domingo, 17 de marzo de 2013

Laura Freixas: Una vida subterránea (Diario, 1991-1994)



Llovía sin cesar, las cortinas de agua aquella tarde borraron los restos de nieve de los tejados y la humedad  calaba  silenciosa y pertinaz. Parecía que no iba a haber tregua y mi garganta empezaba a ser campo de batalla de bacterias. 
La tentación del sofá parecía que iba a ganar la batalla cuando recordé aquel cuento de Laura que hace ya casi veinte años me impactó: Mi mamá me mima. De memoria recordé el comienzo: “Yo llevo treinta y ocho años en el vientre de mamá"… Comenzaba  a dejar que otros, desconocidos leyeran mis relatos cuando descubrí a esta autora que me impacto con aquel cuento que sigo releyendo y mostrando cada año a algunos alumnos y alumnas. No podía perder la oportunidad de verla en carne y hueso así que salí con mi paraguas, enfundada en mi bufanda  y guantes.  No sin antes enviar un sms a mi amiga:” paró de llover, tú sabrás pero es una oportunidad única, ver aquí a estas mujeres”
Recorrí  la antigua ruta que me llevaba antaño a la Plaza Ya no había tráfico, las tiendas habían casi desaparecido, estaba abierta sólo la colchonería, con sus trozos de espuma recortados en el escaparate como relleno de almohadas. Las losas de piedra sobre las que andabamos como jugando al cascayu ya no estaban y ahora los surcos rasgaban el pavimento y me conducían al centro de la calle Mon. Cerré los ojos y casi creí oír al girar hacia la derecha los reclamos del día, anunciando pescado fresco y el olor de las flores en la tienda de la esquina que se expandía, conformando un pequeño jardín con árboles frutales a buen precio. Me sentí mareada, el olor a pescado parecía cobrar fuerza y abrí los ojos, sólo cuatro paredes y la lluvia que de nuevo reaparecía en escena.
Entré y vi que la disposición esta vez era de café, mesas con cinco o seis sillas y en el centro de la sala las sillas forradas de terciopelo y una gran mesa donde se sentarían las escritoras, un atril a un costado, a otro el cartel que anuncia los encuentros, y un taburete. Las mesas más centrales ya estaban ocupadas. Me senté con una pareja de unos cincuenta y tantos, mientras esperábamos inicié conversación con ellos y fuimos comentando la sesión anterior,  y para mi sorpresa no habían leído casi nada de Laura.  Sonaron las ocho campanadas en la catedral próxima y se inició el acto.  Y para sorpresa del público Rossy de Palma comenzó a leer en primicia un fragmento de la próxima obra de Laura Freixas: Una vida subterránea (Diario, 1991-1994) Iba leyendo despacio, con un tono íntimo, y el silencio era absoluto, expectante. Contemplé a Laura nerviosa, no cesaba de agarrar inquieta un bolígrafo, sus ojos barrían esa cuarta pared  vislumbrando a los que estábamos más allá durante unos segundos, pequeñas contracciones de sus músculos faciales delataban cierto rubor, pudor.  Un aplauso rotundo acogió aquel texto en el que ella se planteaba qué mujer quería ser, cuál iba a ser su identidad como madre, como profesional así como los efectos de estas decisiones sobre su relación de pareja.
Tras la intervención del presentador se levantó y desde el atril fue compartiendo su mirada sobre la literatura, sus obras y la vida. Nos reveló que era la primera vez que este texto tan íntimo se presentaba a los lectores y lectoras ante ella, sólo lo habían leído tres personas.
Al finalizar le pregunté a mi amiga que le había parecido y le sorprendió la búsqueda de la identidad que había compartido. Las mujeres sin duda aportamos cuestiones a la literatura que los hombres no viven, que desconocen. No sólo tenemos que librar  la ardua batalla que enfrentamos al tratar de salvaguardar un espacio propio, sino que debemos recorrer un laberinto en el que debemos llegar a comprender quiénes somos, desprendernos de los lastres con que cargamos y reinventarnos como féminas, incluso inventar un nuevo concepto para atribuirle un nuevo significado a los significantes que aparecen en el diccionario. Así la maternidad cobra diferentes significados y quizás debamos comenzar a indagar nuevos territorios, como los Diarios, e inventar nuevos géneros. El camino es arduo, Laura lleva tiempo adentrándose amparada por el psicoanálisis, dando nuevos significados a palabras como: ambición, mujer, maternidad, escritora, éxito, igualdad, emponderamiento.
Pudimos intuir las siete partes de nuestros icebergs que están conformados por el mismo hielo  
Y al terminar pude aproximarme con su libro en la mano para la firma, me recibió con una sonrisa. Aprovechando una leve pausa un hombre se interpuso lanzando el programa sobre el libro para que se lo firmara y ella generosa se tomó el tiempo de escribir unas palabras. Después retomó la lectura silenciosa de las palabras de la dedicatoria cuando otra mujer enarbolando otro tríptico se inhibió diciendo: - Es más importante un libro.- Puede decirle que me había gustado mucho y que Mi mamá me mima seguía leyéndolo y compartiéndolo con mi alumnado mientras una suave L se expandía al pie de la dedicatoria. Entonces Laura se levantó me dio un abrazo y dos besos.  
Me encontré con mi compañera de mesa y me dijo que iba a comprar algún libro de Laura, le había parecido una mujer interesante, cálida, tan cercana. Sí es una mujer inteligente, sabia y maternal.

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