PINCELADAS
Observo los retratos de Hafida Zizi y sus colores transcienden el lienzo, me envuelven en un abrazo fraternal. Sus pinturas traen los ecos de otras artistas como Baya y Chaibia Talal. Desde la sencillez de esas obras naif que me recuerdan la sencillez de la infancia y su autenticidad firme, sincera. Hafida muestra el diálogo entre las mujeres veladas y las de rostro descubierto, con sus trenzas al viento, todas juntas, mujeres amazigh que pueblan sus recuerdos de infancia y juventud. Mujeres que cantan mientras amasan el pan, preparan el cuscús, tejen las alfombras, van a la fuente con sus tinajas con el agua para la casa, mujeres orgullosas de su linaje que muestran en sus tatuajes. Mujeres amamantando a sus hijos, mujeres ilusionadas el día de su boda, mujeres en blanco y negro, siluetas de colores vibrantes que se rodean del yaz del símbolo amazigh que hermana a tantas mujeres, de una ladera a otra del Atlas.
Las mujeres cantan y lanzan sus gritos que parecen transformarse en hilos que desde las alfombras llegan a enhebrarse bajo la piel, en los collares de ámbar, en las tallas de las coronas que lucen en las fiestas de la cosecha, en el año nuevo, en las bodas… Monedas antiguas y colores intensos en sus ropas, sus miradas alumbran la esperanza.
Contemplo sus obras desde las figuritas de barro con sus cántaros de agua sobre la cabeza que están en la memoria de tantas culturas, el contorno de la mano en el que están, más allá de las líneas de la vida, los tatuajes como señales que enfocarán tus pasos. Sus retratos son tan vibrantes, tan intensos. Sus colores, se asemejan a los espejos en los que mirarse fuera del espacio y del tiempo. Arte expansivo que profundiza en la mirada de estas mujeres en las que te adivinas. La paleta de colores que emplea es la esencia de esta cultura que abarca todo el norte de África. Me veo en esas miradas y me reconozco en ellas. El arte liberador de memorias, liberador de destinos en los que no hay posibilidad de salir del laberinto y decidir ponerse en marcha.
Sentada contemplando sus retratos, rodeada por ellos me llegan los susurros de cientos de mujeres que han hecho de sus pieles lienzos para narrar sus historias de vida, los sucesos relevantes de sus ciclos vitales, los linajes a los que pertenecen- Esa historia silenciada se abre paso una vez más gracias al arte de esta artista Zizi que con sus pies anclados en las tierras del Atlas desde la fuerza del barro crea y expande este saber ancestral con orgullo, para que las nuevas generaciones no olvide la historia de sus abuelas, de las que enfrentaron las prohibiciones y siguieron tatuándose en el pecho, en la espalda, en el vientre para buscar la protección contra el mal de ojo. Cierro los ojos y me parece oler el carbón, la alheña, los tintes de plantas recogidas en la primavera, en el otoño… Tantas preguntas se desperezan y necesita saber más. Hadifa Zizi susurra: confía y continua el viaje.
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