jueves, 13 de septiembre de 2012


ILUSION DEL COMIENZO
Una nueva etapa comienza al arrancar el final del verano. Las margaritas amarillas llevan anunciando desde hace una semana con su esplendor, el crepitar de este ciclo que se cierra cada verano y el comienzo del nuevo periplo en las aulas. Un nuevo curso académico, para los que estamos al otro lado del pupitre también. Los trámites cada año son los mismos, pero con matices que nos llevan a preguntar una y otra vez. Es la ocasión para el reencuentro con personas con las que compartes este tiempo de espera, de incertidumbre. No recuerdas sus nombres, aunque cómo podrías recordar un dato que jamás te dieron. Te conoces de verte en la cola, con los papeles que firmas, certificados médicos dando constancia de una salud física adecuada, y entre firmas, números de cuenta bancaria ya no juramos, prometemos.
            Aprendimos a no jurar por no tentar a la suerte, a las fuerzas superiores, o porque nos enseñaron que no debemos jurar en falso. Le pregunté qué prometía a una compañera de Facultad, con la que comparto más tiempo durante nuestros intentos fallidos opositando que, durante los tres años que compartimos aula. - Yo firmé y prometí no hacerme daño, no precipitarme demasiado. Prometí ser fiel a mi actitud vital de ayudar a los que me rodean, de involucrarme hasta el límite de mis responsabilidades, dejando atrás esos límites que marca la ética y el deseo de construir un mundo mejor.
            Nos despedimos intercambiando una vez más los teléfonos y me quedó en la memoria sus ojos grises ajados, roídos por las ojeras. ¿Dónde está la mirada alegre de aquella compañera, su dulzura?. ¿Qué habrá visto ella en mis ojos? ¿Habrá visto la misma promesa?. ¿Cuántos estaríamos a la cola si el examen médico fuese psiquiátrico?
            Este año descolgaré el teléfono y la llamaré, porque su mirada no puede apagarse en el silencio. Es cierto que las ilusiones hay que inventarlas, generarlas desde adentro del corazón para encontrar una razón por la que levantarse cada mañana.

ED Esencias  Nº28 sept 2005

El hombre alambre



Siempre había sido considerada como la alegría de la casa. Era el último bicho de una familia numerosa y se permitía gozar del momento presente, prescindiendo de la ubicación del lugar donde se hallaban los recuerdos de la infancia y los amigos de su adolescencia. De la distancia transoceánica había aprendido a reconocer los sentimientos como los únicos tesoros eternos. Y a pesar de que su valija en cada viaje siempre se rompía, siendo un motivo para la provocación de risas y del análisis agrio de una sociedad demasiado acelerada como para mostrar un mínimo de educación y gentileza, en este viaje no se desparramó. Tal vez en este trayecto la maleta llevaba la sobrecarga justa y necesaria.

El reencuentro con la ciudad había sido alegre, bullicioso, sereno. El paseo del año anterior se había tornado rutina matinal. La doctora Rey desciende las pendientes que desembocaban en el puerto. Tras sacar boleto embarca rumbo a Cangas, al otro lado de la ría y al llegar busca con avidez a las mujeres extrayendo navajas sobre la arena.

Ahora se sentía dentro de la lámina que el año anterior contemplaba con los ojos inocentes de la niña que habitaba dentro de ella. Un año puede resultar poco tiempo para lograr grandes transformaciones, pero en las coordenadas de los sentimientos nuestro tiempo lineal no es más que un mero objeto que adorna la muñeca de nuestra mano derecha.

La ciudad la había reconocido, el sireno le guiñó un ojo al verla y ella le susurró el final de aquel poema: - No preguntó cuántos son, sino que vayan pasando -. Incluso la reconocieron algunas de las gaviotas que contemplaba desde el Hostal sobre los tejados, en la mañana, antes de partir hacia la consulta.

Al cabo de unos días trató de llamar por teléfono a sus amigos y para no variar, las cabinas seguían tragando monedas mientras negaban la comunicación. Por un instante fugaz se le pasó por la cabeza pensar que el único diálogo posible y necesario era consigo misma. Y así fue como su propia voz se entremezclaba con los ecos del pasado generando un discurso nuevo.

En este discurrir de conocidos acontecimientos escuchó la voz de un hombre que con ayuda de un altavoz reclamaba la atención de los transeúntes: - Señoras, señores, niños y niñas vengan a ver al Hombre Alambre. No se marchen. Ahora tienen la oportunidad de contemplar a un artista descendiente de los mejores circos de Damasco. ¡El Hombre Alambre!- La doctora Rey buscó la fuente del sonido. Entre las copas frondosas de tilos y castaños vislumbró un alambre que ascendía entre las ramas y en el extremo superior sobre una pequeña tabla rectangular, un hombre desafiaba la ley de la gravedad con sus piruetas. Se encaminó hacia allí y pudo escuchar, bajo una pequeña jaima la historia con la que comenzaba el espectáculo circense:
- Quiero presentarles a los artistas que integramos los restos del gran Circo India, descendientes del Gran India que inició su trayectoria en Damasco. Recorrimos todo Oriente Próximo y en nuestra trayectoria hemos sido despojados de las actuaciones del Lanzador de Cuchillos, el Hombre Elefante, de la Mujer Barbuda , por la mala baraca. El destino nos ha traído desde Oriente hasta este Occidente y esperamos, confiamos, inchala, en que podamos resurgir y volver a levantar la gran carpa multicolor, bajo la que vivimos antaño días de gloria y esplendor. En sus manos, honorable público, está facilitarnos el trayecto.

Ahora tienen la oportunidad única de vivir y conocer a algunos de los mejores artistas circenses. Nuestro espectáculo no es un circo de fieras y domadores, sino que está integrado por personas cuyas cualidades han sido motivo de rechazo en la sociedad, pero que han encontrado bajo la carpa del Circo el amparo sustentador y cálido de una familia, su familia el Lanzador de Cuchillos por ejemplo, antes vivía corroído por los celos, maltrataba a su esposa y el Circo le proporcionó la forma de enfrentarse a esa violencia de forma creativa. Aprendió a lanzar largos, punzantes y afilados cuchillos alrededor de su mujer con una habilidad tal, que fue incluso capaz de atravesar la alianza matrimonial que ella sostenía entre su índice y su pulgar. ¿Quieren verle en acción?.-
El público clamó un rotundo sí entre aplausos. Y el lanzador tomó la palabra:
- Me encantaría poder mostrarles mis habilidades, pero en Algeciras me retuvieron mis cuchillos. Nos han vapuleado quitándonos las herramientas de trabajo, ahora el gobierno dice que debemos pagar unos impuestos para poder introducir todas mis armas blancas como ellos dicen: .- Miró hacia arriba con unan mueca de indignación mientras cedía el micrófono a su esposa. Esta lo tomó con ambas manos y tras presentarse con brevedad prosiguió con la narración de su esposo.
- Los cuchillos y lanzas que usamos en nuestro espectáculo pertenecieron a un emir y las adquirimos en un zoco del norte de Arabia. Son piezas antiguas y formaban parte de la herencia que se ha transmitido de padres a hijos, junto con los relatos de cada batalla donde se cincelaron. Gastamos todos nuestros ahorros para adquirirlas en aquel zoco. Y al llegar a la frontera de este país, nos retuvieron las herramientas que nos proporcionan el sustento. Nos acusaron de ladrones de tumbas. Traficantes de antigüedades y expoliadores del patrimonio artístico fue la acusación que tuvo que rebatir el abogado, al que pagamos con el dinero ahorrado. Al menos él lavó nuestro nombre y hemos conseguido salvaguardar nuestra identidad de artistas circenses. Pero ahora debemos ingresar unos altos impuestos para recuperar los cuchillos. Contribuyan con lo que puedan para que podamos proseguir con nuestro camino y recuperar la Gran Carpa. Ayúdenos a salvaguardar nuestra forma de vida. No somos vagabundos. ¿Qué será de Jativa, la Mujer Barbuda ?. Pero esa es otra historia que deberá ser narrada tras el espectáculo del Hombre Alambre. Disfruten de las acrobacias de este hombre capaz de desafiar las leyes de la física.

Todo el público alzó la vista y a varios metros por encima de las copas de los árboles el Hombre Alambre contrarrestaba las leves oscilaciones del cable y enlazaba una pirueta con otra a medida que los gritos de asombro se elevaban. Al acabar la actuación, el Hombre Alambre saludó desde la cúspide y deslizándose con una mano y un pie descendió hasta tomar tierra aferrado al cable. Tras un sonoro aplauso el director del Circo retomó la narración con la historia de Jativa, la Mujer Barbuda .
- Como pueden apreciar, Jativa es la única Mujer Barbuda que en estos momentos está calva. Pero su calvicie obedece al mal de amores. Sí, señoras y señores, a pesar de que éstos son malos tiempos para la lírica, Jativa ha enfermado de amor. Su historia se remonta a épocas pasadas. Todo comenzó con una antepasada suya que ustedes conocen. Sí, todos ustedes han visto su rostro hermoso, se han parado a contemplar la sensual sonrisa de la antepasada de Jativa. No me miren con esos ojos incrédulos. Todos han visto aunque sea en una mala reproducción el cuadro con la famosa Gioconda ¿no?. Pues bien, la primera Jativa fue la modelo que posó para ese cuadro. Y hacerlo supuso para ella y sus descendientes padecer una maldición. Sí, todos sus descendientes pagarían el alto precio de su egoísmo. Esta mujer quiso ser tan hermosa que su misterio no fuese desvelado jamás. Y para ello no dudó en cargar a sus descendientes con la maldición de ser bellezas frías, inalcanzables, demasiado misteriosas y huidizas como para ser amadas por hombres mundanos. Y aquellos capaces de intentar seducir no estuvieron al alcance de las hijas y las nietas y biznietas de la primera Jativa. Desde su torre de hielo consiguieron al menos engendrar y con la simiente no perder el ápice de esperanza que las llevaría a ser amadas, a pesar de la aparente tosquedad gélida con que se relacionaban. La abuela de nuestra Jativa logró amortiguar la maldición transformando el hechizo del misterio helado por la abundante cabellera y así en cada generación se incrementó la extensión capilar, hasta llegar a nuestra Jativa, que más parecía una muñeca de peluche que una mujer cuando se incorporó a nuestro circo. Ni las cremas depilatorias, ni el láser, ni las cuchillas de afeitar, ni los ungüentos más extraños lograron que su cabello desapareciese y casi cuando estaba al borde de la desesperanza se cruzaron nuestros destinos. El circo supuso para ella una forma, la única de ganarse la vida, sin tener que estar diariamente afeitándose. Así como la posibilidad de recorrer gran parte del mundo con lo cual, las posibilidades de encontrar a un hombre que la amase a pesar de su cabello aumentarían. Durante años no encontró a nadie que la mirase como a una mujer. Hasta que un buen día, mientras repostábamos gasolina en una pequeña aldea su mirada se cruzó con la de Jaime, un vendedor de cupones, con el pelo blanco como la nieve, la piel roja y unos ojos demasiado sensibles a la luz que medio se entreabrían tras sus gafas. Aquello representó para ambos un flechazo. Y a medida que su relación se consolidaba el cabello de Jativa iba desapareciendo de su vientre, sus pechos, su espalda. El amor consiguió el proceso de transformación, pero el Circo debía de continuar su ruta y Jativa no podía abandonar a la única familia que tenía, así que Jaime abandonó su trabajo y se integró en el Circo llevando las cuentas de la taquilla. Jativa se había transformado en una brillante y hermosa mujer con la piel blanca. Un buen día aparecieron unos agentes judiciales con una orden de citación para Jaime. Este al abandonar su trabajo había incurrido en un delito grave y al no disponer del dinero que el banco le había prestado debía saldar la deuda con una estancia de varios años en prisión. Se lo llevaron esposado, como a un vulgar delincuente y ahora aguarda en su celda a que llegue el permiso para tener su vis a vis con Jativa. Los últimos tres permisos para esta visita fueron denegados y Jativa se encuentra de nuevo con el cabello alcanzando la rodilla y una brillante calva. Tememos por su salud. Nunca la hemos visto tan deprimida. A Jaime aún quedan por vivir años de prisión. Y tal como estamos no sabemos qué va a ser de nuestro futuro. Debemos reunir lo suficiente para recuperar nuestros artistas de más prestigio. Cuando la familia se reúna de nuevo podemos volver a gozar del éxito que antaño nos hizo sentirnos más libres, dignos, capaces de cosechar los tesoros del asombro y la risa en el público.-
Unos tímidos aplausos lograron arrancar una gran ovación en el público que se aglutinaba en la sala. La nube de globos se elevó y dejó al descubierto en el centro del auditorio a un hombre que ocultaba su rostro con una máscara capaz de cubrir dos cabezas. La música de una flauta se expandió alrededor de aquel extraño personaje que comenzó a moverse siguiendo su ritmo lento hasta que, en el punto álgido de la pieza, dejó caer la máscara y el Hombre Elefante se enarboló sobre la silla. Una voz dulce de fondo comenzó a contar su historia mientras él giraba con movimientos paquidermos manteniendo sobre su cabeza una pelota.

- Los elefantes, como ustedes ya saben, se caracterizan por poseer una gran memoria y unas orejas enormes. Nuestro amigo posee estos atributos y son ambos motivos de su alegría y su desgracia. Con sus desmesurados pabellones auditivos escuchaba más allá de la voz que ustedes y yo podemos oír, él percibía la voz interna de las criaturas animadas e inanimadas, escuchaba hablar al alma. Y así era imposible engañarle. A pesar de que trataran de mentirle él captó siempre la verdad que se escondía en el fondo de la mirada y ante las sonrisas maliciosas, así como los múltiples engaños, decidió refugiarse en soledad cerca de las marismas. Vivía en paz consigo mismo y en equilibrio con la naturaleza. Por aquel entonces la soledad sólo era un amargo recuerdo, ya que el mar le susurraba interminables historias y cada marea le obsequiaba con un poema en el interior de cada zapato, de cada botella, de cada red que vomitaba en cada pleamar. Los peces le emocionaban con sus huidas de las fauces de anzuelos camuflados. Pero su vida cambió bruscamente cuando un empresario tras comprar los terrenos que ocupaban las marismas las anegó con múltiples camiones de tierra y piedras, para construir un camping. Las aves se despidieron del Hombre Elefante, ya no volverían a aquellas latitudes a criar y la agonía de los peces, las algas, los pequeños crustáceos desterraron la alegría del corazón del Hombre Elefante. Este trató de impedir aquella barbarie, pero nadie le apoyó y le atacaban por pretender interponerse en el avance del pueblo. Para él la llegada de gentes no suponía más que la degradación y la muerte de múltiples organismos vivos de incomparable belleza a cambio de unas monedas. El Hombre Elefante no era capaz de silenciar los gritos de dolor, la agonía de unas vidas truncadas a destiempo y comenzó a enfermar por no poder ni tan siquiera amortiguar tanto dolor. Antaño algún niño se había atrevido a hablarle y él había compartido con él las historias que la habían susurrado las olas sobre las sirenas, piratas, dioses como Neptuno, Afrodita, el Cocodrilo... Con su voz había conseguido transmitir la confianza necesaria como para que estos niños crecieran tratando de comprender y aprender el valor de la dignidad. Pero tras la catástrofe de las marismas el Hombre Elefante había perdido la voz, no era capaz de emitir ni el más suave de los sonidos. Su cuerpo iba consumiéndose progresivamente hasta que nuestro circo llegó a aquella aldea y Salman vio en este hombre la semilla de un gran contador de historias. Su memoria y su percepción serían una inagotable fuente de documentación para crear narraciones, dado que la ficción necesita ser creíble, mientras que la realidad no lo es. Sin duda la distancia sería la única forma de silenciar los aullidos de tanta masacre y tanto terror. Y así fue como el Hombre Elefante recuperó su voz con la ayuda de la leche de serpiente que le hicimos tomar. - Una gran ovación levantó al público y mientras un muchacho recogía las aportaciones los artistas saludaban y Salman, el director tomó la palabra:
- Agradecemos sus colaboraciones, con ellas contribuiremos a la conservación de nuestra forma de vida. Gracias. Esperamos haberles divertido, entretenido y ojalá sean capaces de ir más allá de lo habitual.

La función terminó y la Doctora Rey prosiguió su paseo. Al llegar al puerto pudo contemplar como un grupo de gaviotas ascendían con rapidez, evitando a un coche que a gran velocidad cruzaba la calzada. Una gaviota no fue capaz de levantar el vuelo a tiempo y la rueda agarró una de sus alas. Andaba a saltos, tratando de alinear el ala sin conseguirlo. Por la cabeza de la Doctora Rey comenzó a rondar la idea de no poder volar más, imaginó los sentimientos de una persona a la que le faltase una pierna, pensó en el bastón, en las muletas, en los dolores fantasmas de un miembro amputado, en la posibilidad de seguir desplazándose. Volvió la cabeza hacia el cielo y se dijo. - Pero dejar de volar lo cambia todo.-
No cabía la menor duda, sus percepciones se habían agudizado y la mirada había conseguido alcanzar la nitidez necesaria como para sentir y recetar la alegría de ser un superviviente del dolor de las ausencias.

Caminaba con lentitud observando el menú de los restaurantes que se encontraba a su paso y al leer en las pizarras milanesa, heladera, frazada, a su mente acudían escenas cotidianas pasadas. De repente sonó su móvil, miró la pantalla y constató su sospecha: era su amiga Encarna. Charlaron un buen rato: - Acabo de ver una actuación de un Circo en pleno parque. ¡El Hombre   Alambre! fue el reclamo. Tenías que haber estado acá. Sería una buena historia para que Esmeralda la escribiese -.




Siempre había sido considerada como la alegría de la casa. Era el último bicho de una familia numerosa y se permitía gozar del momento presente, prescindiendo de la ubicación del lugar donde se hallaban los recuerdos de la infancia y los amigos de su adolescencia. De la distancia transoceánica había aprendido a reconocer los sentimientos como los únicos tesoros eternos. Y a pesar de que su valija en cada viaje siempre se rompía, siendo un motivo para la provocación de risas y del análisis agrio de una sociedad demasiado acelerada como para mostrar un mínimo de educación y gentileza, en este viaje no se desparramó. Tal vez en este trayecto la maleta llevaba la sobrecarga justa y necesaria.

El reencuentro con la ciudad había sido alegre, bullicioso, sereno. El paseo del año anterior se había tornado rutina matinal. La doctora Rey desciende las pendientes que desembocaban en el puerto. Tras sacar boleto embarca rumbo a Cangas, al otro lado de la ría y al llegar busca con avidez a las mujeres extrayendo navajas sobre la arena.

Ahora se sentía dentro de la lámina que el año anterior contemplaba con los ojos inocentes de la niña que habitaba dentro de ella. Un año puede resultar poco tiempo para lograr grandes transformaciones, pero en las coordenadas de los sentimientos nuestro tiempo lineal no es más que un mero objeto que adorna la muñeca de nuestra mano derecha.

La ciudad la había reconocido, el sireno le guiñó un ojo al verla y ella le susurró el final de aquel poema: - No preguntó cuántos son, sino que vayan pasando -. Incluso la reconocieron algunas de las gaviotas que contemplaba desde el Hostal sobre los tejados, en la mañana, antes de partir hacia la consulta.

Al cabo de unos días trató de llamar por teléfono a sus amigos y para no variar, las cabinas seguían tragando monedas mientras negaban la comunicación. Por un instante fugaz se le pasó por la cabeza pensar que el único diálogo posible y necesario era consigo misma. Y así fue como su propia voz se entremezclaba con los ecos del pasado generando un discurso nuevo.

En este discurrir de conocidos acontecimientos escuchó la voz de un hombre que con ayuda de un altavoz reclamaba la atención de los transeúntes: - Señoras, señores, niños y niñas vengan a ver al Hombre Alambre. No se marchen. Ahora tienen la oportunidad de contemplar a un artista descendiente de los mejores circos de Damasco. ¡El Hombre Alambre!- La doctora Rey buscó la fuente del sonido. Entre las copas frondosas de tilos y castaños vislumbró un alambre que ascendía entre las ramas y en el extremo superior sobre una pequeña tabla rectangular, un hombre desafiaba la ley de la gravedad con sus piruetas. Se encaminó hacia allí y pudo escuchar, bajo una pequeña jaima la historia con la que comenzaba el espectáculo circense:
- Quiero presentarles a los artistas que integramos los restos del gran Circo India, descendientes del Gran India que inició su trayectoria en Damasco. Recorrimos todo Oriente Próximo y en nuestra trayectoria hemos sido despojados de las actuaciones del Lanzador de Cuchillos, el Hombre Elefante, de la Mujer Barbuda , por la mala baraca. El destino nos ha traído desde Oriente hasta este Occidente y esperamos, confiamos, inchala, en que podamos resurgir y volver a levantar la gran carpa multicolor, bajo la que vivimos antaño días de gloria y esplendor. En sus manos, honorable público, está facilitarnos el trayecto.

Ahora tienen la oportunidad única de vivir y conocer a algunos de los mejores artistas circenses. Nuestro espectáculo no es un circo de fieras y domadores, sino que está integrado por personas cuyas cualidades han sido motivo de rechazo en la sociedad, pero que han encontrado bajo la carpa del Circo el amparo sustentador y cálido de una familia, su familia el Lanzador de Cuchillos por ejemplo, antes vivía corroído por los celos, maltrataba a su esposa y el Circo le proporcionó la forma de enfrentarse a esa violencia de forma creativa. Aprendió a lanzar largos, punzantes y afilados cuchillos alrededor de su mujer con una habilidad tal, que fue incluso capaz de atravesar la alianza matrimonial que ella sostenía entre su índice y su pulgar. ¿Quieren verle en acción?.-
El público clamó un rotundo sí entre aplausos. Y el lanzador tomó la palabra:
- Me encantaría poder mostrarles mis habilidades, pero en Algeciras me retuvieron mis cuchillos. Nos han vapuleado quitándonos las herramientas de trabajo, ahora el gobierno dice que debemos pagar unos impuestos para poder introducir todas mis armas blancas como ellos dicen: .- Miró hacia arriba con unan mueca de indignación mientras cedía el micrófono a su esposa. Esta lo tomó con ambas manos y tras presentarse con brevedad prosiguió con la narración de su esposo.
- Los cuchillos y lanzas que usamos en nuestro espectáculo pertenecieron a un emir y las adquirimos en un zoco del norte de Arabia. Son piezas antiguas y formaban parte de la herencia que se ha transmitido de padres a hijos, junto con los relatos de cada batalla donde se cincelaron. Gastamos todos nuestros ahorros para adquirirlas en aquel zoco. Y al llegar a la frontera de este país, nos retuvieron las herramientas que nos proporcionan el sustento. Nos acusaron de ladrones de tumbas. Traficantes de antigüedades y expoliadores del patrimonio artístico fue la acusación que tuvo que rebatir el abogado, al que pagamos con el dinero ahorrado. Al menos él lavó nuestro nombre y hemos conseguido salvaguardar nuestra identidad de artistas circenses. Pero ahora debemos ingresar unos altos impuestos para recuperar los cuchillos. Contribuyan con lo que puedan para que podamos proseguir con nuestro camino y recuperar la Gran Carpa. Ayúdenos a salvaguardar nuestra forma de vida. No somos vagabundos. ¿Qué será de Jativa, la Mujer Barbuda ?. Pero esa es otra historia que deberá ser narrada tras el espectáculo del Hombre Alambre. Disfruten de las acrobacias de este hombre capaz de desafiar las leyes de la física.

Todo el público alzó la vista y a varios metros por encima de las copas de los árboles el Hombre Alambre contrarrestaba las leves oscilaciones del cable y enlazaba una pirueta con otra a medida que los gritos de asombro se elevaban. Al acabar la actuación, el Hombre Alambre saludó desde la cúspide y deslizándose con una mano y un pie descendió hasta tomar tierra aferrado al cable. Tras un sonoro aplauso el director del Circo retomó la narración con la historia de Jativa, la Mujer Barbuda .
- Como pueden apreciar, Jativa es la única Mujer Barbuda que en estos momentos está calva. Pero su calvicie obedece al mal de amores. Sí, señoras y señores, a pesar de que éstos son malos tiempos para la lírica, Jativa ha enfermado de amor. Su historia se remonta a épocas pasadas. Todo comenzó con una antepasada suya que ustedes conocen. Sí, todos ustedes han visto su rostro hermoso, se han parado a contemplar la sensual sonrisa de la antepasada de Jativa. No me miren con esos ojos incrédulos. Todos han visto aunque sea en una mala reproducción el cuadro con la famosa Gioconda ¿no?. Pues bien, la primera Jativa fue la modelo que posó para ese cuadro. Y hacerlo supuso para ella y sus descendientes padecer una maldición. Sí, todos sus descendientes pagarían el alto precio de su egoísmo. Esta mujer quiso ser tan hermosa que su misterio no fuese desvelado jamás. Y para ello no dudó en cargar a sus descendientes con la maldición de ser bellezas frías, inalcanzables, demasiado misteriosas y huidizas como para ser amadas por hombres mundanos. Y aquellos capaces de intentar seducir no estuvieron al alcance de las hijas y las nietas y biznietas de la primera Jativa. Desde su torre de hielo consiguieron al menos engendrar y con la simiente no perder el ápice de esperanza que las llevaría a ser amadas, a pesar de la aparente tosquedad gélida con que se relacionaban. La abuela de nuestra Jativa logró amortiguar la maldición transformando el hechizo del misterio helado por la abundante cabellera y así en cada generación se incrementó la extensión capilar, hasta llegar a nuestra Jativa, que más parecía una muñeca de peluche que una mujer cuando se incorporó a nuestro circo. Ni las cremas depilatorias, ni el láser, ni las cuchillas de afeitar, ni los ungüentos más extraños lograron que su cabello desapareciese y casi cuando estaba al borde de la desesperanza se cruzaron nuestros destinos. El circo supuso para ella una forma, la única de ganarse la vida, sin tener que estar diariamente afeitándose. Así como la posibilidad de recorrer gran parte del mundo con lo cual, las posibilidades de encontrar a un hombre que la amase a pesar de su cabello aumentarían. Durante años no encontró a nadie que la mirase como a una mujer. Hasta que un buen día, mientras repostábamos gasolina en una pequeña aldea su mirada se cruzó con la de Jaime, un vendedor de cupones, con el pelo blanco como la nieve, la piel roja y unos ojos demasiado sensibles a la luz que medio se entreabrían tras sus gafas. Aquello representó para ambos un flechazo. Y a medida que su relación se consolidaba el cabello de Jativa iba desapareciendo de su vientre, sus pechos, su espalda. El amor consiguió el proceso de transformación, pero el Circo debía de continuar su ruta y Jativa no podía abandonar a la única familia que tenía, así que Jaime abandonó su trabajo y se integró en el Circo llevando las cuentas de la taquilla. Jativa se había transformado en una brillante y hermosa mujer con la piel blanca. Un buen día aparecieron unos agentes judiciales con una orden de citación para Jaime. Este al abandonar su trabajo había incurrido en un delito grave y al no disponer del dinero que el banco le había prestado debía saldar la deuda con una estancia de varios años en prisión. Se lo llevaron esposado, como a un vulgar delincuente y ahora aguarda en su celda a que llegue el permiso para tener su vis a vis con Jativa. Los últimos tres permisos para esta visita fueron denegados y Jativa se encuentra de nuevo con el cabello alcanzando la rodilla y una brillante calva. Tememos por su salud. Nunca la hemos visto tan deprimida. A Jaime aún quedan por vivir años de prisión. Y tal como estamos no sabemos qué va a ser de nuestro futuro. Debemos reunir lo suficiente para recuperar nuestros artistas de más prestigio. Cuando la familia se reúna de nuevo podemos volver a gozar del éxito que antaño nos hizo sentirnos más libres, dignos, capaces de cosechar los tesoros del asombro y la risa en el público.-
Unos tímidos aplausos lograron arrancar una gran ovación en el público que se aglutinaba en la sala. La nube de globos se elevó y dejó al descubierto en el centro del auditorio a un hombre que ocultaba su rostro con una máscara capaz de cubrir dos cabezas. La música de una flauta se expandió alrededor de aquel extraño personaje que comenzó a moverse siguiendo su ritmo lento hasta que, en el punto álgido de la pieza, dejó caer la máscara y el Hombre Elefante se enarboló sobre la silla. Una voz dulce de fondo comenzó a contar su historia mientras él giraba con movimientos paquidermos manteniendo sobre su cabeza una pelota.

- Los elefantes, como ustedes ya saben, se caracterizan por poseer una gran memoria y unas orejas enormes. Nuestro amigo posee estos atributos y son ambos motivos de su alegría y su desgracia. Con sus desmesurados pabellones auditivos escuchaba más allá de la voz que ustedes y yo podemos oír, él percibía la voz interna de las criaturas animadas e inanimadas, escuchaba hablar al alma. Y así era imposible engañarle. A pesar de que trataran de mentirle él captó siempre la verdad que se escondía en el fondo de la mirada y ante las sonrisas maliciosas, así como los múltiples engaños, decidió refugiarse en soledad cerca de las marismas. Vivía en paz consigo mismo y en equilibrio con la naturaleza. Por aquel entonces la soledad sólo era un amargo recuerdo, ya que el mar le susurraba interminables historias y cada marea le obsequiaba con un poema en el interior de cada zapato, de cada botella, de cada red que vomitaba en cada pleamar. Los peces le emocionaban con sus huidas de las fauces de anzuelos camuflados. Pero su vida cambió bruscamente cuando un empresario tras comprar los terrenos que ocupaban las marismas las anegó con múltiples camiones de tierra y piedras, para construir un camping. Las aves se despidieron del Hombre Elefante, ya no volverían a aquellas latitudes a criar y la agonía de los peces, las algas, los pequeños crustáceos desterraron la alegría del corazón del Hombre Elefante. Este trató de impedir aquella barbarie, pero nadie le apoyó y le atacaban por pretender interponerse en el avance del pueblo. Para él la llegada de gentes no suponía más que la degradación y la muerte de múltiples organismos vivos de incomparable belleza a cambio de unas monedas. El Hombre Elefante no era capaz de silenciar los gritos de dolor, la agonía de unas vidas truncadas a destiempo y comenzó a enfermar por no poder ni tan siquiera amortiguar tanto dolor. Antaño algún niño se había atrevido a hablarle y él había compartido con él las historias que la habían susurrado las olas sobre las sirenas, piratas, dioses como Neptuno, Afrodita, el Cocodrilo... Con su voz había conseguido transmitir la confianza necesaria como para que estos niños crecieran tratando de comprender y aprender el valor de la dignidad. Pero tras la catástrofe de las marismas el Hombre Elefante había perdido la voz, no era capaz de emitir ni el más suave de los sonidos. Su cuerpo iba consumiéndose progresivamente hasta que nuestro circo llegó a aquella aldea y Salman vio en este hombre la semilla de un gran contador de historias. Su memoria y su percepción serían una inagotable fuente de documentación para crear narraciones, dado que la ficción necesita ser creíble, mientras que la realidad no lo es. Sin duda la distancia sería la única forma de silenciar los aullidos de tanta masacre y tanto terror. Y así fue como el Hombre Elefante recuperó su voz con la ayuda de la leche de serpiente que le hicimos tomar. - Una gran ovación levantó al público y mientras un muchacho recogía las aportaciones los artistas saludaban y Salman, el director tomó la palabra:
- Agradecemos sus colaboraciones, con ellas contribuiremos a la conservación de nuestra forma de vida. Gracias. Esperamos haberles divertido, entretenido y ojalá sean capaces de ir más allá de lo habitual.

La función terminó y la Doctora Rey prosiguió su paseo. Al llegar al puerto pudo contemplar como un grupo de gaviotas ascendían con rapidez, evitando a un coche que a gran velocidad cruzaba la calzada. Una gaviota no fue capaz de levantar el vuelo a tiempo y la rueda agarró una de sus alas. Andaba a saltos, tratando de alinear el ala sin conseguirlo. Por la cabeza de la Doctora Rey comenzó a rondar la idea de no poder volar más, imaginó los sentimientos de una persona a la que le faltase una pierna, pensó en el bastón, en las muletas, en los dolores fantasmas de un miembro amputado, en la posibilidad de seguir desplazándose. Volvió la cabeza hacia el cielo y se dijo. - Pero dejar de volar lo cambia todo.-
No cabía la menor duda, sus percepciones se habían agudizado y la mirada había conseguido alcanzar la nitidez necesaria como para sentir y recetar la alegría de ser un superviviente del dolor de las ausencias.

Caminaba con lentitud observando el menú de los restaurantes que se encontraba a su paso y al leer en las pizarras milanesa, heladera, frazada, a su mente acudían escenas cotidianas pasadas. De repente sonó su móvil, miró la pantalla y constató su sospecha: era su amiga Encarna. Charlaron un buen rato: - Acabo de ver una actuación de un Circo en pleno parque. ¡El Hombre   Alambre! fue el reclamo

. Tenías que haber estado acá. Sería una buena historia para que Esmeralda la escribiese -.




> From: esmeralda vizcaino <evizcainoe@yahoo.es>
To: OE <salvaje@poesiasalvaje.com>
Date: sábado, 10 mayo 2003 14:12
Subject: RELATOS

Buen dia:
Espero y deseo que este espacio d elibertad prosiga su andadura en este mundo. Ojal así sea e simportante tener espacios de expreson para le encuentro con uno mismo. Aunque sea dificil sobrevivir entre los tiburones.
Os remito alguno d emis ultimos trabajos con la esperanz ay la ilusiond everlos cobrar vida d e vuetsra mano, en vuestra página.
Fuerza y coraje
correo de esmeralda


por Esmeralda Vizcaíno
a 1 de Junio 03

ir a barcazas de atunes 
por Esmeralda Vizcaíno
a 1 de Junio 03


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA
Las campanadas anunciaban la llegada de la media noche. Con la última uva cerró los ojos. En su mente se veía arrancar las hojas del calendario con violento frenesí, hasta detenerse en el mes de agosto. Visualizó una playa inmensa, solitaria, al amanecer. La marea subía y los primeros turistas se instalaban en la arena blanca. Sintió la cálida mirada de los ojos ávidos deslizándose por su rizada cabellera, hasta detenerse en sus turgentes pechos, caderas,... Podía sentir el deseo de aquellos que la imaginaban completamente desnuda. Por fin, sería una auténtica mujer. Y volvería en busca de Andrés para hacerlo suyo.
Acariciaba su vientre con melancólica ternura en movimientos circulares cuando, al abrir los ojos se encontró con que no había nadie a su alrededor en la plaza. La sirena de la policía rompió el silencio. El coche patrulla se detuvo a su lado y una pareja de policías se aproximó. Uno de ellos le requirió la documentación. Al ver la foto del D.N.I. se sorprendió y se la mostró a su compañero. Este tras verla sacó las esposas y con aire de superioridad le dijo: - Vamos, Juan Antonio quedas detenido. Esta vez hasta la primavera no saldrás del trullo.

Editado por: La caja de Pandora, 1997 Oviedo

Me acuerdo...


Bon Voyage
La sola idea de tener que pasar una noche solo, le aterrorizaba. Durante la caída hacia el abismo dejó un rastro de lágrimas  y una canción que su vecina escuchaba mientras los empleados de la funeraria terminaban su trabajo.

¿Democracia?
- ¿A favor, en contra? Ocho contra veinte. Decidido vacaciones.- Dijo la Rotenmeller.
- ¿Pero y los veinte restantes?- Dijeron desde la última fila.
- El que calla asiente. Vacaciones por mayoría.- Se fue y no volvió.


VARIOS: Me acuerdo... Ed Ayuntamiento de Oviedo.1995     

Hamman el baño turco


HAMAN, EL BAÑO TURCO
        
La música con sus ritmos implacables te hace comprender desde el primer instante que nos van a introducir en dos mundos: uno reprimido, estático que se desliza como una bola de nieve corriente abajo y otro auténtico, donde ese ritmo del tambor es el ritmo del corazón, de la pulsión vital que nos hace ser lo que somos. Te introduces en ese compás que te hace mover los pies y vas conociendo a esa mujer que luchó por abrir su haman en un mundo masculino, donde ella se ganó el respeto de los varones.
         La descubres a través de sus cartas de sus ropas, de su boquilla para agarrar el cigarrillo como en el Crepúsculo de los dioses. Pero sobre todo sus cartas te cuentan ese viaje interior, espiritual que ella inició en Estambul y que Francesco inicia siguiendo sus huellas al igual que su mujer. Vino buscando una ruptura y se encontró con otra forma de vida.
"Ojalá crezca con una mirada limpia para que pueda reconocer sus deseos y unos brazos fuertes para hacerlos realidad."
Una vida que se eclipsa entre las prisas del siglo XXI sin un brillo en la mirada y de repente todo cambió con la muerte inesperada de una tía la que nunca conoció. Francesco ( Alessandro Gassman) emprende viaje hacia Turquía. Allí le toma el pulso a una ciudad donde el ritmo es distinto, donde una brisa suave logra que se desvanezca la angustia. Una ciudad donde su tía fue feliz, donde se encontró a sí misma en aquel haman que adquirió y restauró para proporcionarles a los hombres un lugar para sus desahogos, ya que ella nunca fue capaz de negarle ningún placer a un hombre. Entre vapores y masajes emergen los secretos, las confidencias y lejos ya de la armadura de la norma social el placer bulle libre, envolvente, denso como el vapor.

Editado Nemetón Nº 5 sep/dic 2000

DESDE MATHAUSEN

            Tras dos años de la muerte de mi padre volví a la casa donde viví mi infancia. La constructora iba a demoler el bloque de edificios y sentí la necesidad de volver a aquel ático. En el interior del baúl donde mi madre guardaba su ajuar encontré un cuaderno. Tras sentarme me dispuse a leer las únicas palabras que contenía:
            Soy un superviviente del dolor de las ausencias. No sólo de las ausencias de aquellos a quienes amé y abandoné, sino de lugares y vivencias que me ha negado la vida, el destino o los dioses, como prefieran. Sólo sé que me han dejado vacíos. ¿Quién es el culpable?. Ni lo sé, ni me importa ya.
            El tiempo, mi tiempo, está tocando a su fin. Pronto estaré lejos de las garras del espacio y del paso del tiempo. Estas abstracciones que determinan las coordenadas de la vida y las emociones de aquellos que eran como yo, miembros de una raza, llamada humana, ya no me afectan. Estoy en otra dimensión que no podéis comprender desde la racionalidad.
Soy un abrojo que trata de seguir respirando, aunque mis pulmones se han embrutecido con el humo de las chimeneas de Mathausen. Ni tan siquiera el tiempo ha logrado disipar las cenizas de tanta masacre y tanto terror.
Cruzas el umbral de la puerta del campo y bajo la mirada de esas dos torres de vigilancia avanzas sintiendo los gritos y los aullidos de los prisioneros dentro de la cámara de gas letal. Desde el interior de la alambrada de espinos te conviertes sin quererlo, en un número más, de una lista que acumulará el polvo del futuro.
El hedor de la carne humana chamuscada flota en el aire y las náuseas son inevitables. Deambulas de un barracón a otro siguiendo la estela de una estrella amarilla de cinco puntas. La atmósfera se vuelve gélida, inhóspita y la ansiedad llega a cuotas asfixiantes, intolerables. Ecos de disparos, gritos, lamentos te aturden; visones del pasado y del futuro que ha quedado grabadas con sangre en la escalera de la muerte... el frío del exterminio de hiela las entrañas y sabes que eres un superviviente, un testigo sin voz, que ya no importa a nadie, condenado al silencio, al ostracismo y a la rabia.
           
Tras leerlo entendí porque mi padre pedía siempre el pasaporte a todo aquel que entrase en la pensión y rechazó siempre a los alemanes.
            Estas fueron las últimas palabras que escribió mi padre. Nunca más escribió un cuento, ni un verso. Mi madre me contó que antes de la guerra prometía mucho como escritor pero, la guerra le despojó de demasiadas ilusiones.
Tras ser liberado emprendió camino a casa. Al llegar en el sótano encontró su tazón sobre la mesa con la cuchara sopera a la derecha y la servilleta de hilo doblaba. Bajo la servilleta un cuaderno con las últimas palabras que mi madre le dirigió: - Cuando vuelvas ojalá pudiera darte un buen tazón de leche recién ordeñada como a ti te gusta, pero sólo voy a poder dejarte este cuaderno. Es tarde y van a venir a buscarme. Espero que podamos vernos pronto, te echo tanto de menos. Un beso amor.

            Mi madre murió en un accidente ferroviario junto con mil judíos más que fueron apresados en Berlín.
            Mi padre al regresar supo que donde quiera que estuviese su alma se había quedado atrapada para siempre en Mathausen.

EDITADO EN: Nemetón Nº4, mayo agosto2000

Viajar a través de la magia del cine



VIAJAR A TRAVES DE LA MAGIA DEL CINE

Ir al cine supone iniciar un viaje. Sentados en las butacas uno conoce lugares y épocas silenciadas, negadas, escondidas de difícil acceso. Se siente el miedo, la compasión, uno ríe, llora, en definitiva construye su propio itinerario a pesar de compartir el mismo paisaje. El periplo se inicia con la recepción para poder emitir una sensación, una impresión, la emoción que desata. Es el momento de generar en su interior el recuerdo de una vivencia, los fotogramas de otra película, un comentario que oyó pero no escuchó y tenía almacenado en el hemisferio de los asuntos pendientes. Para mí ir al cine es un acto de creación donde la necesidad de sorprender está presente. Así que os propongo iniciar este itinerario con una serie de películas con las que he gozado y me han permitido ampliar mi visión sobre la compleja realidad intercultural en la que estamos inmersos.
Así comienza SOL DE OTOÑO (1996). Director: EDUARDO MIGNOGNA.
- Hola, buen día, bienvenidos a Buenos Aires, aquí estás en tu programa favorito de la mañana porteña en este otoño en que las hojas empiezan a inundar las veredas, como alfombras bardiales.
Quizás no nos hayamos elegido pero aquí estamos juntos, así que es mejor que tratemos de sacar lo mejor de cada uno. Vamos a comenzar con este programa el día de hoy, como cada uno comienza su programita diario en su camita, lavándose los dientes, desperezándose el morro de la mañana, vamos a ver, de qué va todo esto.-

Mignogna nos muestra, bajo la cálida luz del sur, a los habitantes de la urbe, bajo los tejados de los barrios obreros y de clase alta donde la soledad inunda las entrañas y la búsqueda de un bienestar quieto lleva hacia el engaño como estrategia y con la llegada de ese viento cosquilloso que nos inunda cuando nos encontramos con el amor surge el temor, el miedo de permitirnos ser nosotros mismos, el placerr de lo inesperado y satisfacer nuestras necesidades. La mirada de Eduardo Mignogna nos hace transcender el sentimiento individual y adentrarnos en sus películas supone iniciar un viaje emocional que te hace recordar: el vínculo con la madre, la búsqueda de la propia voz, los mecanismos de defensa con los que cada uno enfrenta la realidad cotidiana...
ORIENTE ES ORIENTE (1999) Director: Damien O´Donnell 
Representa la risa, el buen humor, las mentiras piadosas que nos hacen más amable, sutil y llevadera la convivencia centre dos culturas tan distintas como la anglosajona y la islámica. Una convivencia marital donde la educación de los hijos es un acto de conocimiento, comprensión que nos lleva a desarrollar una convivencia basada en la tolerancia.
PECATA MINUTA (1998) Director: Ramón Barea.
A medio camino entre el humor y la ironía Ramón nos muestra un escenario: el convento, pero lejos de ser un lugar de recogimiento, reflexión, contemplación, nos muestra el deseo de escapar a través de un túnel que cavan dos de ellas con ayuda del cucharón de la cocina, huir para buscar un lugar en el que ya no tienen un sitio, vivir huyendo, sustituir al muñeco al que le da el pecho a escondidas por un bebé de carne y hueso y así acabar con la angustia existencial de no dejar huella alguna, las luchas de poder entre el sector renovador que viaja por Internet y el conservador que está velando la reliquia: el cadáver incorrupto de la madre superiora y cómo este va sacando la lengua. Y cuando la madre abadesa saca la lengua es la señal inequívoca de que va a haber alguna catástrofe (un cambio).
BAILANDO EN LA OSCURIDAD (2000). Lars Von Trier
Nos inquieta desde el primer fotograma, antes de los títulos de crédito con esa pantalla negra y esa música que aparece que nunca va a terminar, nos muestra siguiendo el hilo de los musicales esa realidad fortísima que aparece en los periódicos cada día y que neutralizamos aunándola en frías  cifras, pero la mirada de Catherine Deneuve o de Björk nos transmite la crudeza de la vida de los emigrantes, el sistema judicial americano, la pena de muerte, el acceso de los discapacitados al ámbito laboral, los abusos de la policía, la importancia de la amistad, y la autenticidad de este vínculo que se demuestra en situaciones límites donde no es fácil enfrentarse al tabú de la muerte. Y como colofón nos deja con un dilema en la cabeza. -¿qué necesita un niño de diez años a su madre o no perder la visión?.
Quiero despedirme de mis lectores con las ultimas palabras de Sol de Otoño hasta la próxima entrega de Nemeton:
- ¡Y si todos supiésemos qué vale la pena!. Este programa de sobrevivientes termina otra vez, como todos los días. Voy a salir a la ciudad, el horizonte no es el río como decía uno. Alguien espera por mí, yo estoy esperando a alguien, alguien nos espera a nosotros y quizás nosotros no sepamos qué esperar de los demás, de eso se trata. Mañana será otro día. Hasta mañana. -

 Publicado en: Nemetón Nª6, mayo agosto 2001

Fantasmas


A lo largo de mi vida, siempre he sentido la presencia de unos seres carentes de corporeidad, los cuales habitaban en la casa de mi familia. Sólo yo era capaz de sentir su presencia y a medida que fui evolucionando mis compañeros de juegos imaginarios crecieron y fuimos ayudándonos mutuamente. Para mí la existencia de Vaclav, mi fantasma racional siempre ha sido tan real y tangible que sin él, la vida, mi vida no sería la misma. Juntos nos hemos sobrepuesto al desamor, nos fumamos nuestro primer porro, La Historia del Tiempo estrechó nuestro vínculo y ambos preparamos la fiesta del adiós a Penélope, mi fantasma emocional.
Penélope..., la extraño con más frecuencia de lo que estoy dispuesta a confesarle a Vaclav, pero la convivencia era insostenible. Ambos se enfrentaron y en la confrontación salió vencedor Vaclav, tras dejarla sin palabras con su razonamiento hipotético-inductivo.
Los fantasmas que habitaban en la casa familiar no han llegado a mi nuevo hogar. Antes mis fantasmas me recordaban dónde estaban y cómo usar los objetos extraños que nos facilitan el uso de la cotidianeidad: cazos, vitrocerámicas, Internet, calcetines, gorros de lana, aspirinas...
Hoy he perdido las llaves. Así no puedo continuar, y he decidido publicar un anuncio en el diario: SE BUSCA FANTASMA JUGUETÓN PARA CONVIVIR.
Muchos han contestado a mi anuncio. Entre ellos un ejecutivo encorsetado que no se separa de su maletín y en cuyo interior atesora una muda sucia; la directora del Ministerio de Ocio y Tiempo Libre de Parados, y Amas de Casa; un poeta que colecciona rimas asonantes y ha inventado una máquina para medir versos y rehacer la prosa poética ajustándola al corsé de la métrica; el director de una empresa, cuya infraestructura consiste en un teléfono móvil, una caja de herramienta y una furgoneta de segunda mano; una feminista radical a la que siguen deteniendo por quemar sostenes en grandes superficies comerciales.
Me entrevisté con todos ellos. No sabía cuál de ellos escoger. Y fue el empleo de una metáfora lo que acabó con mi indecisión. El poeta habita en mi vida pero, ahora yo soy el fantasma esclavizado que le recuerda dónde están las llaves, le calienta el café, le prepara la comida, le lava y plancha la ropa, introduce sus versos en la computadora, contesta a su correspondencia y baja cada mañana en busca del periódico para que pueda leerlo mientras desayuna en la cama.
Hoy me he escapado mientras él duerme la siesta y he decidido poner otro anuncio en el periódico:
BUSCO CON URGENCIA CASTILLO DESHABITADO ALEJADO DE CUALQUIER RESQUICIO DE CIVILIZACIÓN. LLAMAR AL 985216434 DE TRES A CINCO DE LA MADRUGADA.

Editado en Nemetón nº 3, enero-abril 2000 Gijón

Nosotros

Premio Faroni de Relato Hiperbreve 2002
    Nosotros
    de Esmeralda Vizcaino

- Nosotros que nos queremos tanto...- El bolero a media voz nos lleva un poco más lejos de un ayer donde la vida se escribía en primera persona y la frontera entre lo mío y lo tuyo era una escisión volcánica entre nuestros distantes territorios. Era más fácil y cómodo seguir con una vida donde la ausencia de otra voz fuese la fiel acompañante de nuestros pasos por la casa. Pero esa mirada tuya acabó con la confortable aceptación de una independencia solitaria. Y poco a poco tú iniciaste tus pensamientos con un vos, mientras yo comencé a trazar proyectos para nosotros. Vomitabas condicionales sin tregua, dado que nunca reconociste el temor ante la fusión de nuestros tiempos y espacios.
El bolero concluyó pero seguimos tarareando bajito y nos acariciamos mientras bailamos. Acá, somos nosotros, y allá se quedó Peter Pan.

Lucía y Medem


Lucía y Medem

Medem geógrafo de las emociones logra en su última producción, Lucía y el sexo, adentrarnos en las fronteras de lo más primario y auténtico que cada ser humano posee: los sentimientos y las sensaciones. Desde el tacto húmedo y suave del barro, la calidez de los fondos del océano que oscilan llevando a la mente del espectador desde los primeros fotogramas, hacia ese ligero mareo que sienten los habitantes de esa isla en la que todos hemos naufragado alguna vez. Una isla donde uno acude a olvidar, tratando de encontrar una parte nueva dentro de sí mismo capaz de darle fuerzas para seguir sobreviviendo bajo la cubierta de los tejados de la ciudad. Un terreno en el que debe mirar hacia el suelo para no caer en el mar si uno no sabe bucear, un lugar donde no hay dolor, y uno es capaz de encontrar la verdad que nos hace libres, brotan las lágrimas contenidas que queman nuestro interior.
La poesía madura fluye entre las imágenes teñidas de azul y blanco incandescente, se asoma entre los diálogos :"mi abuela me contó que mis padres y mi hermana se fueron de viaje y en el cielo abrieron una papelería librería con alas, porque la del pueblo no les iba nada bien, ella contaba la vida su manera." La luna y el sol, Luna y Lorenzo, símbolos y prototipos en esta película de roles tan comunes que al verlos actuar seguro que a la mente se nos vienen algún amigo o conocido. Sin embargo Lucia y esa chica valenciana, a la que hemos de seguirle la pista parra descubrir su nombre, representan en cierta medida ese otro yo ideal, esa valentía que nos falta para poner toda la carne en el asador y luchar por el amor que te agarra las entrañas y no te deja respirar, ni gozar de ningún otro, te detiene y te deja sin miradas para otro amor. Representan el coraje para enfrentar el dolor cada una a su manera, pero ambas en esa isla a la que ha de llegar el farero para que se reencuentren con la luz que nos da fuerzas para vivir.
Vínculos entre madres e hijas, padres e hijas desconocidos, amantes, deseos y fantasías, amistad, amor, sexo son los hilos de una trama que los entrecruzan cerrando el ciclo de esa luna llena resplandeciente y mágica que puebla los rincones de esta película y ese sol que se cuela por la ventana  de una buhardilla al son de una canción: un rayo de sol, oh oh oh, llegó a mi corazón oh oh oh oh oh... la vida y la muerte, la cara vista y oculta de esa luna mágica que nos alborota la pasión.
Lorenzo escribe y busca en la primera lectora de su obra esa emoción que sintió por su primera novela: me agarra por dentro y no puedo leer nada más. Comienza a escribirle un cuento a través de internet a Elena, ese cuento capaz de generar confianza, calidez, serenidad, alegría es el cuento que todos buscamos escribir y leer. Lanzo una petición desde aquí y doy algunas de las claves que la película ofrece sobre cómo debe ser. Así pues aguardo a que escribas ese cuento: Cuéntame un cuento lleno de ventajas donde al llegar al final aparezca un agujero que me lleve a la mitad del cuento, al momento justo en que poder enmendar los errores cometidos que nos han matado por dentro. Llévame a esa isla donde sus habitantes se marean y nos podemos caer por uno de los agujeros por los que el mar nos devuelve la posibilidad de volver amparándonos en la forma que deseemos. Cuéntame ese cuento que yo te daré el tiempo que necesites.
Mi oreja está en: www.evizcainoe@Yahoo.es

Nemeton nº7, 1999

Dicen de mi; en Etcétera


En la narrativa de Esmeralda Vizcaíno encontramos el acercamiento a una realidad palpable, tangible, con un gesto directo, de voz emergente, que también se nutre de momentos de melancolía.
Nada es igual que antes cuando surge un encuentro entre las fauces del otoño, aunque existan elementos de seducción, en medio de parque agridulce de la vida El testimonio nos habla de esas trincheras que al soledad elige como bandera inexcusable. el follaje inequívoco del paso del tiempo co todas las derrotas.
La contaminación -en sutil humor-  queda reflejada en todo un legado de luz para el mundo que nos toca vivir, a lo largo de de los párrafos de "humos, combustibles y rayos uva", con un toque de ficción atractivo y denunciante para este fin de siglo que contiene todas las trabas de progreso.
"Madurez" nos convoca  a tañir las campanadas de la reflexión ante las contradicciones  del ser, ante el fantasma rea de la muerte, siempre solícita al final  de los caminos.
Etnocentrismo, relato trabajado en sosegado y matizador ritmo narrativo, nos enfrenta a los matices que mueven los conflictos étnicos, con toda una serie de elocuentes imágenes y mensajes.
El paisaje humano de "Penumbra" se torna gris en la nostalgia que puede cubrir las tardes solitarias de una ciudad portuaria a ritmo de evocación  o en medio de una pantalla de cine, donde la realidad se torna vital, donde  "el hábitat natural  del misterio es la penumbra", donde el  sentimiento nace para ser recogido en briznas de ternura y de sobriedad sonora, arrastrada saudade por las esquinas del tiempo.
Y el "desamor" clama entre toques de silencio, atrapados en una noche imposible, cuando nada es válido para aceptar los minutos que quedaron olvidados, a golpe de horizontes herméticos.
"Blanco" mapa de futuros posibles, quizás inalcanzables, pero propuestos, soñados, creíbles. Como la "poetisa" que sabe que los sueños pueden convertirse en paraísos de luz, tal vez por una única vez, reinterpretando la realidad, atrapándola entre los dedos, en el papel henchido de ebriedades. "y una vez más, el verano nos despoja  de la voluntad de los recuerdos". Como sudario de las estrellas en el ámbito de lo posible. Para llegar hasta el SIDA TIENE ROSTRO, un deseo de comunicación transferido en cinco contundentes propuestas. A destiempo pero atrapando un rano de esperanza. Frente a la soledad de que clama en el desierto de la vida, si mas equipaje que la palabra de su propio destino,
Pilar Quirosa-Ceyrouze.  en Etcétera nº 30 febrero 2000  ZARAGOZA

Antes de que sea tarde


ANTES DE QUE SEA TARDE…

Abrí el Diario, otro número más para engordar las estadísticas, dos iniciales para mojar en el café con leche de algunos, mientras a mi se me cierra el estómago. Dos letras entre las que despertaste mi rabia, mi asco, mi impotencia y mi tristeza. En ese reducido espacio entre esos dos caracteres estaban agolpadas todas las llamadas sin respuesta que te hice, todos los emails que te escribí, a pesar del temor a que incluso pudiera acceder a tu cuenta, todos los golpes, y las confidencias veladas por un dolor tan intenso, tan firme como el que te desgarró el alma, tratando de aferrarte a mil palabras con las que construías un amor que, te llevaba a la autodestrucción.
¿Y qué fuimos capaces de hacer los que te rodeábamos? A penas nada, seguir llamando ante una puerta cerrada, sin esperar que abrieras, para decirte con cada golpe que había alguien al otro lado también. ¿Dónde está la llave?. En tu bolsillo, eso ya lo sabes. La tienes pero no es suficiente para usarla, y no supimos ayudarte a sacar fuerzas para girar la llave y salir, salir de esa tela araña, en la que el amor se convirtió en trampa mortal.
 No fuimos capaces de sacarte de ese punto de aislamiento, en ese día, día en el que te escurrías de la que soñabas con ser, en el que renunciabas a tu capacidad para regenerarte y te entregabas, fiel, sumisa, silenciosa a sus caprichos, quedándote sin espacio mientras el otro decidía:- ¿sacarina o azúcar? .
Caías en esa espiral, y no supimos tenderte un puente. Sólo ladramos, ladramos de angustia, ante las iniciales que te nombran y ante ese punto negro sólo puedo poner un punto seguido para luchar por conservar la dignidad, para construir un amor que nos ayude a crecer desde la libertad y el respeto, enseñar a amar sin tolerar un mínimo atropello a tu sombra, para que al fin puedas tener voz, la voz que siempre luchó por un mundo justo, intercultural, con paz y alegría.

Editatado en la web: http://365diasdecuentos.blogspot.com.es/#uds-search-results

Acoger




Adivinaba en tus manos resecas y ásperas las tediosas jornadas bajo el plástico de los invernaderos recolectando frutos y más frutos que no podrás degustar en su esplendor.

Adiviné en la tono alegre de tus compatriotas al hablar en esta orilla desde el locutorio que vendrías pronto a esta orilla aunque para ello toda tu extensa familia vendería sus posesiones.

Adiviné en la profundidad de tu mirada la calidez de tu abrazo, el reencuentro conmigo misma, con la que quería ser.

Adivino en tus constantes vueltas dormido la inquietud que tu mirada de cabeza de familia trata de ocultar y enfrentar aceptando trabajos al remunerados

¿Adivinarás la fortaleza de este lazo que me a une a ti endulzando el olor a pollo frito en tu piel y del que te despojo gustosa, lavándote con el agua caliente que voy calentando antes de tu llegada en la olla en que preparas el cuscus?.

Adivinamos los dos que era necesario el viaje que ambos emprendimos desde el norte hacia el sur y viceversa, lo adivinamos cuando te contemplé con nuestra hija Agua mecida por tus brazos, por los ecos de esa África que es nuestra cuna.

Editado en: VARIOS (2007): Páginas para la tolerancia, Ed Fundación de Derechos  Civiles, Madrid.

EL PLACER DE LOS SENTIDOS



EL OLFATO
Las aletas de la nariz se abren y se cierran con agitación, es su olor no cabe la menor duda. Mi cuerpo reacciona: la boca  se transforma poco a poco en boca jugosa, golosa, los labios recobran su brillo tras ser acariciados por la punta de la lengua. El apetito se abre, las ansias de devorarle ascienden piano, piano.
Es su olor, ese perfume me hipnotiza y lo sigo a través de la ciudad, cruzando calzadas, puentes, autopistas con los ojos cerrados. Hasta que al abrirlos la oscuridad me rodea, no sé dónde estoy, pero tampoco importa demasiado.  Una luz en el horizonte guía mis pasos cansados, decepcionados. Al alcanzarla  me encuentro en la parada del autobús, aguardo en la última parada cobijándome de la lluvia que arrecia.
Cierro los ojos y viajo hacia aquel perfume de la línea Chanel EGOISTA.   Persistente, denso, suave, embriagador, poderoso, sensual como su aliento desata la sed de sus besos, una danza de caricias que van descubriendo el territorio de su piel morena.

EL GUSTO
Por placer te busco entre las ropas que vistes, despojándote de ellas me aproximo más al hombre que amo y al que anhelo entregarme. Desnudos somos agua, fuego, tierra y aire. Somos el cosmos eclosionando. No hay escondites, no hay mentiras, dobles fondos. Somos nosotros en exclusiva y con total privacidad.
En esos momentos iniciamos el ritual del baño con aguas tibias, jabones almizclados, comenzando por los pies que te han traído hasta mi orilla y están sudorosos, cansados, rígidos. El agua se desliza desde la punta de los dedos hacia el empeine mientras mis manos van descendiendo siguiendo el cauce ejerciendo ligeras presiones  que distienden tus músculos, estiran tus huesos. Seco un pie y mientras me disponga a acicalar el otro tú lo elevas y buscas la cálida humedad de mis oquedades íntimas con los dedos. Tu pie ha cobrado vida.
Apasionado, inquieto, voraz no puedes esperar a que termine con el otro pie, te aproximas besándome la espalda, lamiendo las huellas de mis vértebras hasta alcanzar mi cuello. Chupas, lames, mordisqueas imprimiéndome la fuerza para girar y me como tu boca. Esa boca inmensa, de labios gruesos que llegan a mí helados, casi inertes por el frío del largo camino que has recorrido siguiendo a la luna, hasta alcanzar la alborada, a través de la autopista que media entre dos capitales que me prohíbes citar. Un chocolate caliente es el bálsamo que mis dedos y mi lengua vierten sobre ese tono amoratado devolviéndoles el tono rosado, la elasticidad y la temperatura con que ahora reventamos las fronteras entre tu cuerpo y mi cuerpo.
Sé que no usas las bufandas que tejo en las noches en que estas ausente cuando vienes a mí, porque lo que te excita es el ritual de desnudarnos. Insistes en que duerma con la bufanda atada a mi cintura, disfrutas recorriendo todo mi cuerpo con ella mientras dormito en la mañana. Siembro mi presencia en sus tejidos y de camino a tu casa, en medio de la tormenta me hueles y te evades con tus recuerdos. Sé que te gusta creer que estoy dormida aún, cuando abres mi sexo con tus dedos e introduces algunos de sus flecos y a mí me excita poner alguna resistencia para sentirte vencerla  con tu pene erecto.
EL OIDO
            Escuchar tus gemidos al otro lado del teléfono en noches oscuras, me devuelve el placer de amarte en la distancia. Se renueva el vínculo que existe entre nosotros sobrevolando la distancia física. Inventas nuevas fantasías que me susurras y me basta con cerrar los ojos para, para sentir tu piel estremeciéndose. A veces me dices palabras eternas, otras veces en cambio gozas con esas palabras sucias que transformas en peticiones, con ese tono de rendición con que te aproximas despertando mi deseo. Te juras a ti mismo al colgar no volver a llamar y al caer la noche vuelves sumiso, tierno, a marcar para ser de nuevo el amante sensual, ardiente que no conoce tregua.
            Comenzaste a jugar una tarde a través de un ordenador y transformaste tu mundo cotidiano viviendo dos vidas paralelas que discurren por dos túneles paralelos. Nunca creíste que se podrían producir cruces y ahora me escuchas  en medio de la algarabía de los bares nocturnos de tu ciudad. Buscas una cabina y marcas mi número. De nuevo hablamos por tercera vez esta noche. Estas hechizado por la sinceridad con que mi voz acude a tus reclamos, por la carencia de represiones, en definitiva por la libertad con que nos entregamos noche a noche, llamada y llamada.

EL TACTO Y LA VISTA
Juegas con la ilusión de sentir mi tacto a lo largo de toda tu epidermis y en especial con el tacto profundo, tierno sobre tus genitales. Cierras los ojos y tu mano se vuelve mi mano. Las prohibiciones desaparecen al compás de tu voz y mis gemidos. La fantasía se desata y se aleja de la infidelidad tradicional. Tu novia no te descubrirá, tu esposa no podrá seguir las huellas de ese móvil que mantienes oculto en tu despacho. Pero llegará el día en que hablar no te va a bastar, necesitarás abrir los ojos y ver como una boca succiona ese pene erecto mientras las manos de esa mujer acarician tus glúteos y tus dedos se enredan en su cabellera pelirroja. Sentirás el ansia de comerte ese coño que hasta ahora te has imaginado afeitándolo, abriéndolo con tus dedos,... 
Te citaste con la amante telefónica que calienta tus noches y descubriste su cuerpo desnudo, tembloroso, quisiste descubrir su rostro y ella no te lo permitió. Había poco luz en la habitación de ese hotel. Le prometiste una vida a la luz del sol y leíste una fecha y un nombre en la alianza que lleva colgada del cuello. Te sorprendiste de la coincidencia con tu verdadero nombre, pero no diste importancia a esa fecha que coincide con tu aniversario de boda. Tuvo que ser ella la que al descubrir su rostro te hizo comprender que te has traicionado a ti mismo, no siendo capaz de encontrar entre los poros de su piel a la amante desinhibida con la que soñabas, quizás por cobardía, quizás por miedo al rechazo. Te quedaste sin palabras, boquiabierto, mientras ella sonríe, se viste y se marcha. Es tarde porque ella ha decidido que esta sea la última vez. Ella ha comenzado una nueva vida al otro lado del Mediterráneo consigo misma y sus sueños.

 PUBLICADO EN: VARIOS (2005): Los nuestros son todos, todos somos diferentes. ED Fundación de Derechos Civiles. Madrid