miércoles, 5 de marzo de 2014

Trabajar con amor

TRABAJAR CON AMOR

- Te quiero, te quiero- responde cuando le riñen por mancharse, por romper el folio, por arañar a los demás en la cara, siempre ante la cara de enfado y la bronca responde lo mismo: - Te quiero mucho.- Y como una fórmula aprendida le respondo:
- Yo también te quiero, y te quiero más cuando te limpias la baba.- Y como respuesta unas veces se limpia en la manga la saliva y se acerca para darme otro beso o dice: - No tengo,… no tengo…. Mientras busca el clinex en los bolsillos de mandilón. Le señalo dónde está la caja de pañuelos de papel y va por uno, se limpia raudo y veloz, dejando un ligero rastro de rotulador entre la saliva, que mana de su boca casi constantemente, y me da un beso. Sigue trabajando,  pintando y pintándose la cara, las mangas hasta los codos, … y de nuevo ante la desesperación ajena  un profundo: - ¡¡Te quiero!!!- brota y con estas palabras la paciencia se renueva y  nos lleva a respirar hondo, a seguir un día más,  una hora más intentando crear un clima agradable donde podamos aprender algo.
¿Dónde habrá escuchado ese primer te quiero?. No son palabras que se escuchen a menudo, sin duda él ha captado la magia que provocan y ha aprendido a usarlas para deshacer tensiones, y ponernos ante el espejo para preguntarnos qué es lo más importante.   

Al margen


5 de marzo 2009 La mañana enturbiada en granizo  estridente sobre el parabrisas, apaleando los cristales, el techo del coche,  ruedas de camión en el horizonte, luces rojas  destacan en medio de esa cortina de agua y viento que, dobla los paraguas, y por fin a cubierto hacia las  9:30, sintiendo la humedad  avanzar por las corvas, por las muñecas, por la nuca,…La oscuridad desaparece con el brillo de la sonrisa de Eloy, que me ve y viene hacia mi, tambaleándose sobre sus pies zambos y tarareando mi nombre,   el frío se eclipsa. 
-  Médico,…
- No viniste ayer porque fuiste al médico ¿no?
- Sí.
Y me acerca la mejilla reclamando como cada mañana, su beso. Más tarde deja su mochila y con el mandilón cerrado por el velcro viene de nuevo a darme él un beso y empezar a trabajar… Me transporta el presente, al ahora, no hay mañana, no hay ayer, hay lo inmediato, él y yo, la complicidad, la alegría de estar vivos, de conectar con la niña que fui y jugar con el niño que es. Es un milagro, nuestro Eloy.
El horario, las rutinas, el pis  a las once, la maestra programa la alarma y hasta las 11 no toca hacer pis con Pilar, hasta que suene la música de Fito no es la hora de ir al baño.  Dan las 11:10 cambio de clase, y ya ha ido al baño. Hoy nuestro príncipe controló el esfínter,… y en la casita untamos queso en la rebanada de pan, aprenden a agarrar un cuchillo y diez minutos antes del recreo la sangre mana de la nariz de Eloy. Mana roja, abundante, caliente y su maestra lo eleva y se va abrazada a él en busca de Alberto, Alberto… Alberto, el hombre de pañuelo al cuello, sonrisa en los labios, suavidad y firmeza,  que aguarda con el anticoagulante mientras la furia desatada del poder se repliega sobre Eloy,  armada con sus guantes y un trozo de papel y comienza a ordenar sin sentidos,  trata de apartar a Alberto, le ordena que se vaya,  pero él permanece expectante, cerca de nuestro príncipe que sigue sangrando, asustado,  y buscando a mamá, a Pilar, a María, … el teléfono suena y la madre acude rauda y veloz, nerviosa. La hemorragia había cesado ya. Y lloró al verlo. Lloró somnolienta, lloró en silencio,… 
¿Cuánto tiempo le queda a Eloy? No hay respuesta médica.  ¿Amanecerá mañana envuelto en su sangre cadáver?  ¿Vivirá un año más?.  Su madre se sienta cada noche a velar su sueño, cae en brazos de Morfeo cuando él está en el colegio, y agradece que Eloy cuente con alegría cómo pinta macarrones, cómo hace teatro, cómo baila, cómo hace de flor, cómo pinta máscaras, cómo extiende el queso en el pan, cómo viene a mi clase a por pinturas,…Eloy que se fue del cole caminando de la mano de su madre y su maestra, mañana no vendrá a clase.
Y mañana, a las 9:45, extrañaré su suave golpear en la puerta de mi clase y la carita sonriente de nuestro príncipe, pidiéndome un beso,…    

Preguntas

¿Qué hacemos el viernes en el taller?. – Encuentro imágenes de esa África que palpita bajo mi piel y de nuevo veo la posibilidad de abrir la ventana hacia el sur.
Ya no es bastante el retrato de Mario Benedetti en el armario como señal, para recordar en esos momentos en que pierdo el rumbo que, hay un mundo más allá de las cuatro paredes en las que estoy y que el mundo no empieza, ni acaba donde estoy. Quizás no me alcanza, porque al menos una vez al día me pregunto: ¿qué hago aquí? Y no encuentro una respuesta que me colme de sentido. Quizás se deba a que tras nueve años con ese retrato conmigo lo han pintarrajeado, dejándole los mostachos rojos, con una herida, como una señal indescifrable, de momento.
África, de nuevo, África con la música de Ismael Lo, esa voz melodiosa y a la vez profunda puede que nos dé la fuerza para seguir trabajando al ritmo de estos corazones que desean danzar, girar, gritar, cantar, romper la pureza del color y explorar entre los rojos y los amarillos los naranjas, los verdes,  transformar los azules en cielos estrellados, y comenzamos a pintar máscaras, a pintar macarrones con los que insertar las cuentas de los collares que lucir, en Carnaval, y nos expandimos al ritmo del tabal,  de la voz de Mariam Hassan, Cesarea Evora, … y así encontramos esa Dibi dibirek como himno de nuestra alegría, de nuestras ganas de vivir y de seguir riendo, trabajando con el apoyo de la vecina, con la que compartimos el día a día.
La tribu fue necesitando chozas, y un baobab para contar sus historias, a su sombra los cuentos que nos ayudan a seguir creciendo, y entre cafés y pinturas tejemos una red que nos protege si caemos del alambre sobre el que, cada día, realizamos nuestras piruetas en solitario.
Ahora ya no estamos solas, estamos una al lado de la otra, juntas, compartiendo actividades en diversos espacios, tratando se dar sentido al hacer diario, dentro de una rutina fotográfica, de la que extraemos risas, lágrimas, cafés, resoplidos, combatimos la furia, y nos sentimos cada vez más acogidas, más amparadas, más protegidas, más fuertes, más apoyadas la una en la otra,  y viceversa.  El circulo se cierra, mis niños y sus niños, nuestros niños, compartimos el tiempo, trazamos proyectos en el aparcamiento, a la salida,… y nuestras clases son una, ellos lo saben, lo sienten así y cuando alguno se despista nos busca en mi clase, aunque no tenga mi foto en la puerta, ellos saben cuál es, dónde está y tras el recreo vienen a comer el pincho todos juntos, al compás de una melodía africana, portuguesa,…
-¿Qué hacemos después de África, Encarna?.-  Me pides que siga creando, necesitas que siga proponiendo cosas que nos ayuden a crear un bienestar propio que se contagie, y sigo pensando, abierta a lo que me rodea.  Necesito daros una respuesta,  porque esa es mi respuesta a la pregunta implacable que me hago: - ¿Qué hago aquí? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene estar aquí?.-  Cuando empezamos con este teatro adaptado a la dificultad de coordinación, de seguir órdenes, empecé a encontrar sentido, cierta luz, para ahuyentar fantasmas, miedos, bloqueos, y al seguir con esta exposición de África, la llama pasó de ser la tenue luz de la cerilla a hoguera, hoguera de San Juan. 

LUZ

Llaman a la puerta y nos trae Eloy la luz del sol en una cartulina, un sol radiante y le pido permiso para trazar un pedazo de cielo azul y una sonrisa en aquel sol que me trae ecos de otras luces. Al cabo de unos minutos vuelve con las nubes que anuncian lluvias, el agua pertinaz que se aloja en los cristales, la lluvia silenciosa que nos enjaula en el interior de la institución. El aguacero interminable en el que me deja pintar un rayo de tormentas intensivas que alumbran futuros.
La puerta se cierra y vuelve a abrirse, silencios y lágrimas en los ojos desbordándose. Se acerca a mi, busca el hueco bajo mi pecho para acomodar su cabeza y buscar caricias, besos, la suavidad que le tranquiliza. Grita: - ¡mamá! Y me busca cuando le pegan, cuando le golpean, me mira y me siento impotente, desnuda, ¿Cómo evitarlo?.
  Anticipar los golpes es difícil, no es tarea sencilla, es posible correr a veces, es posible saltar en dirección contraria alguna vez, estás sola con el Arnidol en la mano, como remedio.

¿Existe lo que no se nombra?


Nombramos lo que nos envuelve, lo que no nos toca la piel, nombramos los envoltorios de los caramelos, las etiquetas de los relojes, pero nos da miedo evocar el placer del azúcar derritiéndose en la lengua, expandiéndose bajo ella, circulando entre las encías, deslizándose garganta abajo. Tememos rasgar el muro que contiene el dolor de las ausencias, de las emociones desbordadas que conseguimos amordazar entre insomnios y duermevelas, y así, olvidando nombres, la lengua se vuelve afilada arma que, cargada de ironías, dobles intenciones, y malos entendidos, fortalece las murallas que nos impiden mirarnos en el espejo. Pero aquí, ante ellos, tras cerrar la puerta del aula no es posible esconderse, no sirven las defensas, los olvidos, las murallas, las dobleces, eres cuerpo y voz, eres alma y cuerpo fundidas, desnuda ante lo más primario navegas sola.
Las mimosas han florecido y el viento las arrasó esta semana desde el patio de atrás hasta los columpios. Besos, besos tras arrastrar el cuello a tu altura con firmeza, agarras un pedazo de piel y sorbes, sorbes en ese beso prohibido. En ese beso con el que asedias a mujeres, niñas, a desconocidas, incluso a tu madre tratas de besarla en los labios, de succionar con una fuerza prensil que nos lleva a la huida, a tratar de implantar una frontera. Te decimos no, no, las que podemos hablar, otras encantadas se dejan besar en una esquina del recreo, y tras hablar con tu madre la pauta con que tratamos de marcarte un límite crece, se afianza, pero tu deseo emerge, estás creciendo y pides besos a todas horas. Repites la cantinela los besos en el papo y buscas los labios, las manos se van, tratan de explorar y una vez más debemos seguir imponiendo la frontera del no, no se toca a la gente en cualquier parte, no, no., no.  La invasión es tu estado, invades, y cierras los ojos cuando ves que nos enfadamos, no quieres vernos, no quieres sentir nuestro rechazo, nuestro repudio y tratas de correr, de escapar, cierras los ojos y te tapas los oídos para no escuchar y de nuevo vuelves a intentar hacernos cosquillas, tocarnos los pechos, besarnos en los labios. No entiendes las excepciones, y debemos seguir con firmeza mostrándote la norma. 
¿La norma de quién? ¿A quien sirve esa norma? Incomodan los gestos cariñosos a muchas, incomodan hasta los besos en la mejilla que, cada mañana me da Eloy al entrar y preguntarme si vine de Oviedo y cómo es mi coche. Así comienzan las rutinas de mi vecino de al lado, si no viene a darme el beso no puede empezar a trabajar. Lindo comienzo con un beso en la mejilla, grato momento cuando Juan  me llama mamá y busca mi protección cuando le dan una patada, y lloroso viene a mi buscando un beso, poniendo su mejilla para recibir pero incapaz de dar un beso. Reclama besos, caricias y se cobija entre mi brazo y mi tronco, lleva mi mano a su cabeza y reclama la caricia suave. ¿Será relevante en su aprendizaje enseñarle a besar? ¿ O será más importante que diga Ana bebe agua.? 
¿Qué enseñamos aquí? Enseñamos a esperar el turno, a  colgar una chaqueta en una percha, a reconocer la m, a señalar la foto de la lluvia cuando arrecia por la ventana, enseñamos a hacer zumo, a compartir los pañales que quedan, a ir a la clase de al lado a pedir ceras, a mirar un video, a estar sentados en una silla, a caminar todos juntos por los pasillos sin gritar, a parar de darse bofetadas, a parar de agitar las manos  a apartarse cuando alguno comienza a saltar de forma compulsiva, a lavarse las manos,…
¿Qué nos enseñan ellos y ellas? A interpretar deseos y necesidades en gestos, en silencios, a pedir ayuda, a no esperar nada, a aceptar que la pulsión es más fuerte, a valorar los avances mínimos, a preguntarnos qué estamos haciendo y para que sirve lo que escribimos que debemos enseñar, a escuchar a unas familias rotas y tratar de acompañarlas en ese camino solitario, donde la mayoría con quienes se encuentran son conejos apresurados que sólo ven su reloj.

Las mimosas florecen a destiempo, el calor que nos trajo el viento del sur ha confundido los ritmos vegetales y ha desatado los gritos, los empujones, los llantos desordenados…No parpadeamos ya cuando la silla es arrojada hacia el suelo, cuando las pelotas estallan contra el techo, cuando las lágrimas se expanden por los cuatro esquinas del cuarto y no hay ya sacapuntas capaz de lograr darle vida a un lapicero, rayas, círculos, espirales… Movimiento continuo de la mano que gira, gira el tajador mientras la luz roja anuncia la llegada de Juan…

Gafas nuevas

Hematoma, heridas superficiales, hematoma granate intenso, … las gafas se deslizan sobre la nariz y Chris mira, se acerca, se aproxima hasta inspirar el aire que media entre nosotros y sonríe. Se aleja y sonríe, sonríe, sonríe hasta que se ríe sin dejar de contemplar mi ojo dolorido.
 ¿Qué pensará por su cabeza? Tal vez se ríe pensando otro te alcanzó,… se sonríe porque reconoce tal vez la herida, y le resulta conocida, cotidiana, cercana,… nunca lo sabremos.
La mirada de rechazo emerge en el silencio de Juan el desagrado, el miedo, el rechazo se materializa en los ojos cerrados de Iván, no quiere mirar, no quiere verlo. ¿Qué me pasa en el ojo? Iván, responde: - Tienes el ojo malito. –Sí, y me duele, ¿me vas a ayudar? ¿te portarás bien hoy? - Me voy a portar bien.-  Y de repente Chris se acerca y me  da un beso suave, en la mejilla.    
Los adultos preguntan tras la sorpresa: - ¿Qué te pasó?. ¿Te desvaneciste?. ¿Cómo fue?, ¿te pegó algún crío aquí?, ¿fuiste al médico? … mientras otras no miran a los ojos, no me ven, o prefieren mirar para otro lado… 

LUNES

Llegas y me abrazas… Me ausento, me alejo, salgo por 24 horas, de esta rutina insidiosa, machacante y te encuentro en el día verde, miércoles. Te abrazas a mí con todo el cuerpo y buscas un pedazo de piel para estamparme un beso. Sonrío, es tu forma de decirme: te extrañé ayer. Y seguimos un día más construyendo lazos, deseando que la operación de tu madre salga bien y aprovechemos esta situación para que escribas por primera vez la R y la M en el sobre que, contiene nuestros deseos de una pronta recuperación en la vista de tu madre. Al día siguiente dices:
- Mamá, Cuca, está hospital, papá trabajando.
- Te preocupas por mamá.- No me miras, pero escuchas y te digo:
- Cuando tú llegues a casa mamá estará allí, en casa, esperándote. Va a buscarte papá al autobús, pero ella estará bien, esperando a que llegues y le des un beso. Mamá está bien.
Buscas mi regazo, colocas tu cabeza, te tumbas y te acaricio el pelo, ese pelo tuyo castaño, suave, limpio, salpicado de rayos de sol y te relajas un rato, mientras los demás escriben en la pizarra y tú los contemplas, sereno, tranquilo aguardando tu turno.


Tu mirada limpia, tus ojos inocentes se reflejan en mi mirada y en ese instante con un clic inmortalizamos nuestras miradas hacia un mismo objetivo: un futuro digno, tranquilo y sincero.
Paredes desnudas, raídas, cortadas por velcros desparejados, colores tintineando, rodando por el suelo de sobre en sobre, de funda transparente a la opacidad del violeta, ¿violeta? Será jueves hoy, jueves, lunes en rojo, qué importa el día, ¿acaso significa algo distinto al de ayer? Ayer,… ayer miércoles tarjeta verde, y comemos sobre un naranja que va perdiendo su intensidad, a medida que pasan los platos, fotografías descoloridas, recortes de revistas, macarrones… levantar, pegar, elegir, colocar,… ¿estructurar?
Mantenerse erguida, en esta desnudez que se inunda y se cubre con el pudor del sol que se filtra por entre las rendijas de la persiana, construir con los trozos rotos de los papeles continuos un retablo para fugarse a través del títere, de la sombra larga que ellos generan, de las muecas sordas, entre los gritos y los alaridos con que nos contagian el nerviosismo, la carencia de limites. Fugarse, de este presente silencioso bañado por insultos repetitivos, ecolálicos, permaneciendo al margen, con la maleta medio vacía, sin instalarse del todo, para no perder el único horizonte posible: la marcha será pronto, esto no es más que una estación en este camino. Perfilas el margen, el borde, como una cuerda floja en la que transitas entre envestidas desmedidas, entre maltratos perpetuos, tratando de no caer en esa espiral de violencia, de desgarro y te equilibras tratando de mantener tu sensación de recién llegada, el frescor del que acaba de llegar y se sabe de paso, en tránsito. Cada día es mayor el deseo de irse, de partir, de no regresar, las rupturas son mayores, las fisuras son enormes, no hay orden predecible en el caos. ¿Cómo anticipar?  Otro cristal se rompe contra el suelo, lanzado desde el primer piso, otro golpe seco, sordo, ¿una silla, contra el suelo  o un cráneo?.

Patadas como banderas, bofetadas entre chavales preadolescentes, bofetadas sonoras y despidos inmediatos hacia la progenitora, ¿Cuál es el mensaje? ¿hay mensaje educativo? ¿cuál es la ley? ¿dónde está la justicia, la ecuanimidad?
Aprendemos todos y todas: el próximo puedes ser tú, puedes ser el sujeto de la próxima denuncia rodeada de villancicos y gritos del gordinflón de rojo y blanco que, deja cajas vacías en el hall de la entrada, bajo al abeto y a dos metros del Belén, donde Noé recibe su inyección de insulina, en el banco de la entrada y con el culo al aire balancea piernas y brazos, sobre el regazo de su  abuelo.

Voces

- ¿Qué edad tienen sus compañeros?.-  La edad aquí es una anécdota, no importa demasiado. El grupo es extraño, son tan distintos, tan divergentes, no hay puntos de conexión entre unos y otros, no hay ni un lenguaje común. O tal vez sí exista un lenguaje en el que se intercambian miedos, ansiedades, ascos, rabias, dolores, cansancios, abatimientos, desesperaciones, desarraigos, deseos, hambres, voracidades, rechazos, caricias, besos, miradas fugaces, brillos de esperanza, búsquedas de sentido ante lo inesperado, seguridades, confianzas, y algún que otro fluido.
La mirada huidiza de Iván se encuentra con la mirada hambrienta de Juan, y mientras uno recibe la dosis de caricias buscadas en el regazo cálido de la adulta, la adulta es abarcada por la espalda con un abrazo infinito de Christian y la fusión de tres almas se balancea unos segundos, ante la mirada de reojo de Iván, que pellizca a Christian, antes de salir, porque no acaba de recoger para poder irnos a comer. En la presencia de otro busca el instante preciso en que la mirada no está sobre él y corre, corre rampa abajo, desbocado, hasta colisionar con otra mirada y desandar las zancadas. El mundo está contento siempre, aunque estallemos de impotencia él nos califica como contentos, contentos, contentas, contentas,… quizás sea su forma de decirnos: sois felices, tenéis razones para serlo, tenéis salud, estáis vivas, podéis moveros con libertad, entender lo que ocurre alrededor, transformarlo, mientras yo no puedo, no sé, no sé como hacerlo, no tengo con qué hacerlo, me pierdo, no controlo, no regulo, y os abrazo y os beso cuando puedo sin medida, sin tabúes, sin frenos, para deciros: - os quiero mucho.- .
- “Mamá, mamá,”- todas somos mamá, mamá, la primera palabra que aprendió a emitir, de las cinco que tienen en su vocabulario oral, referentes para buscar la protección ante la agresión paranoide de un muchacho más corpulento. Escapa, mira y  corre a esconderse detrás, para mirar lo que ocurre delante de la barrera de protección de dos cuerpos adultos que él nombra: - “mamá, mamá”. -

LA PAZ

Fiesta en el calendario que hay que celebrar como acto institucional, palomas de papel, el blanco como bandera, el blanco del luto en muchos lugares, el blanco de las sábanas que protege a los familiares, en los cortejos fúnebres en oriente, del resto de la gente.
 El blanco como frontera, como los rostros de algunos que se dejaron pintar en la cara algún símbolo de paz,  los lunares blancos en la bata de María abrazando a Marta,  tratando de que mire lo que ocurre, que contemple como llevan el globo al centro y lo sueltan, captando la mirada de todos durante unos segundos. 
Y entre camisetas blancas busco a Cris que permanece cerca de los altavoces, sintiendo la vibración de la música en todo su cuerpo y buscando con la mirada el globo que se eleva, se va camino de las nubes y él trata de seguirlo, creyendo que se metió en el colegio, es en ese instante cuando sube las escaleras raudo, veloz, sin oposición y aprovecho otra melodía para que olvide su deseo de agarrar el globo y estallarlo, suplanto unos deseos con otras necesidades.
 No conseguimos la foto de grupo, pero tuvimos la fiesta en paz.






COTIDIANIDAD


El pajarito hace pío, pío, y Mario, en lo que dura un giro para abrir el armario, se baja los pantalones y defeca en la alfombra. Una deposición dura que la limpiadora retira al cabo de unos minutos. La mañana discurre y de nuevo como cada día a las 14:00, por la megafonía reclaman la presencia de Noé en la entrada.
¿Se irá a otro centro, a su casa?. Eso creía hasta que al bajar la escalera, en un banco de la entrada una madre sentada y sobre su regazo Noé, boca abajo, con el culo al aire, mientras ella inyecta en un glúteo la insulina que precisa.
¿Cómo es posible?. ¿Acaso no hay baños?. ¿Acaso no hay despachos, salas que están a esta hora vacías para poder mantener la dignidad?. ¿Cómo pueden decir que no desean hacerlo en otro lugar los familiares y el niño?.



De socorros y alertas



- ¿Pedir ayuda puede transformarse en una culpa que nos doblega? .
- No, no podemos sucumbir ante esta trampa, es la autosuficiencia, el orgullo mal entendido el que habla cuando te escucho decir: - Me siento muy mal, culpable por haber llamado al timbre y haber pedido ayuda, yo que nunca pedí ayuda en los años que llevo y ahora Paula está con dos puntos en la ceja, …- 

Pedir ayuda es lo único que nos salva de caer en el agujero negro sin posibilidad de salir a flote, pedir, pedir, gritar socorro, aunque no hablemos el mismo lenguaje, aunque la voz se la lleve el viento y la ahogue el hormigón de la institución. Cada día los agujeros que nos minan son más grandes si miramos a otro lado, cada día es más inestable el equilibrio que podemos mantener, cada día es un día más, o menos.

Más cansancio, más asco, más vulnerabilidad, más agresiones, más pánico, más pérdidas, más frío, más aislamientos, más oscuridad, más tensión, más cicatrices, y menos paciencia, menos esperanzas, menos fuerzas, menos alegrías, menos humanidad, menos compañerismo, menor sostén,  y un abismo profundo que nos condena a flotar, como islas entre mares de vómitos, arcadas, heridas lacerantes, sangre que corre por las baldosas, entre sudores fríos, y miradas gélidas, que no se detienen que, sobrevuelan a toda velocidad hacia otros horizontes, donde estar a salvo de esta realidad atrapada en una nómina.

Pidamos ayuda, toquemos timbre, gritemos, defendámonos, esquivemos, tratemos de evitar la llegada inminente de las carencias de una medicación sumada a  las consecuencias de una planificación poco eficaz,… y tratemos de habitar al menos dos o tres por isla, para no dejarnos caer en la deriva del absurdo, en el caos del autoritarismo que reina en los desórdenes emocionales. 


No hagas oídos sordos, mañana puedes ser tú, puedo ser yo el blanco de una agresión. 

SER MÁS ALTA NO SIRVE

SER MÁS ALTA NO SIRVE.

El brazo se extiende y los dedos agarran con firmeza, sin despertar sobresaltos, silenciando gemidos, aullidos, gritos de dolor que corren por las venas, las arterias y levantan color en las mejillas, al compás de una mano que se aferra a su muñeca, pero no suelta, no abre los dedos. Mientras desde unos centímetros más allá de la barandilla, las demás, nos percatamos del peligro, acudimos y le abrimos los dedos, alerta buscamos el otro brazo desde su espalda, suavemente invocando el ritmo de las nanas establecemos distancia, dejamos que recupere espacio vital y desde unos metros el relevo ve los cabellos como escarpias, aullando un desgarro que silencia el orgullo, la soberbia, o tal vez el miedo a mostrarse una vez más derrotada, vencida y apaleada. 
Algunas ponemos voz: - ¿Te duele? – La negación es la respuesta innata: -No.-
Pero el cuerpo manifiesta la intensidad de la caricia negativa, el pelo sigue enervado, no es capaz de llevarse ni siquiera la mano a la cabeza, no soporta ni un leve roce, sólo el viento frío que se cuela por entre los barrotes surca el cuero cabelludo.
Después en la intimidad llegarán las aspirinas, los antidepresivos y un viernes más salimos corriendo, tratando de no caer en el delirio.


domingo, 2 de febrero de 2014

MONEDA


:::::::::::::::::::::::Cara:::::::::::::::::

Eva come piedras.
Eva  caga piedras.
¿Quién controla a Eva?
Hay una circular avisando del suceso. Circular con acuse de recibo responsabilizándonos a todos/as para evitar que Eva coma piedras en el patio, firmada y sellada por la Dirección del centro.

:::::::::::::::::::::::::Cruz:::::::::::::::

Hechos son amores,… por los buenos tratos.
Amor, amor, amor en la diversidad.
Respeto en el horizonte.
 El esfuerzo no puede sustentar en solitario las relaciones amorosas








INTERIORES

INTERIORES

Emigrar, partir y dejar atrás la familia, un hijo que aún necesita mamar, cerrar los ojos y lanzarse al otro lado del océano, ¿acaso no es un acto de valentía? Escuchas al otro lado del teléfono que tu hijo tiene un retraso motor y luchas por conseguir más dinero, por  papeles para poder permanecer en un país en el que él podrá tener acceso a más recursos, a médicos, a un mayor número de posibilidades para él. Tu ancla en este otra orilla, está en esa esperanza, te asientas en ella, construyes otra vida,… ¡felicidades! Colombia es un recuerdo remoto, un lugar al que volverás de vacaciones, cada cierto tiempo para ver a tu padre, a tus hermanos, a tu madre, a tus sobrinos, a tus tíos,…

La emoción se asoma a tus ojos negros, brillan con una luz radiante, primaveral al escucharme reconocer tu valor, tu fuerza para luchar por tu hijo. Miras hacia el pasado y sabes que te queda mucho camino por delante, lleva tres años aquí contigo, hace seis que tú te viniste, y aún es pequeño, el tiempo pasa, sabes que necesita estimulación, quieres más cosas para él, más atención de una logopeda, más horas de musicoterapia, te vas a ir a enterar de un curso sobre psicomotricidad para estimularlo tú en casa, llega y le pones deberes, quieres que seamos duras con él, firmes, para que trabaje. Ya se acabó el tiempo en casa con la televisión puesta y la soledad a cuestas, encerrado sin otro niño cerca. Ahora tiene una hermana, Ana, con la que juega, y una madre que lucha por su primer hijo sin descanso, acudiendo a médicos, buscando diagnósticos, recursos. Mientras el fantasma de la culpa va deshaciéndose de las cadenas, y avanza nublando la mirada que trata de acoger para compensar.


Agresiones



16 de octubre 2008

Hoy ante mis ojos el brazo se extendió ágil, nervudo, acababa en garra que se cerró sobre la cabellera de una cuidadora y los gritos brotaron, a medida que su cuerpo se doblaba. Se quebró un límite, una frontera humana y al sentirse libre de las garras del capricho inconsciente se revolvió, y se lanzó a dar bofetadas: - ¡Toma, estoy harta de que me peguen, hasta los cojones de que me metan hostias, no me dan más hostias!.-  El silencio fue total, unos pasos hacia atrás sirvieron para volver al redil de la contención, de lo políticamente correcto y se fue a paso ligero, llorando, con el cuero cabelludo dolorido, y los cabellos arrancados se los llevo el viento cálido del sur.
Los nervios se desataron, frenéticos, en el cuartucho de cuidadores. Ataque de histeria, de nervios que fue diseccionado por un tranquimazin que alguien sacó de su pastillero, del bolsillo interior de su bolso de piel.
La hoja de los partes sucumbió como una hoja más, de este otoño para cubrir el suelo sobre el que patinamos todas, expuestas a ser la siguiente la víctima, una victima más invisible, muda y olvidada.

DE SOCORROS Y ALERTAS



- ¿Pedir ayuda puede transformarse en una culpa que nos doblega? .
- No, no podemos sucumbir ante esta trampa, es la autosuficiencia, el orgullo mal entendido el que habla cuando te escucho decir: - Me siento muy mal, culpable por haber llamado al timbre y haber pedido ayuda, yo que nunca pedí ayuda en los años que llevo y ahora Paula está con dos puntos en la ceja, …- 

Pedir ayuda es lo único que nos salva de caer en el agujero negro sin posibilidad de salir a flote, pedir, pedir, gritar socorro, aunque no hablemos el mismo lenguaje, aunque la voz se la lleve el viento y la ahogue el hormigón de la institución. Cada día los agujeros que nos minan son más grandes si miramos a otro lado, cada día es más inestable el equilibrio que podemos mantener, cada día es un día más, o menos.

Más cansancio, más asco, más vulnerabilidad, más agresiones, más pánico, más pérdidas, más frío, más aislamientos, más oscuridad, más tensión, más cicatrices, y menos paciencia, menos esperanzas, menos fuerzas, menos alegrías, menos humanidad, menos compañerismo, menor sostén,  y un abismo profundo que nos condena a flotar, como islas entre mares de vómitos, arcadas, heridas lacerantes, sangre que corre por las baldosas, entre sudores fríos, y miradas gélidas, que no se detienen que, sobrevuelan a toda velocidad hacia otros horizontes, donde estar a salvo de esta realidad atrapada en una nómina.

Pidamos ayuda, toquemos timbre, gritemos, defendámonos, esquivemos, tratemos de evitar la llegada inminente de las carencias de una medicación sumada a  las consecuencias de una planificación poco eficaz,… y tratemos de habitar al menos dos o tres por isla, para no dejarnos caer en la deriva del absurdo, en el caos del autoritarismo que reina en los desórdenes emocionales. 


No hagas oídos sordos, mañana puedes ser tú, puedo ser yo el blanco de una agresión. 

A RAS DE SUELO...



La música surca los laberintos sin salida y acabamos tendidos en el suelo, sobre el brazo, mirándonos a los ojos, navegando en esos ojos que a penas parpadean, que me miran entregados y esperan pacientes, relajados, tranquilos, a merced de lo que pueda dar. Y doy el penúltimo aliento, transformado en soplo que su cara recoge con placidez, para devolverme esa ligera caricia que me habla del viento, de susurros, de la brisa. Y entre soplo y soplo, en ese diálogo, recupero la fuerza para mirar detrás de sus insultos, de sus patadas y siento al niño indefenso, al bebé que no entiende pero siente, siente y percibe mi miedo, mi rabia,  mi ternura, mi paciencia,  mi cansancio,  y mi alegría. 
Otros pies corretean y se corta este diálogo en el que llegué a cerrar los ojos y confiar en que no me agredieran. Se levanta contrariado y al ver a los demás correr, se levanta. Ruido, ruido, mucho ruido, prisas, carreras, a las que se van sumando todos, incluso él, que con una sonrisa me mira al llegar al final del recorrido, a la pared.





La hora del baño

LA HORA DEL BAÑO

Los grifos cantan su música grave, profunda. Desde las profundidades de las cañerías ruge el dragón y llega hasta los aseos para dependientes de la primera planta, ruge, no sale más que esa voz quebrada, seca, y a Christian le gusta escuchar ese canto, permanece embelesado, escuchando esas voces crípticas en las que él encuentra mansedumbre, suavidad, caricia, escucha. Así aguardamos a que llegue la gana de orinar y se colocan los frascos de colonias, pastas de dientes, cepillos, bolsas con ropa interior, toallas,…
Mientras en clase la atención sigue en la letra p, en el puzzle, en la pinza para agarrar el lápiz con más fuerza y llegar a escribir el nombre propio, su nombre. “- ¿Aprenderán a leer? “– la duda flota en los aires que vienen del mar, desde otras orillas.

De regreso en la clase, llega la hora de volver a casa, el peine vuelve a recorrer los cabellos sudados, y devuelve la apariencia grata a unos rostros que, a veces ni se reconocen en el espejo y cuando ya estamos listos para salir, una mano busca el peine, no tiene casi cabellos que peinar, pero reclama su dosis de caricias, sus ojos negros sonríen. _”Es hora de irse a casa, con mamá. “- le digo mientras el peine rastrea su cabeza suavemente y le susurro:- “estás muy guapo”.

lunes, 27 de enero de 2014

Soles

SOLES

Soles de medianoche, con tres soles comparto mis mañanas, tres soles en apariencia frágiles, tres instantáneas en las que la piel blanca, morena, aceituna nos recuerda la diversidad de culturas, las pieles multicolores, los cabellos castaños, negros azabaches, rubios, tres modelos de belleza, tres infancias que representan tres latitudes, el norte de Europa, el sur de Europa, y la América indígena, la de los indios chibcha. Tres infancias que se encuentran al moverse y se rompen en el caos, en el desagüe en el que se precipitan estereotipias, cabezazos contra la pared, micciones descontroladas, llantos eternos, gritos, insultos, patadas, aullidos, ascensos a las alturas para tomar distancia de los movimientos descontrolados, agresivos, de la quietud de los comedores de hojas, los lanzadores de zapatos, y el superhéroe que encerrado en la etiqueta de algún desorden del desarrollo exhibe  orgulloso y amenazante en sus manos el botón, que hará estallar el mundo.
Emerge en el movimiento la quiebra con toda normalidad, con toda previsión, desaparece la certeza del control y el vaivén de lo imprevisible nos obliga a estar alerta permanente, a tratar de cubrirnos la espalda, alertamos de las carreras descontroladas con una voz, aprendemos a no gritar cuando nos pellizcan, y ante los gritos y los golpes al otro lado de la pared, ya no se abren puertas, ni para curiosear. Los recuerdos se agolpan, vuelven pero han perdido la fuerza de aquellos olores que perturbaban mi sueño y cerraban mi estómago.
- Estamos intactas, no nos han agredido hoy, estamos bien. No acabamos la jornada laboral en el hospital, hoy tenemos algo para celebrar, estamos vivas, nos movemos con autonomía. Cada día es una batalla ganada, el recuerdo de que cada día es un regalo de la vida, en el que se encuentran cosas hermosas también, como son la noticia de que una compañera no está en el hospital ya, tiene una contusión y una inflamación en las cervicales, pero al menos está en su casa, dolorida, magullada, con el susto en el cuerpo aún, pero podría ser peor.
Tres soles que me recuerdan cuando los miro sentados en sus pupitres aquellos versos de Benedetti: “Todos estamos rotos pero enteros, quizá más diezmados, pero más sabios.” Y ellos quizás sean el espejo en que me veo en el futuro con otros niños, en otros lugares.


Aves migratorias. Impresiones de una superviviente

http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/AVES%20MIGRATORIAS.pdf

Relatos en la web


REIR Y OTROS RELATOS HIPERBREVES

http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/REIR.pdf


El embrujo del desierto

EL EMBRUJO DEL DESIERTO
El bazar de Abdel Akif, el servidor del simpático, en el centro de Marraquech es un lugar singular en el que todos los turistas acaban dejando parte de sí mismos. El bazar lo regenta Abdu Hadir, el servidor del poderoso. Su hermano Abdel Akif es el encargado de las mercancías. Habitualmente en la plaza de Yemá el-Fna, Abdel Akif tiene sus contactos para detectar a aquellos turistas que por ejemplo no sueltan ni un dinar para que les quiten a la cobra del cuello. Estos son tipos interesantes y escasos. Kalima con su chilaba roída se sienta en el suelo, sin una luz que anuncie su presencia entre la multitud. Con la mirada en el suelo mezcla las cartas con parsimonia. Hay que tener el olfato de un elefante para no pisarla. Kalima siempre da a estos turistas una tarjeta del bazar y siempre acuden para tomarse un té a la menta o caer bajo el embrujo de las cinco jirafas con la mirada perdida en la sabana, de los trescientos catorce ventiladores... Mohamed, el chico de seis años que aguarda a la salida del Hotel La Mamounia, con su caja de limpiabotas, guía a los turistas que no llevan reloj, ni ningún otro adorno que no sea la gena, exceptuando a aquellas muchachas que luce una buena alheña en los pies y los chicos que la llevan en las manos, ya que sólo de los casados decoran estas partes de su cuerpo como símbolo de su alianza.
Todo marchaba bien hasta el verano pasado, cuando cinco autocares, con un total de doscientos cincuenta y seis turistas desaparecieron en la medina de Fez y aparecieron doscientas cincuenta y seis brújulas que jamás perdieron el norte, sobre una alfombra persa, en el bazar de Abdel Akif. Este las vendió con rapidez a los emigrantes sin papeles, que dejaban atrás su miseria en busca de un falso paraíso en España. Las brújulas les ayudaron a proseguir su camino hacia el norte, cuando las cigüeñas y las golondrinas retornaban al sur.
Algunos de aquellos emigrantes regresaron a su Marraquech natal y entre ellos, Rafael se asoció con Abdel Akif y Abdu Hadir. Rafael contaba en la plaza junto al puesto sesenta y dos de las mandarinas, la historia de las brújulas mágicas de Abdel Akif y Abdu Hadir:
- Vivía en la región de Larache rezumando pobreza por todas partes, cuando decidí emprender viaje y buscar fortuna. Me despedí de mi familia y me encaminé rumbo a Tánger. Una vez allí un hombre me habló de las brújulas que jamás perdían el norte. Esto era lo que necesitaba, ya que en la frontera uno de los guardianes era un buen amigo mío y se limitaría a volver la mirada hacia otro lado. Caminé durante varias semanas hasta llegar a Marraquech, al bazar de Abdel Akif. No tenía dinero para comprar la brújula, pero me propuso un cambio. Si lograba traer hasta la plaza seis elefantes tallados en madera de cedro, de tamaño natural desde el sur, me entregaría la brújula. Los elefantes habían sido encontrados por una caravana en un palmeral y nadie había sido capaz de moverlos.
Me puse en marcha con rapidez y al volante de la furgoneta de Abdel Akif rumbo a la cordillera del Atlas.Tras cruzarla llegué al desierto. Viajaba por las noches ya que durante el día el calor era demoledor. Conseguí llegar y me encontré con los seis elefantes unidos por sus trompas. Cada uno llevaba unos patines, así que los enganché a la furgoneta y comencé mi viaje de regreso. La marcha fue lenta, pero segura, hasta que se paralizó al llegar a la altura del Alto Atlas. Los elefantes pesaban demasiado y la furgoneta no era capaz de contrarrestar el peso. Decidí detenerme y preparar un té a la menta, mientras la solución se cruzaba conmigo o por el contrario yo me topaba con ella. Cerré los ojos al calor de la lumbre y caí en un profundo sueño mientras los primeros copos de nieve comenzaban a caer. Un hombre de uno noventa y tres de estatura, cabello largo, rubio, ojos verdes se sentó a mi lado y se quedó mirándome fijamente. Al verle me sobresalté y comenzó a gritar de una forma semejante a las mujeres beréberes. Al cabo de unos minutos me encontré rodeado por una tribu de hombres semejantes a aquel, con sus chilabas blancas de lana. Me dieron una de ellas y me ofrecieron unos dátiles. Me puse la ropa y me los comí. Ellos se sentaron a mí alrededor, sin decir ni una palabra. Al alba me acompañaron hasta mi vehículo y seis de ellos se subieron sobre los elefantes, mientras el resto con sus tambores comenzaron a danzar. Los elefantes comenzaron a moverse al compás de la música remolcando la furgoneta. Así fue como conseguí cruzar los Atlas y llegar a la llanura
Una vez allí, los hombres desaparecieron durante la noche y los elefantes al alba volvieron a ser de madera. Tras mis oraciones de la mañana me encaminé rumbo hacia el bazar de Abdel Akif. Este maravillado por mi hazaña me dio la brújula y me ofreció un trabajo en su bazar como socio, si decidía quedarme en Marraquech incorporándome inmediatamente o de lo contrario cuando yo estuviese preparado para ello. Le día las gracias y decidí intentar llegar a España.
Con mi brújula y un futuro no mucho menos incierto crucé la frontera. Lo difícil fue introducirme en el equipaje de un turista americano y embarcar en el ferry. Alá me salvó de morir ahogado y logré alcanzar las costas gaditanas. Seguí la ruta de las cigüeñas y llegué al norte. Este me recibió con el escalofrío de las miradas de aquellos que se cruzaban conmigo. Aquella no era la tierra prometida. Me sentía más libre en mi país que allí, entre el desprecio y la indiferencia de aquellos que me rodeaban. Perdí mi brújula una noche fría entre los escombros de la obra en la que nos refugiábamos unos veinte africanos, como nos llamaban en el albergue. Tuvimos que salir con precipitación cuando la policía entró buscando a unos ladrones. Y decidí que lo mejor sería volver a casa.
Un hombre al que no conocía me ofreció su casa, su comida, ropas y la ayuda necesaria para volver a Marraquech. Yo no entendía la causa de su ofrecimiento, hasta que me mostró un recorte en el que decía: Misteriosa desaparición de cinco autocares de turistas en Marruecos. Me dijo que no había explicación racional, pero él era uno de esos turistas y por arte de birlibirloque tras tatuarse los pies con gena, se había transformado en una brújula. Al traerla hasta su lugar de origen el hechizo se rompió y recobró su condición como ser humano.
Acepté su ayuda y una vez al año nos vemos. Ahora vivo en Marraquech y trabajo en el Bazar. Voy a la plaza de Yemá el-Fna y cuento mi historia a todo aquel que tenga tiempo para prestar sus oídos a la narración de mis viajes, a cambio de unos dinares, bajo la mirada atenta de la policía, que tiene por real mandato no creer en la irracionalidad, pero una de sus orejas escucha atenta, mientras sus ojos buscan el versículo del Corán que les salvaguardará del mal de ojo.



http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/Esmeralda_Vizcaino_relatos.asp


sábado, 25 de enero de 2014

Poetas y escritores por Ciudad Juárez

Desde el 1 DE SEPTIEMBRE DE 2012 hemos venido celebrando en numerosos pueblos y ciudades del planeta, las lecturas solidarias "ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ".
Estas lecturas están convocadas en solidaridad con Ciudad Juárez, en representación de todo el pueblo de México y por extensión de cualquier otro rincón del planeta donde el miedo, consecuencia última de la violencia, es utilizado para imponer la voluntad y los intereses de los grupos de poder sobre los derechos y la dignidad de los pueblos y los ciudadanos.




EL RETORNO DE DZIÚ

- Tomas, ¿ya estás en casa? ¿Cómo has regresado tan pronto?- Preguntó Juana a su esposo mientras acababa de amasar el pan. Él entró en la cocina y taciturno se sentó en su silla. Juana le miró de reojo mientras colocaba la masa en el horno y tras lavarse las manos, sirvió dos infusiones. Se acomodó frente a él y con una caricia le acercó la taza. Tomás ensimismado fijó su mirada en las pequeñas flores de azahar pintadas que rodeaban el asa de la taza y Juana susurró:
-Tomás apura las hierbas, ya verás como en un santiamén alejaran esas atrocidades con los que te cruzaste.
-No es eso Juana.
-Mírame. No puedes engañarme, esos ojos han llorado. Ya me imagino lo que han vuelto a ver…
-No Juana, hoy ha sido distinto.
-Anda bebe, las hierbas te harán bien.
-No las necesito. Escúchame, hoy al regresar ya era tarde y tomé el autobús, al llegar a la plaza se subieron tres muchachos que comenzaron a repartir libritos a la gente. Al llegar a mi altura se agotaron y no sabía qué hacer, si seguir mirando por la ventanilla, o hacia el suelo cuando se disculparon por no tener suficientes ejemplares. Esa disculpa me hizo sonreír y uno de ellos me miró con complicidad, tratando de trasmitir sosiego y me pidió permiso para sentarse a mi lado.
-Tomás ¿cuándo podremos volver a recuperar la confianza para mirarnos de frente, con una mirada honesta, sincera, sin tapujos que nos permita reconocernos?
-Pronto, estamos cambiando. Hoy lo he visto. Comenzaron a leer en voz en alta, era tanta la delicadeza, la pasión con la que leían que me olvidé de que estaba sentado en un autocar. Cerré los ojos y por unos instantes, volví a tener ocho años, y escuché a mi madre con su voz profunda, serena contándome como el pájaro Dziú se adentró en el gran incendio que provocaron para que la tierra volviera a ser fértil, con el objetivo de salvar las semillas del maíz. Sentí de nuevo la fuerza con que ella me decía que a Dziú no le importó sacrificar su bello plumaje y cómo las demás aves cuidaron de él, incubaron sus huevos, le construyeron el nido, le buscaron alimento, y le acompañaron. Me emocioné tanto cielito… las lágrimas brotaban sin contención y me sentí feliz. Ya ves, hace tanto tiempo que no escuchaba ese cuento. Era el que le pedía a mi madre antes de dormir y ha regresado para enseñarnos el camino.
-¡Qué lindo Tomás! ¡Ven!- Se abrazaron en la cocina mientras en el horno la masa de pan tomaba la forma de un pájaro, el pájaro Dziú.



LAS GUERRERAS

          Las campanas anunciaban las doce del medio día, y bajo un sol de justicia mis pasos me alejaban de las calles asfaltadas. Cada vez había menos mujeres en el exterior de las casas. Me crucé con un grupo que salía del trabajo. Las seguí a cierta distancia. Ante los coches que atravesaban la calzada nos adentrábamos en una nube polvorienta, aceleraron el paso y sentí su estado de alerta. Las farolas estaban forradas con carteles en los que se leían nombres femeninos sobre cruces rosadas. ¿Dónde estaban los niños que antaño jugaban en la calle? Sus improvisados patios de juegos, se habían transformado en tierra sembrada con cruces rosas por cientos de mujeres, niñas que han desaparecido, que han muerto asesinadas.
Miro a mí alrededor y no reconozco la Ciudad Juárez que alimentó mis ansias de forjar revoluciones, que devolvieran a los indígenas su territorio usurpado. Entonces, cobran corporeidad todos los correos, las páginas que he leído en las que se relataba: la muerte de Susana Chávez, las dificultades que tuvo Julia Monárrez para recoger en una base de datos todos los feminicidios que han transformado en necrópolis a Juárez y al leer en una de las cruces “ni una muerta más” me siento mareada, me sobrevienen arcadas, caigo al suelo y de rodillas vomito. El ruido de unas motos se aproxima y escucho: - ¡Vamos las guerreras!.-
Me incorporo y veo rodeada por nueve mujeres sobre sus motos rosadas. Una de ellas desciende, y se aproxima para preguntarme si preciso ayuda. Me tambaleo pero me ayuda a sostenerme. Otra de ellas me da un poco de agua. Al cabo de unos minutos una mujer mayor se acerca a ellas y les dice: - Cecilia gracias por venir, tengo al pequeño con mucha fiebre.- Mientras una de ellas saca del maletero de su motocicleta unas medicinas y se las da, junto con un jamón. La mujer agradecida lo toma y se va. Cecilia se coloca el pañuelo que sujeta su melena y me pregunta: - ¿Te encuentras con ánimos para darte una vuelta con nosotras por la colonia Taraomara? –
Las observo, son mujeres de entre treinta, y cuarenta años, lucen pañoletas y chaquetas de cuero con el emblema: las guerreras. Ante mi desconcierto, una de ellas me dice: - Soy Lorena Granados. Somos las guerreras, dedicamos los domingos a llevar un poco de comida, medicamentos, ropa a los que no tienen nada. Ven con nosotras si quieres, luego te llevamos a tu casa, a cambio seguro que podrás contar lo que hacemos.-

Monté y me agarré a la cintura de Isabel. Recorrimos aquella colonia repartiendo alimentos, ropa y zapatos. Cuando ya no quedaba nada fuimos a la casa de Lorena, allí apuntaron las peticiones que les habían hecho y luego cada una regresó con su familia.
Ayudé a preparar arroz con frijoles, recogimos la mesa, y ayudamos a las niñas con las tareas de la escuela. Le pregunté si no tenía miedo de los narcos y sonriendo me respondió: - ¡Vamos las guerreras!-

- http://poemasporciudadjuarez.blogspot.com.es/2012/09/esmeralda-vizcaino-gijon-asturias.html

Laberintos en espiral

Alunizaje

¿Y si despertara miedo en la gente,
o solo asco,
o sólo compasión?
¿Y si hubiera nacido no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?
   Wislawa Szymborska
ALUNIZAJE
10/09/08

Mañana será el primer día de verdad, el primer día real, hasta ahora son los mundos de los adultos/as, de las paranoias, de las realidades recreadas por  los poderosos, que no son menos reales, y ante ellas, hay formas de eludir, de evadirse, de no escuchar, de "defenderse", de huir. Pero mañana con ellos la realidad será tangible, visceral, ineludible, autentica, no habrá escape posible. Son la cruda realidad, lo que somos: animales, en estado más puro, animales sociales, dañados, con sus capacidades mutiladas, con sus arrebatos, con su impronta pura, con todo lo que reprimimos los demás desatado, la pulsión, no hay escondite, no hay huida.
No hay más que un camino, mirarles a la cara, no sentir miedo, porque lo huelen, manejarlos, no perder el autocontrol, jugar como la equilibrista en esa quebradiza y frágil frontera que, nos separa y mantener la calma. No aspiro a nada mañana, a ver a quienes tengo delante, a que me sigan y en esa danza que sea yo la que dirige, la que lleva con tranquilidad, y si pasamos la mañana sin agresiones, sin ataques epilépticos, sin perretas interminables, tranquilos y enteros, sin hematomas, sin heridas, el día será un éxito. Lo demás no es real, no cuenta, no está en las prioridades, así que música: Moon River que le gusta a uno de ellos en múltiples versiones, música relajada, una pelota, colores para pintar, para trazar líneas, para dibujar sin más, para ver qué saben imitar y poco más. Aquí no me sirve Richy, aquí no me sirven los cuentos, aquí estamos desdentados, sin armaduras, frente a ellos. Aquí hay que cuidar la espalda, no tenerlos nunca detrás, estar atenta, y transmitir tranquilidad, seguridad, el incienso estará presente más para mi quizás que para ellos, no lo sé, estará, (canela, azahar) y vamos viendo. Si aprendí algo tras estar aquí, hace nueve años, es que es importante que una esté bien, para que ellos estén bien. Aquí aporto mi paciencia, mi tranquilidad, esa decisión y seguridad que transmito (y no es tan férrea como parece) y nada más. Es una prueba de resistencia, es un ramadán distinto, mi ramadán particular, un ramadán en el que ayunar de títeres, de cuentos, de creaciones literarias con ellos a varios manos, que no sobre ellos.  Veremos que me trae de nuevo este puerto, Gijón.

11/09/08

Hay días y días, hay noches de insomnio, noches en que el sueño no llega, y el día comienza metido en lluvia, una lluvia pertinaz, voraz, y en el aniversario del derribo de las gemelas, un deseo se expande a las 9.30, hoy es otro 11S esperamos que no sucumba nadie, que la mañana discurra sin ataques epilépticos, sin agresiones, ojalá el día sea bueno para todas y todos.
Un nombre y una cara en una fotografía al pie del bus, no sabemos cuál de los Christian es el nuestro:
- ¿Cuantos hay?
- Tres.
_ El mío será pequeño, debe ser ese,…  se parece a la foto.- Susurra la maestra nueva.
- El mío será mediano tirando a grande digo yo,. ¿cómo quieres al tuyo? ¿de qué talla?
 Y la risa brota bajo la lluvia insistente, cada una lleva a su criatura hacia adentro, hacia su colegio.
Hoy faltan muchos, la vuelta es dura sin la menor duda, y las puertas se van cerrando en el pasillo, una tras otra.  Llueve, llueve en abundancia y un avión surca el cielo. "¿Qué es eso? " pregunta ante el clamor de los motores. Son las primeras palabras legibles, con sentido, hasta ahora y repite: ”avión, avión”. Quiere levantarse, ¿quiere encontrarlo en el pedazo de cielo o sólo deambular sorprendiéndose ante su imagen en el espejo?.
 Camina en círculos, busca la música, quiere tocar las notas, jugar con ellas, inventar un lenguaje nuevo y tararea, tararea Moon River, mientras no es capaz de quitarse la chaqueta, ni sacar el bocadillo de mortadela que, su madre le ha preparado, ni pedir ir al baño.
Suda, suda y tira de los pelos a otro compañero, no sabe cuando empieza, cuando acaba lo que le rodea, la música es la constante, el hilo del guión. Derecha, izquierda, todo se mezclan en un caos interno, en el que la música logra entrar sin resistencias, sin dolor, y la aparente felicidad de su rostro te devuelve la certeza de que el día no ha sido malo, ha sido un primer día sin sentirte inútil. Al menos habéis colocado el escenario, sillas que se suben y se bajan, las ayudas son múltiples para agarrar una cera, para colgar la mochila, quitarse y ponerse la chaqueta, peinarse, escuchar, esperar, sentarse, iniciar y concluir cualquier acción. Mañana es una incógnita, quizás las palabras nítidas: "puta, coño", susurradas hoy en tu presencia, mañana las exprese con la misma firmeza con que hoy, se las lanzó a la cuidadora. Mañana, la música y puede que el olor invadan la estancia en la que el sol al menos entra y esta será la primera vez, en que no pasarás frío en la clase.
Y hoy la sorpresa ha sido encontrarme con Mónica contando el cuento de Pulgarcito, contando a sus alumnos y al mío, a siete enanitos, un cuento en el que mi voz subía y bajaba, durante esas inflexiones escuchaban tres de ellos, el resto a ratos. La alegría brotó de dentro, era casi increíble pero cierto. Entre los aullidos de Rafa, sus gritos y su rostro desencajado, los intentos de abalanzarse sobre la cabeza del adulto, de un adolescente con una sonrisa que se asemeja a una máscara, la fusión entre el cuerpo de la frágil niña y la pierna de la maestra, se da la escucha atenta ante los ronquidos del ogro, y el temor de los hermanos de Pulgarcito pidiendo ayuda. ¿Será la magia de los cuentos? ¿Será la fuerza de la narración?, ¿ o será la necesidad de narrar que habita en mi, lo que hace posible la construcción de esta escucha atenta por parte de tres personas?.




Laberintos en espiral

Este conjunto de relatos fue escrito tras un año trabajando en un centro de Educación Especial.  Ante la dificultad para encontrar editoriales que se atrevan a difundir otros relatos de personas que no estamos en la televisión pues me he decidido a ir mostrando estos relatos... espero que les guste y que dejen comentarios.

Dedicatoria



A María Alonso, Mónica Canga y Victoria Elorza

con gratitud, cariño y admiración. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Besos

Mil matices sepias, resaltaban entre los tonos tostados. Su olor dulzón penetrante y contundente lograba abrir mis labios. El ligero contacto con la calidez de su tacto, suave, esponjoso, delicado se extendía entre las encías y me rozaba la base de la lengua aumentando mi salivación, mi lengua se levantaba trataba de atraparlo con una caricia firme pero, se escapaba chocando con mis dientes, y su sabor se incrementaba envolviendo mi encías. Mi lengua volvía a acariciarlo con la punta y ante el leve contacto se deslizó sensual por la garganta. – Ah sensual beso, el del último champiñón que comí en Shanghai.
Esmeralda Vizcaíno
Participo en el concurso de este hotel y han publicado el relato en su web
Pa

viernes, 13 de septiembre de 2013

Voz


     
         A una voz, la de A. R. Q.,
por ser una voz acogedora que mira
y de mirar nunca se cansa.


Sonido que genera formas y destruye piedras en el riñón. El sonido suave que nos sorprende y nos embriaga logrando que en los ojos se desborde la luz y en el alma el calor.

Sereno, suave es el tono de una voz prudente que respeta nuestros silencios y nos abre la piel con una verdad, logrando que la memoria de la epidermis destierre las huellas de los arañazos, el tacto áspero del esputo y el dolor del pellizco de monja. Una voz que pregunta ¿cómo estás?. Y se abandona a la escucha esa voz, una voz que no sólo ve, sino que mira para trazar cartas de navegación sobre una realidad que sólo es digerible con ayuda de un bálsamo: el buen humor.

La risa es el antídoto contra la ausencia, la pérdida de la herramienta social humana, el lenguaje y contra la impotencia de no poder evitar el golpe seco, contundente en un cráneo donde brotan los hematomas y el cabello. Sólo las tijeras son capaces de contener el crecimiento capilar y así la sombra de la barba nos impide permanecer en la quietud y la fragilidad de la caverna, donde cada día es un acto de voluntad. Voluntad: para querer comer, para poder dormir, para defecar...

Es necesario separar la realidad personal de los pantanos de las carencias, del desvanecimiento de los logros alcanzados tras constantes, pacientes, meticulosas y tiernas horas. La escisión se logra con la risa, la sonrisa cómplice, y cada día es una batalla ganada a la desesperación, al tedio, al aburrimiento, al lento crepitar de la rutina.
         
Las cuerdas se irritan, la voz se resquebraja, hasta que se quiebra y deja paso a la quietud embrionaria de una nueva eclosión, donde el tono asciende para conquistar el espacio sonoro desde la serenidad que alcanza tras la gestación del habla interna. El ladrón de voces no ha logrado dejar ni un leve rastro de preocupación, porque las murallas de la confianza son una armadura flexible y resistente a cualquier agresión.

PUBLICADO: Cosiquines de Cadavedo  Nº 11 agosto 2013



domingo, 17 de marzo de 2013

Laura Freixas: Una vida subterránea (Diario, 1991-1994)



Llovía sin cesar, las cortinas de agua aquella tarde borraron los restos de nieve de los tejados y la humedad  calaba  silenciosa y pertinaz. Parecía que no iba a haber tregua y mi garganta empezaba a ser campo de batalla de bacterias. 
La tentación del sofá parecía que iba a ganar la batalla cuando recordé aquel cuento de Laura que hace ya casi veinte años me impactó: Mi mamá me mima. De memoria recordé el comienzo: “Yo llevo treinta y ocho años en el vientre de mamá"… Comenzaba  a dejar que otros, desconocidos leyeran mis relatos cuando descubrí a esta autora que me impacto con aquel cuento que sigo releyendo y mostrando cada año a algunos alumnos y alumnas. No podía perder la oportunidad de verla en carne y hueso así que salí con mi paraguas, enfundada en mi bufanda  y guantes.  No sin antes enviar un sms a mi amiga:” paró de llover, tú sabrás pero es una oportunidad única, ver aquí a estas mujeres”
Recorrí  la antigua ruta que me llevaba antaño a la Plaza Ya no había tráfico, las tiendas habían casi desaparecido, estaba abierta sólo la colchonería, con sus trozos de espuma recortados en el escaparate como relleno de almohadas. Las losas de piedra sobre las que andabamos como jugando al cascayu ya no estaban y ahora los surcos rasgaban el pavimento y me conducían al centro de la calle Mon. Cerré los ojos y casi creí oír al girar hacia la derecha los reclamos del día, anunciando pescado fresco y el olor de las flores en la tienda de la esquina que se expandía, conformando un pequeño jardín con árboles frutales a buen precio. Me sentí mareada, el olor a pescado parecía cobrar fuerza y abrí los ojos, sólo cuatro paredes y la lluvia que de nuevo reaparecía en escena.
Entré y vi que la disposición esta vez era de café, mesas con cinco o seis sillas y en el centro de la sala las sillas forradas de terciopelo y una gran mesa donde se sentarían las escritoras, un atril a un costado, a otro el cartel que anuncia los encuentros, y un taburete. Las mesas más centrales ya estaban ocupadas. Me senté con una pareja de unos cincuenta y tantos, mientras esperábamos inicié conversación con ellos y fuimos comentando la sesión anterior,  y para mi sorpresa no habían leído casi nada de Laura.  Sonaron las ocho campanadas en la catedral próxima y se inició el acto.  Y para sorpresa del público Rossy de Palma comenzó a leer en primicia un fragmento de la próxima obra de Laura Freixas: Una vida subterránea (Diario, 1991-1994) Iba leyendo despacio, con un tono íntimo, y el silencio era absoluto, expectante. Contemplé a Laura nerviosa, no cesaba de agarrar inquieta un bolígrafo, sus ojos barrían esa cuarta pared  vislumbrando a los que estábamos más allá durante unos segundos, pequeñas contracciones de sus músculos faciales delataban cierto rubor, pudor.  Un aplauso rotundo acogió aquel texto en el que ella se planteaba qué mujer quería ser, cuál iba a ser su identidad como madre, como profesional así como los efectos de estas decisiones sobre su relación de pareja.
Tras la intervención del presentador se levantó y desde el atril fue compartiendo su mirada sobre la literatura, sus obras y la vida. Nos reveló que era la primera vez que este texto tan íntimo se presentaba a los lectores y lectoras ante ella, sólo lo habían leído tres personas.
Al finalizar le pregunté a mi amiga que le había parecido y le sorprendió la búsqueda de la identidad que había compartido. Las mujeres sin duda aportamos cuestiones a la literatura que los hombres no viven, que desconocen. No sólo tenemos que librar  la ardua batalla que enfrentamos al tratar de salvaguardar un espacio propio, sino que debemos recorrer un laberinto en el que debemos llegar a comprender quiénes somos, desprendernos de los lastres con que cargamos y reinventarnos como féminas, incluso inventar un nuevo concepto para atribuirle un nuevo significado a los significantes que aparecen en el diccionario. Así la maternidad cobra diferentes significados y quizás debamos comenzar a indagar nuevos territorios, como los Diarios, e inventar nuevos géneros. El camino es arduo, Laura lleva tiempo adentrándose amparada por el psicoanálisis, dando nuevos significados a palabras como: ambición, mujer, maternidad, escritora, éxito, igualdad, emponderamiento.
Pudimos intuir las siete partes de nuestros icebergs que están conformados por el mismo hielo  
Y al terminar pude aproximarme con su libro en la mano para la firma, me recibió con una sonrisa. Aprovechando una leve pausa un hombre se interpuso lanzando el programa sobre el libro para que se lo firmara y ella generosa se tomó el tiempo de escribir unas palabras. Después retomó la lectura silenciosa de las palabras de la dedicatoria cuando otra mujer enarbolando otro tríptico se inhibió diciendo: - Es más importante un libro.- Puede decirle que me había gustado mucho y que Mi mamá me mima seguía leyéndolo y compartiéndolo con mi alumnado mientras una suave L se expandía al pie de la dedicatoria. Entonces Laura se levantó me dio un abrazo y dos besos.  
Me encontré con mi compañera de mesa y me dijo que iba a comprar algún libro de Laura, le había parecido una mujer interesante, cálida, tan cercana. Sí es una mujer inteligente, sabia y maternal.