jueves, 6 de marzo de 2014

Con la llegada del bus

CON LA LLEGADA DEL BUS…

- ¡¡¡El príncipe del Castillo!!! – María y yo abrimos los brazos de este a oeste, las sonrisas amplias le dan la bienvenida. Eloy sonríe, me mira y viene a mis brazos, a veces corriendo, a veces deja la chaqueta y viene a darme un beso y a que le de el suyo, luego se acerca a su maestra y le da su beso, ella lo recibe con todo el cariño y se abrazan, se besan.
Hay en esa mirada de Eloy una luz que alimenta a la niña que fuimos, y puedo estar al otro extremo de la habitación que él me busca con la mirada y viene a mi ignorando por unos segundos, a todo y a todos cuanto hay alrededor. Esa sonrisa y esa mirada tan cómplice y redonda brota cada día entre él y yo, y la magia se alimenta, el espíritu creativo respira profundo, se expande cuando va en busca de los brazos de María.
Hay tanta generosidad en este acto diario en el que nos damos la bienvenida, hay tanta calidez y respeto, que sólo tengo palabras de gratitud y reconocimiento ante este amor generoso, cómplice que teje redes firmes entre nosotras dos y nuestros niños.
-   Fichas, no, fichas no!!!. ¡No, nooo.!
- ¿No quieres hacer una ficha aquí?
- Ebo I E, e de elefante, Mukica.
- Mira una ficha de círculos.
- Kanchinsky, Encarna teatro, teatro. ¡¡Teatro!!!.  Encarna, Eeeenncarrnaaaa–. Canta mi nombre cruzando el pasillo llamándome como si fuera un club deportivo, y llega a mi clase para preguntarme por Iván, por Cristián, por Juan, por mi coche, para pedir la música de Mariam Hassan con la que bailamos los dos, un paso hacia atrás, otro hacia delante y en el centro nos encontramos para darnos un beso, uno tú, otro yo, y se ríe, se ríe suave, con una ternura infinita. 
Va a buscar a María, al resto de sus compañeros y trae su pincho de tortilla, me ofrece un bocado de esa tortilla jugosa, con cebolla.
 El coro canta su repertorio, entre habaneras, se recuesta en mi regazo y se queda relajado, casi dormido, mientras el concierto avanza, y él con la boca entreabierta, los ojos semicerrados, respira cada vez más sereno. Respiramos despacio, tranquilos, aislándonos de las miradas inquisitivas, voraces, envidiosas, que se fijan en nosotros de forma burlona y nos miramos en el espejo de la mirada dulce de María.
 - ¿Vamos a pedir una canción Eloy ?
– Si, vamos … Te acercas y le dices al señor: por favor, quiero que toquen...
 Va decidido, le acompaño…
- ¡Qué rico!- exclaman, ante sus palabras: - María, María,….-
Y tras la primera canción anuncian la petición del profesorado y del alumnado tocarán a continuación: “ María la portuguesa”.  Eloy me mira, se ríe, y mira desde mi regazo a María, nos sonreímos los tres cómplices, ante el desconcierto ajeno.


Petición y voluntad

PETICIÓN

¿Qué se despierta en el alma de estos seres ante el espejo?  Esa fórmula mágica con la que Carlitos transforma el enfado en un cataclismo tierno, con esas dos palabras: - te quiero- esa fórmula al verla en otros niños, parece provocarle una conmoción, la quietud total y un deseo: - “Otra vez no, no”. No desea volver a ver a los niños y niñas decirse te quiero con un abrazo, en voz baja, a gritos, con voz nasal, él que siempre quiere volver a ver las imágenes que vemos, esta vez no, dejó claro que otra vez no, no.
Una negación expresada con tanta contundencia que no puede dejar de ser escuchada, una afirmación de sus deseos desde el lenguaje articulado, y no desde esa pasión abrasadora que le domina por momentos y se lanza a morder, a pegarse con todo el cuerpo a los demás, expresando sus celos, su reclamo de su dosis de besos, de proximidad, …
Últimamente lanza preguntas: - ¿tu casa es grande?, ¿me llevas a tu casa?, ¿dónde está María? , ¿te ayudo?.

VOLUNTAD

- “No quiero, no, no quiero”.- No desea moverse, está relajado sobre la pelota y no desea abandonar esa quietud inestable, esa redondez en la que se abandona para ser acogida por la pelota blanda, sobre la que se balancea ligeramente. Salir para qué, no, ahora estoy  bien,  relajado, y lo dice alto y claro por primera vez:
-“ ¡No quiero!”. – Y lo dejo un poquito más, porque hay que premiar esa forma de expresar lo que uno desea,  sin tirarse al suelo, sin dar patadas, sin llamarme puta,… después de todo si prolongamos cinco minutos más el tiempo de recreo ¿va a ocurrir algún cataclismo?.
¿A dónde nos lleva la rigidez de los horarios, de la organización inflexible?.  ¿No son los niños la escuela?.

Manos

MANOS

En tus manos veo reflejadas tantas vivencias compartidas, los tirones, las caricias, las esperas pacientes, las contenciones, las presiones a las que nos someten y las que neutralizamos trazando líneas rectas sobre cartulinas de colores. En las líneas de tus manos están las huellas de historias que nos ha hecho crecer,… Tus manos, con los dedos abiertos descansan sobre tus piernas cruzadas y la confianza nos alimenta la esperanza de construir un mañana donde tu alegría impregne el aire, cada arista, y barra las esquinas donde se acumulan los silencios de la culpa, el miedo, y el asco. Esas manos que de vez en cuando se quedan quietas, rígidas, y en su tensión nos recuerdan que no podemos bajar la guardia, esas manos que acompañan, manos ágiles, dispuestas para trazar nuevas rutas en las que adentrarnos para aprender a que emerja la parte más humana, frente al lado salvaje y despiadado de los animales acorralados. Manos fuertes que saludan, acarician, sostienen, miman, cantan, dibujan, guían, susurran, aguardan, manos cálidas, fuertes, con las uñas cortadas, dedos largos, manos bien dispuestas para sostener, lanzar, volar… hacia tu bondad, generosidad y esa alegría que se ha ido apagando, pero que como la luna volverá a su plenitud, para tejer ese circulo de amor respetuoso, en el que nos sentimos nosotras mismas,  capaces de crear un presente cargado de posibilidades que hablan del placer de estar vivas, de viajar y de soñar despiertas. Manos sabias,.. así son las manos de María. Manos que piden más, más,… 

HUELGA PROHIBIDA


HUELGA  PROHIBIDA   (1 de abril de 2009)

Anoche tuve un sueño,… caminábamos todos juntos:  Eloy, Carlos, Juan, Noel, Joselyn, Christian, Kike, Mónica, y  María por un campo verde, descalzos, alegres, a nuestro ritmo, sintiendo la hierba acogedora bajo los pies, acariciando el empeine del pie. Era una hierba tan verde, tan tupida y suave que era fácil y agradable caminar, caminar hasta la arena, arena de una playa, una playa solitaria envuelta en una niebla espesa, densa, que nos rodeaba creando un círculo protector alrededor nuestro.
Caminábamos unos al lado de los otros, sin necesidad de agarrarnos, ni de sujetar a nadie, movimientos en forma de espiral, circunferencias con sus arcos, hasta formar un círculo que se abría y se cerraba rodeado de niebla. El mar lo intuíamos cerca, la olíamos, se escuchaba pero no lo veíamos.
Todos fuisteis encontrando caracolas, caracolas grandes y de tonos rosados, amarillentos, brillantes. Yo no encontré ninguna. Veía vuestras manos con la caracola, la abarcabais con la mano, y me la mostrabais.
Las miraba, tenían unos tonos rosados tan intensos,… y entonces Eloy se acercó y colocó su caracola en mi mano. Las acercamos al unísono, sin decir ni una sola palabra y saqué una fotografía: sobre un fondo de arena húmeda aquel círculo perfecto de caracolas sostenidas por las manos amigas, por las manos que sostienen mi ilusión y generan a diario el sentido que necesito para enfrentar cada día.
Desperté serena, abrí los ojos y sentí la fuerza de esa red de respeto, confianza, y apoyo que tejemos cada día, la red de protección que, nos ayuda a seguir haciendo piruetas mortales en este circo en el que trabajamos.
Hoy diez minutos antes de irnos a casa, volví a despertar al veros a los dos, a Maria y Eloy así…mirándome en el pasillo, con una sonrisa fresca, radiante y cómplice.

miércoles, 5 de marzo de 2014

ESPEJOS


Siempre busca el espejo para bailar, para girar mirando en esa superficie que quizás sea la puerta hacia otra realidad hacia otro que aparece siempre ahí y se llama como él, pero no es él,… Sin embargo reconoce el mundo circundante, en el espejo. ¿En qué nos reconocemos?. ¿Por qué sabemos que la figura que aparece en el espejo somos nosotros?. Investiga, curiosea abriendo incluso mi bolso y juega con una compresa en el espejo, se pega a sus manos como el pañal que lleva,  juega con ella delante del espejo, mirándola,  buscando esa otra que aparece en esa ventana, ante el rubor del profesor de religión.
            Me reconozco en la paciencia con que María va dando macarrones, uno a uno para ir insertándolos en el hilo del collar, en la risa que nos lleva a mover los títeres que hicimos juntas y cómo dimos vida a Florcita, a Don Titón,… te reconozco cuando creamos la historia de los “niños asesinos” con peces, tras la salida al acuario.  Nos reconozco corriendo tú por un pasillo y yo por otro, buscando a Iván en una de sus fugas.  Reconozco mi miedo a la pérdida del control cuando asustada me miras y me preguntas qué hago con él en los brazos sangrando, y te ofrezco mi visión de la mejor respuesta para él, y la haces tuya marchándote inmediatamente, sabiendo que de los demás me encargo yo, y no tienes que preocuparte de ellos. 
Nos reconocemos en esas gracias que, nos damos la una a la otra por la reciprocidad con que nos ayudamos.  En esa imagen no importa la derecha, ni la izquierda, en este espejo que somos tú para mi, yo para ti, se ve la fuerza de la alquimia, esa es la fuerza que nos habita a las dos, esa es la clave de nuestra supervivencia aquí. Es nuestro poder para transformar los deshechos en arte, en belleza, en rebeldía, en libertad, en emociones que abarcan desde la risa, al llanto, desde el agotamiento al asco, desde el pánico a la creación.

Laberintos y comunicación

LABERINTOS

Los movimientos son cada vez más rápidos, se deslizan entre los troncos que separan una zona de recreo de otra, saltan sobre ellos y no llegamos a alcanzarlos, corres, corres hasta que sientes el corazón en la garganta y entre las yemas de los dedos se desliza el mandilón, te quedas como el botón, suspendido en el aire unos segundos, mientras él sigue su carrera, hasta que le frena un caldero con pintura, o un andamio por el que escala, raudo y veloz para llegar arriba, arriba, a lo más alto. No hay percepción de miedo, no hay percepción de peligro, no existe la posibilidad de caer, del dolor, de la sangre manando de su cabeza … desde el tejado las nubes están más cerca. Desde la cumbre los demás son puntos, insignificantes, hormiguitas que recorren sendas ajenas a tu presencia,… ¿quién subirá arriba a buscarlo?. 
Otras veces tus ritmos se van acelerando a medida que sus gritos van incrementándose en volumen: -  Me pones nervioso. ¡Me estoy poniendo nervioso!!! ¡¡¡¡Quiero matar a mi madre!!!!, ¡¡la voy a matar!!. ¡¡¡Y a las monjas las voy a matar a todas!!!.  Los gritos se apagan con las primeras bofetadas que se da a si mismo, y  la garganta se cierra ante tu propio temor a que esas patadas que lanza contra la pared, acaben en tu cara, en tu vientre, y ese grito con el que comenzó amenazando se transforma en herida, hematoma, fractura,…
 La jaula está rota y es preciso contener. Un nuevo espacio tras unos pantalones estropeados por la pintura se logra. Un espacio en el que al menos la reja logra reducir las escapadas en las cuatro direcciones, sólo hay un punto débil y la vigilancia es constante, permanente.
No hay más huidas, pero hay agresiones, hay saltos inmensos en los que la angustia agita la necesidad de abarcar al otro hasta hacerlo gritar, hasta que llore, mientras la tierra es removida, lanzada. Cuando arrasaron el acebo hasta las lombrices emigraron. – - ¡Quién fuera lombriz para partir!.

COMUNICACIÓN.

Escriben las madres en la agenda pequeñas misivas reclamando más información sobre cómo se produjo la gran herida que tiene su niño en la rodilla. Examinamos las rodillas y no encontramos en ellas más que un raspón, superficial, que pudo hacerse en cualquier parte, en cualquier momento.  Y pensamos que debería de ver los hematomas que tenemos, los tres puntos en la ceja de la cuidadora, deberían de sentir el dolor en las muñecas que tenemos por tirar de ellos, por frenar las sillas que a veces lanzan, deberían de saber que hay tres maestras de baja, con un esguince cervical producido por sus hijos. ¿Acaso nos va en el sueldo? ¿Acaso pagan a alguien aquí para recibir agresiones?.
Otras en cambio escriben en una cara:- “Ayer volvíamos a casa de la compra y leyó en un coche  POLO, él sólo, quiso saber que decía. No veas como me prestó. “ Y en el  reverso aparece una lista: papel higiénico, lechuga, lejía, bastones del oído, tomates, cebolla.
Y otras veces nos escriben:
 - Hola María: Ayer Eloy cantaba: Encarna jabibi, ¿Qué significa? Está emocionado con el teatro, le encanta.
Y contestas: Hola Ana: Habibi es una palabra árabe que significa mi amor, yo a veces la uso como muletilla, a veces como adjetivo. Eloy habibi,  mi habibi,… Nos da tanta alegría.  Un saludo. Encarna
Y al día siguiente en la página siguiente Encarna me encanta tu respuesta.


EN LAS ACERAS y A la entrada

EN LAS ACERAS

Llegaba a casa tras una mañana que no parecía tener fin, una  mañana completa con ellos, una mañana sudando, corriendo tras Iván rampa abajo, escuchando respuestas absurdas ante aquella palabra pertinaz que lanzaba, sabiendo que poseía el poder de herir, sin saber las acepciones que podía tener ese: - ¡¡puta!!.  Aún ese sonido martilleaba mis oídos, y mi respuesta: - “fruta, fruta, hoy no es el día de la fruta”. 
El dolor de cabeza iba aumentando, las ganas de ducharme, de frotar con jabón las manos,  el deseo de beber agua fría,  iba arrastrándolos,  subiendo mi calle, cerca de casa cuando al alzar la mirada los ojos de una amiga me ven, me saludan y llego a casa con el eco de sus palabras:  - No podemos dejarnos sucumbir.

A LA ENTRADA

Llego cada día justo al caer las 9:30 y en la verja siempre esa mirada inquisitiva, ese humo que trata de disfrazar la revisión de abajo a arriba,… cruzo la reja oxidada y parece que el lector de códigos no está activado, no salta ante mi desasosiego, ante las dudas que me asaltan y un día más comienza, o un día menos, según se cuente.
La selva está viva, las plantas carnívoras parecen regenerarse con una violencia obscena y camino entre ellas, tratando de sortearlas, lanzándoles los jirones de la ropa que queda para saciarlas, antes de que me atrapen la piel.  Me siento desnuda, invisible, sola, y de repente en todo el centro resuena el altavoz:
- Ponte en contacto conmigo. – y me siento liberada por no ser objeto de esos reclamos, en los que no existe un por favor, ni un gracias.  Recuerdo como antaño el silencio se quebraba con la voz masculina del conserje reclamando por favor cuidadores. Miro la foto de Mario Benedetti antes de salir y descubro en el rojo con que pintarrajearon sus mostachos, la sombra de la herida mortal.
Siento deseos de agarrar el altavoz y recitar los versos de Benedetti al aire, para que se escuchen unos cuantos metros más allá, para que se los lleven las olas del océano a otro orilla, y aprovecho a la salida de este lunes para darme ese capricho, para darle vida a Don Mario, a través de sus versos. Es mi pequeño homenaje en este primer lunes sin Don Mario.

ADAPTARSE



Miedo me da mirarme en el espejo, horror siento cuando me veo muchas veces en el espejo.  ¿Cómo adaptarse a estar en constante tensión, anticipando la escapada de  uno de ellos, ante la presencia de otra persona, cómo adaptarse a tener de conformarse en poner  las canciones que le gustan y pelearse cada mañana entre gritos y pasarse 20 minutos, señalando las prendas que ha ido lanzando por la clase, sin esperar nada más, sin exigir nada más?. ¿Cómo adaptarse a que el reto sea que no alcance las tijeras, que no se escapen, que no se tiren del pelo, de las orejas, que no den patadas, que no se arañen la cara?.  ¿Cómo acostumbrarse a ese grito mamá, mamá, cuando le pegan y viene a refugiarse en mi, temeroso  pero incapaz de poder contar lo que le pasó, qué le hicieron, sólo señala quién fue?. ¿Cómo sobrevivir en este territorio donde el insulto, el prejuicio y el posible expediente reinan alrededor?. ¿Cómo acostumbrarse a este ambiente enrarecido donde se gritan los adultos/as y se lanzan acusaciones, insultos, donde se vanaglorian creyéndose inmunes, por encima de todo y de todas/os?. ¿Cómo enfrentar el constante sinsentido de decisiones que  envueltas en “justicia” quieren desestabilizar, provocar enfrentamientos entre profesionales?. ¿Cómo resistir esta pirámide donde se nos lapida con total inmunidad y alevosía, donde se nos pisotea?.
¿Cómo adaptarse a que mañana sea igual que ayer, igual que hace un mes?, ¿o a que la diferencia sea que estamos más cansadas, más inmunes ante el desgarro? Sombras, estoy en la sombra no hay luz, hay calor infernal, calor al que brotan los monstruos, los hedores más inmundos, y la indiferencia, nadie mira, todos/as con sus orejeras, sola, esperando el próximo enfrentamiento. Oyendo: - “¡Putas pobres por las que saque la cara muchas veces, y me dieron por arriba y por bajo muchas veces!” Y contestas: -“ No soy ninguna puta lo primero, que te quede claro, a ver si dejamos de gritar, porque esto no nos lleva a ninguna parte”. Mirar y ver cómo ellos se tiran del pelo, para frenarse, se tiran de una oreja, o se lanzan esos :“Basta, bastó”, bastó que te han escuchado mil veces.
Miras y me doy miedo, no me gusto, no me siento yo … quiero rescatar a la que ellos ven a veces como Dibibidibide, la canción africana,  a la que hay que dar un beso antes de empezar a trabajar, o la que nos dice que yo te quiero más, cuando te limpias las babas.  Una parte de mi se muere en este antro, este infierno,  te lo dije hace un año y es así, …niños muertos, zombis, polisíndromes,…   la agonía de las últimas horas, esa  disnea que anuncia el final la sentimos al llegar,  por la mañana al ir a buscarlos al bus, al entrar y no mirarnos ni siquiera  a los ojos,  ver la  mano que indica hacia arriba, rápido al aula,  no hay tiempo ni para reunirnos todos juntos y subir, ya subirán cuando lleguen, fuera, fuera, cada uno a su celda de aislamiento y 30 minutos de recreo, como marca la ley. 
Mirar alrededor y ver el lado más oscuro, más desgarrador, más duro,  más desenfrenado, más irresponsable y prescindir de lógicas, de sentidos común, de valores que no sean el lucimiento personal, palabras que se malinterpretan y con las que se atacan y nos atacan, cómo adaptarme a ser autista, a eludir el encuentro con los demás, cómo adaptarme a no mirar alrededor y quedarme en la mirada quieta, fija en un punto, un punto inmóvil, estático, ver cómo  tenderán la trampa a otro hoy, que mañana podría ser yo.  ¿Y tú, me ves adaptada? ¿Me lo dices en serio?.

Visitas y Memoria

VISITAS

Un perro sin collar, limpio juguetón, un labrador, se aproxima a la entrada, juguetea con los niños y las niñas, se deja acariciar,  incluso no se revuelve contra ellos cuando le tiran del rabo, cuando le golpean en el lomo sonriendo. Disfrutan de este encuentro hasta que llega la jefa y manda cerrar la verja, si vuelve a aparecer el intruso de todos los años llamará a los municipales, y que se lo lleven a la perrera. 
Pasan diez minutos de la hora, se pierde tiempo, venga para clase. Las puertas en los pasillos de cierran, la sonata de golpes y timbrazos que tarden en atender comienza. ¿Qué tiempo hace hoy? Tormentoso.

MEMORIA
           
            Las paredes están vacías, no hay nada en ellas, ¿dónde están los trabajos de cerámica que colgaban de las paredes? ¿Dónde están las placas que regalaron al colegio en sus 25 años de existencia?. ¿Dónde han puesto los carteles con las fotos de la gente que pasó por aquí, en las distintas actividades que se hicieron?. ¿Dónde están aquellos álbunes que hacían las cuidadoras, con las actividades que realizábamos en cada una de las  fiestas?. ¿Dónde están los trabajos del alumnado que colgaban de las paredes?.
Ahora quieren quitar los carteles que se hicieron señalizando todo el centro sobre madera, con distintos sistemas de comunicación, carteles que durante un año hizo el profesorado, y la única razón es que están viejos. En su lugar, cartulinas plastificadas de colores con fotos de quita y pon, fotos de la persona que esta dentro, fotos del lugar, y la palabra. ¿Es esto un mausoleo?.
A veces creo que nos estamos transformando en zombis, en fantasmas que deambulan por el castillo, un castillo en el que nada se moverá, nada cambiará, los azulejos verdes, las puertas a juego y los techos blancos, desnudez pétrea, ventanas con cristales irrompibles, sólo falta la insonorización para que no salgan ni los llantos, ni los gritos,… las palabras nos las están mutilando. La risa está prisionera, y quieren dejarnos sin memoria, sin historia, para construir un nuevo mundo, en el que la sumisión es el alimento. 
            Cada día reconozco menos, cada día descubro en el contenedor pedazos de esta institución y me sorprende que sin ningún rubor, y con el silencio cómplice de todas y todos los que vivimos otra época, se regalen trabajos del alumnado, placas conmemorativas a extraños.
El barrido no alcanzará a todas las memorias, el horizonte que pintamos Tere y yo sobre aquellas planchas de madera permanece, la entrada a aquella casita que transformamos en orilla, en casa de pescadores que bajo el faro sobrevive, aunque la pesca sea escasa y sea cada vez más urgente navegar más lejos, para encontrar el sustento. Aquella pared en la que creamos, junto con nuestros alumnos, una ventana a otro mundo resiste, y me recuerda que estamos de paso, que nada permanecerá, ni siquiera este vacío, esta oquedad que nos envuelve, saldremos a la luz, y crearemos de nuevo aprovechando la sombra un nuevo personaje, una nueva narración. El origen del títere es ese, la propia sombra.

Trabajar con amor

TRABAJAR CON AMOR

- Te quiero, te quiero- responde cuando le riñen por mancharse, por romper el folio, por arañar a los demás en la cara, siempre ante la cara de enfado y la bronca responde lo mismo: - Te quiero mucho.- Y como una fórmula aprendida le respondo:
- Yo también te quiero, y te quiero más cuando te limpias la baba.- Y como respuesta unas veces se limpia en la manga la saliva y se acerca para darme otro beso o dice: - No tengo,… no tengo…. Mientras busca el clinex en los bolsillos de mandilón. Le señalo dónde está la caja de pañuelos de papel y va por uno, se limpia raudo y veloz, dejando un ligero rastro de rotulador entre la saliva, que mana de su boca casi constantemente, y me da un beso. Sigue trabajando,  pintando y pintándose la cara, las mangas hasta los codos, … y de nuevo ante la desesperación ajena  un profundo: - ¡¡Te quiero!!!- brota y con estas palabras la paciencia se renueva y  nos lleva a respirar hondo, a seguir un día más,  una hora más intentando crear un clima agradable donde podamos aprender algo.
¿Dónde habrá escuchado ese primer te quiero?. No son palabras que se escuchen a menudo, sin duda él ha captado la magia que provocan y ha aprendido a usarlas para deshacer tensiones, y ponernos ante el espejo para preguntarnos qué es lo más importante.   

Al margen


5 de marzo 2009 La mañana enturbiada en granizo  estridente sobre el parabrisas, apaleando los cristales, el techo del coche,  ruedas de camión en el horizonte, luces rojas  destacan en medio de esa cortina de agua y viento que, dobla los paraguas, y por fin a cubierto hacia las  9:30, sintiendo la humedad  avanzar por las corvas, por las muñecas, por la nuca,…La oscuridad desaparece con el brillo de la sonrisa de Eloy, que me ve y viene hacia mi, tambaleándose sobre sus pies zambos y tarareando mi nombre,   el frío se eclipsa. 
-  Médico,…
- No viniste ayer porque fuiste al médico ¿no?
- Sí.
Y me acerca la mejilla reclamando como cada mañana, su beso. Más tarde deja su mochila y con el mandilón cerrado por el velcro viene de nuevo a darme él un beso y empezar a trabajar… Me transporta el presente, al ahora, no hay mañana, no hay ayer, hay lo inmediato, él y yo, la complicidad, la alegría de estar vivos, de conectar con la niña que fui y jugar con el niño que es. Es un milagro, nuestro Eloy.
El horario, las rutinas, el pis  a las once, la maestra programa la alarma y hasta las 11 no toca hacer pis con Pilar, hasta que suene la música de Fito no es la hora de ir al baño.  Dan las 11:10 cambio de clase, y ya ha ido al baño. Hoy nuestro príncipe controló el esfínter,… y en la casita untamos queso en la rebanada de pan, aprenden a agarrar un cuchillo y diez minutos antes del recreo la sangre mana de la nariz de Eloy. Mana roja, abundante, caliente y su maestra lo eleva y se va abrazada a él en busca de Alberto, Alberto… Alberto, el hombre de pañuelo al cuello, sonrisa en los labios, suavidad y firmeza,  que aguarda con el anticoagulante mientras la furia desatada del poder se repliega sobre Eloy,  armada con sus guantes y un trozo de papel y comienza a ordenar sin sentidos,  trata de apartar a Alberto, le ordena que se vaya,  pero él permanece expectante, cerca de nuestro príncipe que sigue sangrando, asustado,  y buscando a mamá, a Pilar, a María, … el teléfono suena y la madre acude rauda y veloz, nerviosa. La hemorragia había cesado ya. Y lloró al verlo. Lloró somnolienta, lloró en silencio,… 
¿Cuánto tiempo le queda a Eloy? No hay respuesta médica.  ¿Amanecerá mañana envuelto en su sangre cadáver?  ¿Vivirá un año más?.  Su madre se sienta cada noche a velar su sueño, cae en brazos de Morfeo cuando él está en el colegio, y agradece que Eloy cuente con alegría cómo pinta macarrones, cómo hace teatro, cómo baila, cómo hace de flor, cómo pinta máscaras, cómo extiende el queso en el pan, cómo viene a mi clase a por pinturas,…Eloy que se fue del cole caminando de la mano de su madre y su maestra, mañana no vendrá a clase.
Y mañana, a las 9:45, extrañaré su suave golpear en la puerta de mi clase y la carita sonriente de nuestro príncipe, pidiéndome un beso,…    

Preguntas

¿Qué hacemos el viernes en el taller?. – Encuentro imágenes de esa África que palpita bajo mi piel y de nuevo veo la posibilidad de abrir la ventana hacia el sur.
Ya no es bastante el retrato de Mario Benedetti en el armario como señal, para recordar en esos momentos en que pierdo el rumbo que, hay un mundo más allá de las cuatro paredes en las que estoy y que el mundo no empieza, ni acaba donde estoy. Quizás no me alcanza, porque al menos una vez al día me pregunto: ¿qué hago aquí? Y no encuentro una respuesta que me colme de sentido. Quizás se deba a que tras nueve años con ese retrato conmigo lo han pintarrajeado, dejándole los mostachos rojos, con una herida, como una señal indescifrable, de momento.
África, de nuevo, África con la música de Ismael Lo, esa voz melodiosa y a la vez profunda puede que nos dé la fuerza para seguir trabajando al ritmo de estos corazones que desean danzar, girar, gritar, cantar, romper la pureza del color y explorar entre los rojos y los amarillos los naranjas, los verdes,  transformar los azules en cielos estrellados, y comenzamos a pintar máscaras, a pintar macarrones con los que insertar las cuentas de los collares que lucir, en Carnaval, y nos expandimos al ritmo del tabal,  de la voz de Mariam Hassan, Cesarea Evora, … y así encontramos esa Dibi dibirek como himno de nuestra alegría, de nuestras ganas de vivir y de seguir riendo, trabajando con el apoyo de la vecina, con la que compartimos el día a día.
La tribu fue necesitando chozas, y un baobab para contar sus historias, a su sombra los cuentos que nos ayudan a seguir creciendo, y entre cafés y pinturas tejemos una red que nos protege si caemos del alambre sobre el que, cada día, realizamos nuestras piruetas en solitario.
Ahora ya no estamos solas, estamos una al lado de la otra, juntas, compartiendo actividades en diversos espacios, tratando se dar sentido al hacer diario, dentro de una rutina fotográfica, de la que extraemos risas, lágrimas, cafés, resoplidos, combatimos la furia, y nos sentimos cada vez más acogidas, más amparadas, más protegidas, más fuertes, más apoyadas la una en la otra,  y viceversa.  El circulo se cierra, mis niños y sus niños, nuestros niños, compartimos el tiempo, trazamos proyectos en el aparcamiento, a la salida,… y nuestras clases son una, ellos lo saben, lo sienten así y cuando alguno se despista nos busca en mi clase, aunque no tenga mi foto en la puerta, ellos saben cuál es, dónde está y tras el recreo vienen a comer el pincho todos juntos, al compás de una melodía africana, portuguesa,…
-¿Qué hacemos después de África, Encarna?.-  Me pides que siga creando, necesitas que siga proponiendo cosas que nos ayuden a crear un bienestar propio que se contagie, y sigo pensando, abierta a lo que me rodea.  Necesito daros una respuesta,  porque esa es mi respuesta a la pregunta implacable que me hago: - ¿Qué hago aquí? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene estar aquí?.-  Cuando empezamos con este teatro adaptado a la dificultad de coordinación, de seguir órdenes, empecé a encontrar sentido, cierta luz, para ahuyentar fantasmas, miedos, bloqueos, y al seguir con esta exposición de África, la llama pasó de ser la tenue luz de la cerilla a hoguera, hoguera de San Juan. 

LUZ

Llaman a la puerta y nos trae Eloy la luz del sol en una cartulina, un sol radiante y le pido permiso para trazar un pedazo de cielo azul y una sonrisa en aquel sol que me trae ecos de otras luces. Al cabo de unos minutos vuelve con las nubes que anuncian lluvias, el agua pertinaz que se aloja en los cristales, la lluvia silenciosa que nos enjaula en el interior de la institución. El aguacero interminable en el que me deja pintar un rayo de tormentas intensivas que alumbran futuros.
La puerta se cierra y vuelve a abrirse, silencios y lágrimas en los ojos desbordándose. Se acerca a mi, busca el hueco bajo mi pecho para acomodar su cabeza y buscar caricias, besos, la suavidad que le tranquiliza. Grita: - ¡mamá! Y me busca cuando le pegan, cuando le golpean, me mira y me siento impotente, desnuda, ¿Cómo evitarlo?.
  Anticipar los golpes es difícil, no es tarea sencilla, es posible correr a veces, es posible saltar en dirección contraria alguna vez, estás sola con el Arnidol en la mano, como remedio.

¿Existe lo que no se nombra?


Nombramos lo que nos envuelve, lo que no nos toca la piel, nombramos los envoltorios de los caramelos, las etiquetas de los relojes, pero nos da miedo evocar el placer del azúcar derritiéndose en la lengua, expandiéndose bajo ella, circulando entre las encías, deslizándose garganta abajo. Tememos rasgar el muro que contiene el dolor de las ausencias, de las emociones desbordadas que conseguimos amordazar entre insomnios y duermevelas, y así, olvidando nombres, la lengua se vuelve afilada arma que, cargada de ironías, dobles intenciones, y malos entendidos, fortalece las murallas que nos impiden mirarnos en el espejo. Pero aquí, ante ellos, tras cerrar la puerta del aula no es posible esconderse, no sirven las defensas, los olvidos, las murallas, las dobleces, eres cuerpo y voz, eres alma y cuerpo fundidas, desnuda ante lo más primario navegas sola.
Las mimosas han florecido y el viento las arrasó esta semana desde el patio de atrás hasta los columpios. Besos, besos tras arrastrar el cuello a tu altura con firmeza, agarras un pedazo de piel y sorbes, sorbes en ese beso prohibido. En ese beso con el que asedias a mujeres, niñas, a desconocidas, incluso a tu madre tratas de besarla en los labios, de succionar con una fuerza prensil que nos lleva a la huida, a tratar de implantar una frontera. Te decimos no, no, las que podemos hablar, otras encantadas se dejan besar en una esquina del recreo, y tras hablar con tu madre la pauta con que tratamos de marcarte un límite crece, se afianza, pero tu deseo emerge, estás creciendo y pides besos a todas horas. Repites la cantinela los besos en el papo y buscas los labios, las manos se van, tratan de explorar y una vez más debemos seguir imponiendo la frontera del no, no se toca a la gente en cualquier parte, no, no., no.  La invasión es tu estado, invades, y cierras los ojos cuando ves que nos enfadamos, no quieres vernos, no quieres sentir nuestro rechazo, nuestro repudio y tratas de correr, de escapar, cierras los ojos y te tapas los oídos para no escuchar y de nuevo vuelves a intentar hacernos cosquillas, tocarnos los pechos, besarnos en los labios. No entiendes las excepciones, y debemos seguir con firmeza mostrándote la norma. 
¿La norma de quién? ¿A quien sirve esa norma? Incomodan los gestos cariñosos a muchas, incomodan hasta los besos en la mejilla que, cada mañana me da Eloy al entrar y preguntarme si vine de Oviedo y cómo es mi coche. Así comienzan las rutinas de mi vecino de al lado, si no viene a darme el beso no puede empezar a trabajar. Lindo comienzo con un beso en la mejilla, grato momento cuando Juan  me llama mamá y busca mi protección cuando le dan una patada, y lloroso viene a mi buscando un beso, poniendo su mejilla para recibir pero incapaz de dar un beso. Reclama besos, caricias y se cobija entre mi brazo y mi tronco, lleva mi mano a su cabeza y reclama la caricia suave. ¿Será relevante en su aprendizaje enseñarle a besar? ¿ O será más importante que diga Ana bebe agua.? 
¿Qué enseñamos aquí? Enseñamos a esperar el turno, a  colgar una chaqueta en una percha, a reconocer la m, a señalar la foto de la lluvia cuando arrecia por la ventana, enseñamos a hacer zumo, a compartir los pañales que quedan, a ir a la clase de al lado a pedir ceras, a mirar un video, a estar sentados en una silla, a caminar todos juntos por los pasillos sin gritar, a parar de darse bofetadas, a parar de agitar las manos  a apartarse cuando alguno comienza a saltar de forma compulsiva, a lavarse las manos,…
¿Qué nos enseñan ellos y ellas? A interpretar deseos y necesidades en gestos, en silencios, a pedir ayuda, a no esperar nada, a aceptar que la pulsión es más fuerte, a valorar los avances mínimos, a preguntarnos qué estamos haciendo y para que sirve lo que escribimos que debemos enseñar, a escuchar a unas familias rotas y tratar de acompañarlas en ese camino solitario, donde la mayoría con quienes se encuentran son conejos apresurados que sólo ven su reloj.

Las mimosas florecen a destiempo, el calor que nos trajo el viento del sur ha confundido los ritmos vegetales y ha desatado los gritos, los empujones, los llantos desordenados…No parpadeamos ya cuando la silla es arrojada hacia el suelo, cuando las pelotas estallan contra el techo, cuando las lágrimas se expanden por los cuatro esquinas del cuarto y no hay ya sacapuntas capaz de lograr darle vida a un lapicero, rayas, círculos, espirales… Movimiento continuo de la mano que gira, gira el tajador mientras la luz roja anuncia la llegada de Juan…

Gafas nuevas

Hematoma, heridas superficiales, hematoma granate intenso, … las gafas se deslizan sobre la nariz y Chris mira, se acerca, se aproxima hasta inspirar el aire que media entre nosotros y sonríe. Se aleja y sonríe, sonríe, sonríe hasta que se ríe sin dejar de contemplar mi ojo dolorido.
 ¿Qué pensará por su cabeza? Tal vez se ríe pensando otro te alcanzó,… se sonríe porque reconoce tal vez la herida, y le resulta conocida, cotidiana, cercana,… nunca lo sabremos.
La mirada de rechazo emerge en el silencio de Juan el desagrado, el miedo, el rechazo se materializa en los ojos cerrados de Iván, no quiere mirar, no quiere verlo. ¿Qué me pasa en el ojo? Iván, responde: - Tienes el ojo malito. –Sí, y me duele, ¿me vas a ayudar? ¿te portarás bien hoy? - Me voy a portar bien.-  Y de repente Chris se acerca y me  da un beso suave, en la mejilla.    
Los adultos preguntan tras la sorpresa: - ¿Qué te pasó?. ¿Te desvaneciste?. ¿Cómo fue?, ¿te pegó algún crío aquí?, ¿fuiste al médico? … mientras otras no miran a los ojos, no me ven, o prefieren mirar para otro lado… 

LUNES

Llegas y me abrazas… Me ausento, me alejo, salgo por 24 horas, de esta rutina insidiosa, machacante y te encuentro en el día verde, miércoles. Te abrazas a mí con todo el cuerpo y buscas un pedazo de piel para estamparme un beso. Sonrío, es tu forma de decirme: te extrañé ayer. Y seguimos un día más construyendo lazos, deseando que la operación de tu madre salga bien y aprovechemos esta situación para que escribas por primera vez la R y la M en el sobre que, contiene nuestros deseos de una pronta recuperación en la vista de tu madre. Al día siguiente dices:
- Mamá, Cuca, está hospital, papá trabajando.
- Te preocupas por mamá.- No me miras, pero escuchas y te digo:
- Cuando tú llegues a casa mamá estará allí, en casa, esperándote. Va a buscarte papá al autobús, pero ella estará bien, esperando a que llegues y le des un beso. Mamá está bien.
Buscas mi regazo, colocas tu cabeza, te tumbas y te acaricio el pelo, ese pelo tuyo castaño, suave, limpio, salpicado de rayos de sol y te relajas un rato, mientras los demás escriben en la pizarra y tú los contemplas, sereno, tranquilo aguardando tu turno.


Tu mirada limpia, tus ojos inocentes se reflejan en mi mirada y en ese instante con un clic inmortalizamos nuestras miradas hacia un mismo objetivo: un futuro digno, tranquilo y sincero.
Paredes desnudas, raídas, cortadas por velcros desparejados, colores tintineando, rodando por el suelo de sobre en sobre, de funda transparente a la opacidad del violeta, ¿violeta? Será jueves hoy, jueves, lunes en rojo, qué importa el día, ¿acaso significa algo distinto al de ayer? Ayer,… ayer miércoles tarjeta verde, y comemos sobre un naranja que va perdiendo su intensidad, a medida que pasan los platos, fotografías descoloridas, recortes de revistas, macarrones… levantar, pegar, elegir, colocar,… ¿estructurar?
Mantenerse erguida, en esta desnudez que se inunda y se cubre con el pudor del sol que se filtra por entre las rendijas de la persiana, construir con los trozos rotos de los papeles continuos un retablo para fugarse a través del títere, de la sombra larga que ellos generan, de las muecas sordas, entre los gritos y los alaridos con que nos contagian el nerviosismo, la carencia de limites. Fugarse, de este presente silencioso bañado por insultos repetitivos, ecolálicos, permaneciendo al margen, con la maleta medio vacía, sin instalarse del todo, para no perder el único horizonte posible: la marcha será pronto, esto no es más que una estación en este camino. Perfilas el margen, el borde, como una cuerda floja en la que transitas entre envestidas desmedidas, entre maltratos perpetuos, tratando de no caer en esa espiral de violencia, de desgarro y te equilibras tratando de mantener tu sensación de recién llegada, el frescor del que acaba de llegar y se sabe de paso, en tránsito. Cada día es mayor el deseo de irse, de partir, de no regresar, las rupturas son mayores, las fisuras son enormes, no hay orden predecible en el caos. ¿Cómo anticipar?  Otro cristal se rompe contra el suelo, lanzado desde el primer piso, otro golpe seco, sordo, ¿una silla, contra el suelo  o un cráneo?.

Patadas como banderas, bofetadas entre chavales preadolescentes, bofetadas sonoras y despidos inmediatos hacia la progenitora, ¿Cuál es el mensaje? ¿hay mensaje educativo? ¿cuál es la ley? ¿dónde está la justicia, la ecuanimidad?
Aprendemos todos y todas: el próximo puedes ser tú, puedes ser el sujeto de la próxima denuncia rodeada de villancicos y gritos del gordinflón de rojo y blanco que, deja cajas vacías en el hall de la entrada, bajo al abeto y a dos metros del Belén, donde Noé recibe su inyección de insulina, en el banco de la entrada y con el culo al aire balancea piernas y brazos, sobre el regazo de su  abuelo.

Voces

- ¿Qué edad tienen sus compañeros?.-  La edad aquí es una anécdota, no importa demasiado. El grupo es extraño, son tan distintos, tan divergentes, no hay puntos de conexión entre unos y otros, no hay ni un lenguaje común. O tal vez sí exista un lenguaje en el que se intercambian miedos, ansiedades, ascos, rabias, dolores, cansancios, abatimientos, desesperaciones, desarraigos, deseos, hambres, voracidades, rechazos, caricias, besos, miradas fugaces, brillos de esperanza, búsquedas de sentido ante lo inesperado, seguridades, confianzas, y algún que otro fluido.
La mirada huidiza de Iván se encuentra con la mirada hambrienta de Juan, y mientras uno recibe la dosis de caricias buscadas en el regazo cálido de la adulta, la adulta es abarcada por la espalda con un abrazo infinito de Christian y la fusión de tres almas se balancea unos segundos, ante la mirada de reojo de Iván, que pellizca a Christian, antes de salir, porque no acaba de recoger para poder irnos a comer. En la presencia de otro busca el instante preciso en que la mirada no está sobre él y corre, corre rampa abajo, desbocado, hasta colisionar con otra mirada y desandar las zancadas. El mundo está contento siempre, aunque estallemos de impotencia él nos califica como contentos, contentos, contentas, contentas,… quizás sea su forma de decirnos: sois felices, tenéis razones para serlo, tenéis salud, estáis vivas, podéis moveros con libertad, entender lo que ocurre alrededor, transformarlo, mientras yo no puedo, no sé, no sé como hacerlo, no tengo con qué hacerlo, me pierdo, no controlo, no regulo, y os abrazo y os beso cuando puedo sin medida, sin tabúes, sin frenos, para deciros: - os quiero mucho.- .
- “Mamá, mamá,”- todas somos mamá, mamá, la primera palabra que aprendió a emitir, de las cinco que tienen en su vocabulario oral, referentes para buscar la protección ante la agresión paranoide de un muchacho más corpulento. Escapa, mira y  corre a esconderse detrás, para mirar lo que ocurre delante de la barrera de protección de dos cuerpos adultos que él nombra: - “mamá, mamá”. -

LA PAZ

Fiesta en el calendario que hay que celebrar como acto institucional, palomas de papel, el blanco como bandera, el blanco del luto en muchos lugares, el blanco de las sábanas que protege a los familiares, en los cortejos fúnebres en oriente, del resto de la gente.
 El blanco como frontera, como los rostros de algunos que se dejaron pintar en la cara algún símbolo de paz,  los lunares blancos en la bata de María abrazando a Marta,  tratando de que mire lo que ocurre, que contemple como llevan el globo al centro y lo sueltan, captando la mirada de todos durante unos segundos. 
Y entre camisetas blancas busco a Cris que permanece cerca de los altavoces, sintiendo la vibración de la música en todo su cuerpo y buscando con la mirada el globo que se eleva, se va camino de las nubes y él trata de seguirlo, creyendo que se metió en el colegio, es en ese instante cuando sube las escaleras raudo, veloz, sin oposición y aprovecho otra melodía para que olvide su deseo de agarrar el globo y estallarlo, suplanto unos deseos con otras necesidades.
 No conseguimos la foto de grupo, pero tuvimos la fiesta en paz.






COTIDIANIDAD


El pajarito hace pío, pío, y Mario, en lo que dura un giro para abrir el armario, se baja los pantalones y defeca en la alfombra. Una deposición dura que la limpiadora retira al cabo de unos minutos. La mañana discurre y de nuevo como cada día a las 14:00, por la megafonía reclaman la presencia de Noé en la entrada.
¿Se irá a otro centro, a su casa?. Eso creía hasta que al bajar la escalera, en un banco de la entrada una madre sentada y sobre su regazo Noé, boca abajo, con el culo al aire, mientras ella inyecta en un glúteo la insulina que precisa.
¿Cómo es posible?. ¿Acaso no hay baños?. ¿Acaso no hay despachos, salas que están a esta hora vacías para poder mantener la dignidad?. ¿Cómo pueden decir que no desean hacerlo en otro lugar los familiares y el niño?.



De socorros y alertas



- ¿Pedir ayuda puede transformarse en una culpa que nos doblega? .
- No, no podemos sucumbir ante esta trampa, es la autosuficiencia, el orgullo mal entendido el que habla cuando te escucho decir: - Me siento muy mal, culpable por haber llamado al timbre y haber pedido ayuda, yo que nunca pedí ayuda en los años que llevo y ahora Paula está con dos puntos en la ceja, …- 

Pedir ayuda es lo único que nos salva de caer en el agujero negro sin posibilidad de salir a flote, pedir, pedir, gritar socorro, aunque no hablemos el mismo lenguaje, aunque la voz se la lleve el viento y la ahogue el hormigón de la institución. Cada día los agujeros que nos minan son más grandes si miramos a otro lado, cada día es más inestable el equilibrio que podemos mantener, cada día es un día más, o menos.

Más cansancio, más asco, más vulnerabilidad, más agresiones, más pánico, más pérdidas, más frío, más aislamientos, más oscuridad, más tensión, más cicatrices, y menos paciencia, menos esperanzas, menos fuerzas, menos alegrías, menos humanidad, menos compañerismo, menor sostén,  y un abismo profundo que nos condena a flotar, como islas entre mares de vómitos, arcadas, heridas lacerantes, sangre que corre por las baldosas, entre sudores fríos, y miradas gélidas, que no se detienen que, sobrevuelan a toda velocidad hacia otros horizontes, donde estar a salvo de esta realidad atrapada en una nómina.

Pidamos ayuda, toquemos timbre, gritemos, defendámonos, esquivemos, tratemos de evitar la llegada inminente de las carencias de una medicación sumada a  las consecuencias de una planificación poco eficaz,… y tratemos de habitar al menos dos o tres por isla, para no dejarnos caer en la deriva del absurdo, en el caos del autoritarismo que reina en los desórdenes emocionales. 


No hagas oídos sordos, mañana puedes ser tú, puedo ser yo el blanco de una agresión. 

SER MÁS ALTA NO SIRVE

SER MÁS ALTA NO SIRVE.

El brazo se extiende y los dedos agarran con firmeza, sin despertar sobresaltos, silenciando gemidos, aullidos, gritos de dolor que corren por las venas, las arterias y levantan color en las mejillas, al compás de una mano que se aferra a su muñeca, pero no suelta, no abre los dedos. Mientras desde unos centímetros más allá de la barandilla, las demás, nos percatamos del peligro, acudimos y le abrimos los dedos, alerta buscamos el otro brazo desde su espalda, suavemente invocando el ritmo de las nanas establecemos distancia, dejamos que recupere espacio vital y desde unos metros el relevo ve los cabellos como escarpias, aullando un desgarro que silencia el orgullo, la soberbia, o tal vez el miedo a mostrarse una vez más derrotada, vencida y apaleada. 
Algunas ponemos voz: - ¿Te duele? – La negación es la respuesta innata: -No.-
Pero el cuerpo manifiesta la intensidad de la caricia negativa, el pelo sigue enervado, no es capaz de llevarse ni siquiera la mano a la cabeza, no soporta ni un leve roce, sólo el viento frío que se cuela por entre los barrotes surca el cuero cabelludo.
Después en la intimidad llegarán las aspirinas, los antidepresivos y un viernes más salimos corriendo, tratando de no caer en el delirio.


domingo, 2 de febrero de 2014

MONEDA


:::::::::::::::::::::::Cara:::::::::::::::::

Eva come piedras.
Eva  caga piedras.
¿Quién controla a Eva?
Hay una circular avisando del suceso. Circular con acuse de recibo responsabilizándonos a todos/as para evitar que Eva coma piedras en el patio, firmada y sellada por la Dirección del centro.

:::::::::::::::::::::::::Cruz:::::::::::::::

Hechos son amores,… por los buenos tratos.
Amor, amor, amor en la diversidad.
Respeto en el horizonte.
 El esfuerzo no puede sustentar en solitario las relaciones amorosas








INTERIORES

INTERIORES

Emigrar, partir y dejar atrás la familia, un hijo que aún necesita mamar, cerrar los ojos y lanzarse al otro lado del océano, ¿acaso no es un acto de valentía? Escuchas al otro lado del teléfono que tu hijo tiene un retraso motor y luchas por conseguir más dinero, por  papeles para poder permanecer en un país en el que él podrá tener acceso a más recursos, a médicos, a un mayor número de posibilidades para él. Tu ancla en este otra orilla, está en esa esperanza, te asientas en ella, construyes otra vida,… ¡felicidades! Colombia es un recuerdo remoto, un lugar al que volverás de vacaciones, cada cierto tiempo para ver a tu padre, a tus hermanos, a tu madre, a tus sobrinos, a tus tíos,…

La emoción se asoma a tus ojos negros, brillan con una luz radiante, primaveral al escucharme reconocer tu valor, tu fuerza para luchar por tu hijo. Miras hacia el pasado y sabes que te queda mucho camino por delante, lleva tres años aquí contigo, hace seis que tú te viniste, y aún es pequeño, el tiempo pasa, sabes que necesita estimulación, quieres más cosas para él, más atención de una logopeda, más horas de musicoterapia, te vas a ir a enterar de un curso sobre psicomotricidad para estimularlo tú en casa, llega y le pones deberes, quieres que seamos duras con él, firmes, para que trabaje. Ya se acabó el tiempo en casa con la televisión puesta y la soledad a cuestas, encerrado sin otro niño cerca. Ahora tiene una hermana, Ana, con la que juega, y una madre que lucha por su primer hijo sin descanso, acudiendo a médicos, buscando diagnósticos, recursos. Mientras el fantasma de la culpa va deshaciéndose de las cadenas, y avanza nublando la mirada que trata de acoger para compensar.


Agresiones



16 de octubre 2008

Hoy ante mis ojos el brazo se extendió ágil, nervudo, acababa en garra que se cerró sobre la cabellera de una cuidadora y los gritos brotaron, a medida que su cuerpo se doblaba. Se quebró un límite, una frontera humana y al sentirse libre de las garras del capricho inconsciente se revolvió, y se lanzó a dar bofetadas: - ¡Toma, estoy harta de que me peguen, hasta los cojones de que me metan hostias, no me dan más hostias!.-  El silencio fue total, unos pasos hacia atrás sirvieron para volver al redil de la contención, de lo políticamente correcto y se fue a paso ligero, llorando, con el cuero cabelludo dolorido, y los cabellos arrancados se los llevo el viento cálido del sur.
Los nervios se desataron, frenéticos, en el cuartucho de cuidadores. Ataque de histeria, de nervios que fue diseccionado por un tranquimazin que alguien sacó de su pastillero, del bolsillo interior de su bolso de piel.
La hoja de los partes sucumbió como una hoja más, de este otoño para cubrir el suelo sobre el que patinamos todas, expuestas a ser la siguiente la víctima, una victima más invisible, muda y olvidada.

DE SOCORROS Y ALERTAS



- ¿Pedir ayuda puede transformarse en una culpa que nos doblega? .
- No, no podemos sucumbir ante esta trampa, es la autosuficiencia, el orgullo mal entendido el que habla cuando te escucho decir: - Me siento muy mal, culpable por haber llamado al timbre y haber pedido ayuda, yo que nunca pedí ayuda en los años que llevo y ahora Paula está con dos puntos en la ceja, …- 

Pedir ayuda es lo único que nos salva de caer en el agujero negro sin posibilidad de salir a flote, pedir, pedir, gritar socorro, aunque no hablemos el mismo lenguaje, aunque la voz se la lleve el viento y la ahogue el hormigón de la institución. Cada día los agujeros que nos minan son más grandes si miramos a otro lado, cada día es más inestable el equilibrio que podemos mantener, cada día es un día más, o menos.

Más cansancio, más asco, más vulnerabilidad, más agresiones, más pánico, más pérdidas, más frío, más aislamientos, más oscuridad, más tensión, más cicatrices, y menos paciencia, menos esperanzas, menos fuerzas, menos alegrías, menos humanidad, menos compañerismo, menor sostén,  y un abismo profundo que nos condena a flotar, como islas entre mares de vómitos, arcadas, heridas lacerantes, sangre que corre por las baldosas, entre sudores fríos, y miradas gélidas, que no se detienen que, sobrevuelan a toda velocidad hacia otros horizontes, donde estar a salvo de esta realidad atrapada en una nómina.

Pidamos ayuda, toquemos timbre, gritemos, defendámonos, esquivemos, tratemos de evitar la llegada inminente de las carencias de una medicación sumada a  las consecuencias de una planificación poco eficaz,… y tratemos de habitar al menos dos o tres por isla, para no dejarnos caer en la deriva del absurdo, en el caos del autoritarismo que reina en los desórdenes emocionales. 


No hagas oídos sordos, mañana puedes ser tú, puedo ser yo el blanco de una agresión. 

A RAS DE SUELO...



La música surca los laberintos sin salida y acabamos tendidos en el suelo, sobre el brazo, mirándonos a los ojos, navegando en esos ojos que a penas parpadean, que me miran entregados y esperan pacientes, relajados, tranquilos, a merced de lo que pueda dar. Y doy el penúltimo aliento, transformado en soplo que su cara recoge con placidez, para devolverme esa ligera caricia que me habla del viento, de susurros, de la brisa. Y entre soplo y soplo, en ese diálogo, recupero la fuerza para mirar detrás de sus insultos, de sus patadas y siento al niño indefenso, al bebé que no entiende pero siente, siente y percibe mi miedo, mi rabia,  mi ternura, mi paciencia,  mi cansancio,  y mi alegría. 
Otros pies corretean y se corta este diálogo en el que llegué a cerrar los ojos y confiar en que no me agredieran. Se levanta contrariado y al ver a los demás correr, se levanta. Ruido, ruido, mucho ruido, prisas, carreras, a las que se van sumando todos, incluso él, que con una sonrisa me mira al llegar al final del recorrido, a la pared.





La hora del baño

LA HORA DEL BAÑO

Los grifos cantan su música grave, profunda. Desde las profundidades de las cañerías ruge el dragón y llega hasta los aseos para dependientes de la primera planta, ruge, no sale más que esa voz quebrada, seca, y a Christian le gusta escuchar ese canto, permanece embelesado, escuchando esas voces crípticas en las que él encuentra mansedumbre, suavidad, caricia, escucha. Así aguardamos a que llegue la gana de orinar y se colocan los frascos de colonias, pastas de dientes, cepillos, bolsas con ropa interior, toallas,…
Mientras en clase la atención sigue en la letra p, en el puzzle, en la pinza para agarrar el lápiz con más fuerza y llegar a escribir el nombre propio, su nombre. “- ¿Aprenderán a leer? “– la duda flota en los aires que vienen del mar, desde otras orillas.

De regreso en la clase, llega la hora de volver a casa, el peine vuelve a recorrer los cabellos sudados, y devuelve la apariencia grata a unos rostros que, a veces ni se reconocen en el espejo y cuando ya estamos listos para salir, una mano busca el peine, no tiene casi cabellos que peinar, pero reclama su dosis de caricias, sus ojos negros sonríen. _”Es hora de irse a casa, con mamá. “- le digo mientras el peine rastrea su cabeza suavemente y le susurro:- “estás muy guapo”.

lunes, 27 de enero de 2014

Soles

SOLES

Soles de medianoche, con tres soles comparto mis mañanas, tres soles en apariencia frágiles, tres instantáneas en las que la piel blanca, morena, aceituna nos recuerda la diversidad de culturas, las pieles multicolores, los cabellos castaños, negros azabaches, rubios, tres modelos de belleza, tres infancias que representan tres latitudes, el norte de Europa, el sur de Europa, y la América indígena, la de los indios chibcha. Tres infancias que se encuentran al moverse y se rompen en el caos, en el desagüe en el que se precipitan estereotipias, cabezazos contra la pared, micciones descontroladas, llantos eternos, gritos, insultos, patadas, aullidos, ascensos a las alturas para tomar distancia de los movimientos descontrolados, agresivos, de la quietud de los comedores de hojas, los lanzadores de zapatos, y el superhéroe que encerrado en la etiqueta de algún desorden del desarrollo exhibe  orgulloso y amenazante en sus manos el botón, que hará estallar el mundo.
Emerge en el movimiento la quiebra con toda normalidad, con toda previsión, desaparece la certeza del control y el vaivén de lo imprevisible nos obliga a estar alerta permanente, a tratar de cubrirnos la espalda, alertamos de las carreras descontroladas con una voz, aprendemos a no gritar cuando nos pellizcan, y ante los gritos y los golpes al otro lado de la pared, ya no se abren puertas, ni para curiosear. Los recuerdos se agolpan, vuelven pero han perdido la fuerza de aquellos olores que perturbaban mi sueño y cerraban mi estómago.
- Estamos intactas, no nos han agredido hoy, estamos bien. No acabamos la jornada laboral en el hospital, hoy tenemos algo para celebrar, estamos vivas, nos movemos con autonomía. Cada día es una batalla ganada, el recuerdo de que cada día es un regalo de la vida, en el que se encuentran cosas hermosas también, como son la noticia de que una compañera no está en el hospital ya, tiene una contusión y una inflamación en las cervicales, pero al menos está en su casa, dolorida, magullada, con el susto en el cuerpo aún, pero podría ser peor.
Tres soles que me recuerdan cuando los miro sentados en sus pupitres aquellos versos de Benedetti: “Todos estamos rotos pero enteros, quizá más diezmados, pero más sabios.” Y ellos quizás sean el espejo en que me veo en el futuro con otros niños, en otros lugares.