos que no dan y con los que sueñan pero la distancia física impone, los móviles trazan cadenas de controles férreos, nuevas formas de sometimientos, perros viejos con otros collares aullando a la luna en los callejones fétidos. Reaparecen las viejas cadenas envueltas en emojis, en gifs, a una velocidad trepidante que aturde la capacidad de reflexionar sobre el sentido de las acciones, sobre la relevancia de los mismas. Así conviven en estas nuevas cárceles, muchas mujeres que no tienen la posibilidad de hablar con otras como ellas, que han vivido lo que ellas están viviendo, no hay ayuda, acompañamiento, no hay confianza para entender lo que ocurre. La presión desde fuera es otra, viven en dos mundos, en tres y sorteando las exigencias de unos y otros con el silencio como su único aliado, la invisibilidad como estrategia de supervivencia hasta que encuentran en esa pantalla de sus móviles un universo en el que emitir señales que pocos saben descifrar. Hay demasiado ruido, demasiada información intrascendente, pocas preguntas, cuestiones intrascendentes desde el ombligo.
¿Cómo explicar la importancia de tener un compromiso en puertas a los dieciséis años en el mundo occidental? ¿Cómo explicar que en este contexto occidental mientras otras chicas experimentan los primeros besos, las primeras relaciones en el pupitre de al lado bajo el hiyab todo eso es considerado haram y atenta contra el honor de la familia? ¿Cómo conciliar oriente y occidente en el corazón de estas jóvenes que viven en mundos paralelos con exigencias contradictorias? ¿Cómo mediar para que se sientan libres de poder decidir por si mismas?