miércoles, 5 de marzo de 2014

Preguntas

¿Qué hacemos el viernes en el taller?. – Encuentro imágenes de esa África que palpita bajo mi piel y de nuevo veo la posibilidad de abrir la ventana hacia el sur.
Ya no es bastante el retrato de Mario Benedetti en el armario como señal, para recordar en esos momentos en que pierdo el rumbo que, hay un mundo más allá de las cuatro paredes en las que estoy y que el mundo no empieza, ni acaba donde estoy. Quizás no me alcanza, porque al menos una vez al día me pregunto: ¿qué hago aquí? Y no encuentro una respuesta que me colme de sentido. Quizás se deba a que tras nueve años con ese retrato conmigo lo han pintarrajeado, dejándole los mostachos rojos, con una herida, como una señal indescifrable, de momento.
África, de nuevo, África con la música de Ismael Lo, esa voz melodiosa y a la vez profunda puede que nos dé la fuerza para seguir trabajando al ritmo de estos corazones que desean danzar, girar, gritar, cantar, romper la pureza del color y explorar entre los rojos y los amarillos los naranjas, los verdes,  transformar los azules en cielos estrellados, y comenzamos a pintar máscaras, a pintar macarrones con los que insertar las cuentas de los collares que lucir, en Carnaval, y nos expandimos al ritmo del tabal,  de la voz de Mariam Hassan, Cesarea Evora, … y así encontramos esa Dibi dibirek como himno de nuestra alegría, de nuestras ganas de vivir y de seguir riendo, trabajando con el apoyo de la vecina, con la que compartimos el día a día.
La tribu fue necesitando chozas, y un baobab para contar sus historias, a su sombra los cuentos que nos ayudan a seguir creciendo, y entre cafés y pinturas tejemos una red que nos protege si caemos del alambre sobre el que, cada día, realizamos nuestras piruetas en solitario.
Ahora ya no estamos solas, estamos una al lado de la otra, juntas, compartiendo actividades en diversos espacios, tratando se dar sentido al hacer diario, dentro de una rutina fotográfica, de la que extraemos risas, lágrimas, cafés, resoplidos, combatimos la furia, y nos sentimos cada vez más acogidas, más amparadas, más protegidas, más fuertes, más apoyadas la una en la otra,  y viceversa.  El circulo se cierra, mis niños y sus niños, nuestros niños, compartimos el tiempo, trazamos proyectos en el aparcamiento, a la salida,… y nuestras clases son una, ellos lo saben, lo sienten así y cuando alguno se despista nos busca en mi clase, aunque no tenga mi foto en la puerta, ellos saben cuál es, dónde está y tras el recreo vienen a comer el pincho todos juntos, al compás de una melodía africana, portuguesa,…
-¿Qué hacemos después de África, Encarna?.-  Me pides que siga creando, necesitas que siga proponiendo cosas que nos ayuden a crear un bienestar propio que se contagie, y sigo pensando, abierta a lo que me rodea.  Necesito daros una respuesta,  porque esa es mi respuesta a la pregunta implacable que me hago: - ¿Qué hago aquí? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué sentido tiene estar aquí?.-  Cuando empezamos con este teatro adaptado a la dificultad de coordinación, de seguir órdenes, empecé a encontrar sentido, cierta luz, para ahuyentar fantasmas, miedos, bloqueos, y al seguir con esta exposición de África, la llama pasó de ser la tenue luz de la cerilla a hoguera, hoguera de San Juan. 

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